Quienes somos aficionados al futbol, amamos la pelota y al juego en su concepto más puro, tenemos algo de niños.
Sobredimensionamos logros deportivos, creamos ídolos y leyendas que nos sacuden las emociones, muchas veces por encima de la razón.
Independientemente de afinidades o no, con temas como la nacionalidad o incluso la distancia geográfica asumimos como propias sus éxitos, sus triunfos, derrotas y desazones.
Así podría definir desde una perspectiva 'simple', el reconocimiento e idolatría que suele provocar Lionel Messi.
Ahora si potencializamos lo anterior y lo empatamos con lo relacionado con el lugar de nacimiento, las características y circunstancias cotidianas de ese país, entiéndase Argentina, pues entendemos entonces las imágenes vividas este martes durante la despedida de Messi de la selección albiceleste.
Más allá de los números que son inigualables, los éxitos que fueron rotundos, los goles y trofeos, la memoria social que escribe la presencia de Messi en su país natal y gran parte del mundo, no tiene comparación.
Este mensaje de que 'quien más ganó, fue también de lo que más perdió'. Una vulnerabilidad cíclica que siempre vino acompañada de una revancha. De un mejor momento. Una segunda chance
Messi perdió más finales de las que ganó. Salió de una cancha, muchas veces llorando de alegría, otras veces con dolor, pero siempre con el atenuante moral del deber cumplido. Con Lionel nunca fue negociable el asunto de la última gota de sudor, del último suspiro.
Nunca creí en aquella tesis de 'solo es talento heredado de Dios'. Esa virtud, presente en todo momento siempre fue acompañada por un gran deseo de pelear por conseguir algo. Así fue desde que era un pequeñito que competía en gran desventaja física.
Referirme a 'ayudas' y un guion escrito desde el poder para que resultara esta carrera de ensueño me resulta tan inoportuna como de muy poco valor para la discusión. Mil disculpas.
Si esta grandeza, cuestionada por muchos por estos rumbos, la perfilamos hacia los números, también la realidad golpea de frente a los detractores. La inmensa mayoría de parámetros estadísticos que nos puede ofrecer el futbol lo colocan en la silla máxima del olimpo.
Los argumentos 'morales' si los quieren considerar también suman. Es grato homenajear a una gloria de las canchas, a quien fuera de ellas no se le conocen escándalos, delitos o frivolidades excesivas.
En la carrera que en algún momento pudo haber sido parejera por ser 'el mejor', Lionel Messi, ganó. El sabio tiempo irá borrando paulatinamente los cuestionamientos.
Si tus fobias o prejuicios te han impedido a lo largo del tiempo, por lo menos reconocer su tamaño, pues, permíteme decirte que te has perdido de una gran historia.
Por César Martínez Díaz
EEZ
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