Publicado: 07.10.2026 / redpres.com
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La petrolera con sede en Santa Bárbara, California, asumió el control operativo de los yacimientos en el tercer trimestre de 2026 y ya mueve 80 millones de dólares en equipos y contratistas locales.
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Pacific Coast Energy Company (PCEC), con sede corporativa en el condado de Santa Bárbara, California, hizo oficial este miércoles la materialización de sus acuerdos estratégicos con la estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), a través de los cuales quedó a cargo de la revitalización y explotación de los campos maduros ubicados en los bloques Delta (estado Monagas) y Cabimas (estado Zulia).
Según el anuncio difundido
El despliegue ya está en marcha. Hasta ahora, la compañía ha comprometido 80 millones de dólares para adquirir equipos críticos que hacía años no llegaban a estas zonas: cuatro torres de perforación —antes no había ninguna activa— para arrancar un programa de reactivación de 900 pozos en Cabimas, y una campaña de cambio de 37 bombas electrosumergibles en Delta, cuya primera unidad fue entregada en menos de 30 días tras el inicio de las operaciones, algo que no ocurría en ese bloque desde hacía ocho años. El esfuerzo ya dio frutos: más de 50 pozos que permanecían cerrados volvieron a fluir.
El impulso también se siente en la economía local. El proyecto ha generado vínculos con 18 proveedores de materiales y 35 de servicios en la zona, además de dar empleo a más de 1.000 trabajadores residentes.
Las labores se enmarcan en los Contratos de Participación Productiva (CPPs), figura que le otorga a PCEC el control pleno de las operaciones —técnica, financiera y comercial— mientras busca elevar el factor de recuperación promedio de los campos del 13 % actual a un rango de entre 16 % y 18 %. De lograrlo, la producción bruta acumulada estimada alcanzaría la cifra récord de 1.000 millones de barriles, dejando aún potencial por capturar.
El ejecutivo principal de la empresa salió a celebrar los primeros resultados: "El compromiso inicial de PCEC con el capital, la experiencia gerencial y la pericia técnica para la reactivación de estos yacimientos de crudo pesado ya está produciendo resultados que superan las expectativas. El talentoso personal local que hemos incorporado, respaldado por equipos modernos y nuestra experiencia en la extracción de crudo pesado, está comenzando a rehabilitar campos energéticos inactivos durante mucho tiempo en Delta y Cabimas. Agradecemos al equipo de PDVSA su colaboración y nos entusiasma contribuir a la recuperación económica de Venezuela".
PCEC no es un gigante petrolero. Se trata de un productor independiente de California con más de 30 años de experiencia en crudos pesados, que a mediados de año estaba en las fases finales de negociación con PDVSA y que, según reportó entonces Hart Energy, había recaudado un total de 800 millones de dólares entre capital y deuda para financiar sus planes en el país sudamericano. Su llegada se inscribe en una ola de operadores occidentales que han vuelto a mirar a Venezuela tras el cambio político impulsado desde Washington.
Y el contexto nacional ayuda a entender el atractivo del negocio. La producción venezolana superó el millón de barriles diarios en abril de 2026 por primera vez en más de siete años —1,031 millones BPD según fuentes secundarias de la OPEP—, tras tocar mínimos de unos 350.000 barriles en 2020. Aun así, el país con las mayores reservas probadas del mundo sigue muy lejos de su histórico récord de 3,7 millones de barriles diarios alcanzado en 1970.
La apuesta de PCEC es arriesgada desde el punto de vista de ingeniería. Los campos venezolanos son, en su gran mayoría, activos muy maduros: un estudio de Energy Policy Research Foundation (EPRINC) estima que los 100 principales yacimientos tradicionales del país acumulan un factor de recuperación promedio de apenas un 15 %, con más del 85 % del petróleo original descubierto aún bajo tierra. La consultora Rystad Energy calcula, por su parte, que Venezuela necesitaría unos 183.000 millones de dólares de inversión acumulada entre 2026 y 2040 para volver a los 3 millones de barriles diarios, de los cuales al menos 65.000 millones irían solo a reparar infraestructura envejecida.
En ese escenario, los contratos de Delta y Cabimas —con sus pozos dormidos y su infraestructura heredada de hace un siglo, en una región donde Shell perforó sus primeros pozos a finales de los años diez— representan una prueba de fuego tanto para la recuperación petrolera venezolana como para el modelo de contratación flexible que Caracas viene ofreciendo a capitales extranjeros. La respuesta llegará en seis meses, cuando se compruebe si la promesa de duplicar la producción se cumple.
*Nota: La cita textual corresponde a Klaus Hasbo, CEO de PCEC, en el comunicado oficial difundido vía Business Wire. Los datos complementarios provienen de fuentes públicas verificables: Hart Energy, Venezuela Analysis (cifra OPEP de abril 2026), Rystad Energy y EPRINC.
La compañía estadounidense(PCEC), con sede corporativa en el condado de Santa Bárbara, California, hizo oficial este miércoles la materialización de sus acuerdos estratégicos con la estatal Petróleos de Venezuela, S.A. (PDVSA), a través de los cuales quedó a cargo de la revitalización y explotación de los campos maduros ubicados en los bloques Delta (estado Monagas) y Cabimas (estado Zulia).Según elpor la firma, el desembolso comprometido a lo largo de toda la vida de los contratos asciende a 3.500 millones de dólares. PCEC tomó las operaciones de los activos durante el tercer trimestre de 2026, y su primera gran apuesta consiste en duplicar la producción actual —19.300 barriles diarios— hasta llegar a 40.000 BPD en apenas seis meses. La meta ambiciosa, sin embargo, queda en otra liga: un pico sostenido de entre 150.000 y 160.000 barriles diarios por más de una década.El despliegue ya está en marcha. Hasta ahora, la compañía ha comprometido 80 millones de dólares para adquirir equipos críticos que hacía años no llegaban a estas zonas: cuatro torres de perforación —antes no había ninguna activa— para arrancar un programa de reactivación de 900 pozos en Cabimas, y una campaña de cambio de 37 bombas electrosumergibles en Delta, cuya primera unidad fue entregada en menos de 30 días tras el inicio de las operaciones, algo que no ocurría en ese bloque desde hacía ocho años. El esfuerzo ya dio frutos: más de 50 pozos que permanecían cerrados volvieron a fluir.El impulso también se siente en la economía local. El proyecto ha generado vínculos con 18 proveedores de materiales y 35 de servicios en la zona, además de dar empleo a más de 1.000 trabajadores residentes.Las labores se enmarcan en los Contratos de Participación Productiva (CPPs), figura que le otorga a PCEC el control pleno de las operaciones —técnica, financiera y comercial— mientras busca elevar el factor de recuperación promedio de los campos del 13 % actual a un rango de entre 16 % y 18 %. De lograrlo, la producción bruta acumulada estimada alcanzaría la cifra récord de 1.000 millones de barriles, dejando aún potencial por capturar.El ejecutivo principal de la empresa salió a celebrar los primeros resultados: "El compromiso inicial de PCEC con el capital, la experiencia gerencial y la pericia técnica para la reactivación de estos yacimientos de crudo pesado ya está produciendo resultados que superan las expectativas. El talentoso personal local que hemos incorporado, respaldado por equipos modernos y nuestra experiencia en la extracción de crudo pesado, está comenzando a rehabilitar campos energéticos inactivos durante mucho tiempo en Delta y Cabimas. Agradecemos al equipo de PDVSA su colaboración y nos entusiasma contribuir a la recuperación económica de Venezuela".PCEC no es un gigante petrolero. Se trata de un productor independiente de California con más de 30 años de experiencia en crudos pesados, que a mediados de año estaba en las fases finales de negociación con PDVSA y que, según reportó entonces Hart Energy, había recaudado un total de 800 millones de dólares entre capital y deuda para financiar sus planes en el país sudamericano. Su llegada se inscribe en una ola de operadores occidentales que han vuelto a mirar a Venezuela tras el cambio político impulsado desde Washington.Y el contexto nacional ayuda a entender el atractivo del negocio. La producción venezolana superó el millón de barriles diarios en abril de 2026 por primera vez en más de siete años —1,031 millones BPD según fuentes secundarias de la OPEP—, tras tocar mínimos de unos 350.000 barriles en 2020. Aun así, el país con las mayores reservas probadas del mundo sigue muy lejos de su histórico récord de 3,7 millones de barriles diarios alcanzado en 1970.La apuesta de PCEC es arriesgada desde el punto de vista de ingeniería. Los campos venezolanos son, en su gran mayoría, activos muy maduros: un estudio de Energy Policy Research Foundation (EPRINC) estima que los 100 principales yacimientos tradicionales del país acumulan un factor de recuperación promedio de apenas un 15 %, con más del 85 % del petróleo original descubierto aún bajo tierra. La consultora Rystad Energy calcula, por su parte, que Venezuela necesitaría unos 183.000 millones de dólares de inversión acumulada entre 2026 y 2040 para volver a los 3 millones de barriles diarios, de los cuales al menos 65.000 millones irían solo a reparar infraestructura envejecida.En ese escenario, los contratos de Delta y Cabimas —con sus pozos dormidos y su infraestructura heredada de hace un siglo, en una región donde Shell perforó sus primeros pozos a finales de los años diez— representan una prueba de fuego tanto para la recuperación petrolera venezolana como para el modelo de contratación flexible que Caracas viene ofreciendo a capitales extranjeros. La respuesta llegará en seis meses, cuando se compruebe si la promesa de duplicar la producción se cumple.
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