Los grandes desastres petroleros suelen ocupar titulares durante semanas, pero la mayor parte de la contaminación marina por hidrocarburos pasa mucho más desapercibida. Pequeños vertidos, descargas repetidas y fugas constantes generan manchas que se extienden por enormes superficies sin provocar necesariamente una emergencia internacional.
Un nuevo análisis basado en observaciones por satélite intenta poner cifras a ese problema y dibuja un panorama especialmente preocupante: cada año, las manchas de petróleo cubrirían aproximadamente 1,58 millones de kilómetros cuadrados de los océanos del planeta.
El análisis fue elaborado por SkyTruth utilizando datos recopilados entre 2023 y 2025 mediante su sistema de vigilancia Cerulean.
Entre las manchas cuyo origen probable pudo determinarse, aproximadamente el 81% estaba relacionado con embarcaciones. Los petroleros y los buques de carga aparecen con especial frecuencia, mientras que las instalaciones de extracción de petróleo y gas situadas mar adentro representan cerca del 18% de los casos identificados.
El problema, por tanto, no se concentra únicamente en grandes accidentes. Parte de la contaminación procede de episodios más pequeños pero reiterados, que pueden pasar inadvertidos si no existe vigilancia constante.
Uno de los resultados más llamativos es que más del 90% de la contaminación estimada se concentra dentro de aguas bajo jurisdicción nacional.
Las mayores concentraciones aparecen en áreas con intenso tráfico marítimo y actividad petrolera. Entre las zonas más afectadas destacan el Mediterráneo, el mar Negro, el mar Rojo y el golfo Pérsico, además de sectores próximos a África occidental e Indonesia.
Eso convierte también a Europa en uno de los grandes focos de atención del nuevo mapa.
El análisis permitió incluso identificar posibles contaminadores recurrentes.
Los investigadores detectaron 16 barcos que aparecían repetidamente próximos a manchas de petróleo. Tres de ellos —un carguero con bandera de Palaos, un petrolero ruso y otro indonesio— estaban asociados a manchas en más de una de cada cinco imágenes disponibles.
También se observaron patrones similares alrededor de algunas instalaciones petroleras.
En una plataforma situada frente a Indonesia, las manchas aparecían en casi el 29% de las imágenes analizadas, mientras que otra instalación frente a Nigeria registraba contaminación visible en aproximadamente el 24%.
La contaminación también alcanza espacios considerados especialmente sensibles.
Aunque aproximadamente tres cuartas partes de las áreas marinas protegidas mostraron menos manchas que las aguas situadas a su alrededor, los satélites detectaron hidrocarburos dentro de ecosistemas vulnerables.
Entre ellos se encuentra el hábitat de la ballena de Rice, una especie en peligro crítico que vive en el golfo de México. Además, los investigadores advierten que las cifras podrían seguir siendo conservadoras porque la cobertura satelital es mucho menor en algunas zonas de alta mar.
El tráfico marítimo cotidiano no es la única fuente de contaminación.
Los conflictos armados pueden provocar vertidos importantes cuando petroleros, puertos o infraestructuras energéticas resultan dañados. A esto se suman accidentes como encallamientos, hundimientos y colisiones.
Existe además una amenaza mucho más antigua bajo el agua.
Se calcula que alrededor de 8.500 pecios potencialmente contaminantes, muchos de ellos correspondientes a las dos guerras mundiales, permanecen en el fondo oceánico. A medida que sus estructuras se corroen, algunos pueden comenzar a liberar el combustible que todavía almacenan.
El nuevo mapa de SkyTruth muestra así un problema mucho más cotidiano de lo que sugieren los grandes desastres petroleros: buena parte de la contaminación marina ocurre de manera silenciosa, repetida y suficientemente dispersa como para permanecer fuera de la vista, salvo cuando un satélite consigue detectarla.
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