A solo 13 meses de las elecciones presidenciales (poco tiempo y a la vez una eternidad), no pueden descartarse las hipótesis más contrastantes, contradictorias y aun absurdas
'En síntesis, me estás diciendo que puede pasar cualquier cosa: que gane Milei en primera vuelta, en segunda, que no se presente y otro candidato promercado tome la posta, que vuelva el peronismo y hasta que la izquierda haga una excelente elección', resume la experimentada corresponsal extranjera luego de entrevistar a varios precandidatos y frustrarse con este analista que le planteó los escenarios más diversos. Es que a solo 13 meses de las elecciones presidenciales (según nuestros peculiares parámetros, poco tiempo y a la vez, una eternidad) no pueden descartarse las hipótesis más contrastantes, contradictorias y hasta absurdas.
¿Podría darse una dinámica de fragmentación similar a los comicios de 2003? Sin duda, con el espacio de centroderecha con candidatos como el propio Milei, Victoria Villarruel y alguien que represente lo que fue JxC (mediante una primaria o fruto de un acuerdo), más un peronismo dividido en dos o tres facciones (¿Kicillof, Massa y algún gobernador o referente del interior?) y la izquierda trotskista. ¿Podríamos ir a un escenario similar al de 2007? También suena factible, si el oficialismo gana en primera vuelta (superando el 45% o alcanzando el umbral del 40% y con 10% o más de diferencia respecto del segundo más votado) y con una oferta opositora dividida en al menos dos fórmulas con cierto volumen. Eso pudo haber ocurrido en 2015 y 2023, aunque en esos casos, los más votados (Scioli y Massa, respectivamente) estuvieron a pocos puntos de lograr superar ese mínimo que requiere la Constitución (lo que habla muy bien de la transparencia de los procesos electorales en nuestro país, sobre todo de la Justicia, pues dichos comicios los administraban los oficialismos de turno: en un contexto en el que verifica un deterioro tan significativo de las instituciones, la resiliencia del sistema electoral es casi un milagro). ¿Es inviable un triunfo contundente del oficialismo, como en las elecciones de 2011? No parece el escenario más factible, pero si la oposición se fragmenta en varias candidaturas y los dirigentes potencialmente más competitivos prefieren preservarse para 2031 (como ocurrió en aquel año con Mauricio Macri), Milei podría sorprender como lo hizo su admirado Carlos Menem en 1995.
En efecto, uno de los emergentes que caracteriza el actual escenario es un notable grado de desgaste de las ideas y políticas que dominan la conversación pública. Por un lado, el Gobierno insiste con un plan económico que, a pesar de sus logros iniciales, está muy lejos de alcanzar el objetivo de reducir la inflación a un dígito (mucho más, de eliminarla) como había prometido, con marcada imprudencia, el propio Milei. Más aún, a pesar del RIGI, la inversión está en mínimos históricos y continúa el deterioro en el mercado de trabajo. Eso generó una erosión de su figura y en la credibilidad de su gobierno, que cuenta aún con entre un 30% y un 40% de apoyo, lo cual, en principio, lo torna competitivo de cara al año próximo. La fatiga respecto del programa económico es más que evidente, pero Milei se las arregla, mérito no menor, para seguir siendo el candidato a vencer.
El desgaste también involucra a las principales fuerzas y referentes de la oposición, que no logran capitalizar los serios problemas y limitaciones que enfrenta el oficialismo. Sorprende, en este sentido, la ausencia de propuestas y narrativas superadoras, alternativas, creativas y creíbles. 'No me pregunten por instrumentos, sino por objetivos', respondió el gobernador de Buenos Aires a un inversor el martes pasado en Nueva York, ante la pregunta de qué haría si fuera presidente. No le va a resultar sencillo reconstruir su pésima reputación en los mercados si continúa con esas evasivas, a pesar de que haya cumplido religiosamente los servicios de la deuda provincial (luego de restructurarla en 2020) y de que, en su momento, le haya pagado con exceso de generosidad tanto a Repsol por la nacionalización de YPF como al Club de París por la deuda impaga. Hernán Lacunza sugirió un matiz un poco más osado (un RIGI para la construcción para generar empleo en los grandes centros urbanos, salir del cepo para promover la inversión), pero sin la contundencia ni la capacidad de seducción para diferenciarse de la oferta libertaria. Dos tercios del país están esperando un programa de gobierno original y factible: ¿será algún outsider el que llene semejante vacío?
Un importante empresario confesó entre colegas: 'Dadas las circunstancias, me preparo para lo peor'
El segundo concepto que caracteriza a esta coyuntura es la desconfianza. Se trata de un fenómeno de 360° que abarca consumidores, inversores, ahorristas, políticos (que desconfían entre sí) y hasta al propio gabinete. 'Y el episodio de Olivos implicó una fuerte pelea entre los hermanos [Milei]', aseguró una fuente con oficina en la Casa Rosada, en relación con el despido del personal civil y su reemplazo por la Casa Militar. 'Esperemos que el coronel Tereso encuentre un sustituto para cocinarle buenas milanesas', comentaba jocoso un exfuncionario. Un importante empresario confesó entre colegas: 'Dadas las circunstancias, me preparo para lo peor: cepo, controles de precios, SIRA, etcétera. Kirchnerismo reloaded. No nos pueden agarrar desprevenidos de nuevo… no es esperar y ver, es más vale prevenir que curar'. Semejantes niveles de desconfianza generalizada explican el adelantamiento de la dolarización de carteras y las maniobras de cobertura ante una nueva corrida cambiaria. 'Calculamos una demanda adicional de unos 7000 millones de dólares para el próximo año', confesó un miembro del equipo económico. Esto significa algo menos de los 40.000 demandados el año pasado. En este contexto, Máximo Kirchner se encargó de echarle más leña al fuego: presentó un proyecto para cobrar un impuesto del 3% a toda transferencia de capitales al exterior. No hay que ser demasiado paranoico para conjeturar las hipótesis más pesimistas.
El tercer concepto que distingue al actual escenario es la descoordinación, también muy extendida en el sistema político. Subproducto de la desconfianza, es un común denominador que se verifica en la 'mesa política' del Gobierno, al interior de los principales partidos políticos, entre los líderes sindicales y empresariales y en las apagadas organizaciones de la sociedad civil. Los gobernadores no se ponen de acuerdo en definir una agenda común, lo que facilita la construcción de gobernabilidad a una administración que profundiza el ajuste. Los intendentes de la provincia de Buenos Aires, comenzando con los del conurbano, tampoco logran consensuar la forma más razonable de revertir la limitación a las reelecciones indefinidas, mucho menos una fórmula común para la gobernación. Así, la dinámica de fragmentación (por problemas personales, pujas de intereses y visiones contrapuestas sobre los temas más elementales) explica y alimenta este gravísimo problema, con su consecuente impacto en términos de costos de transacción.
Como corolario, el desconcierto. Frente a la ausencia de consensos sobre un plan estratégico de desarrollo que defina un conjunto básico de políticas de Estado que perduren al margen de los cambios de gobierno, todo parece posible. Los escenarios más contrapuestos tienen algún viso de verosimilitud. El país sigue a la deriva, esperando que la próxima elección exponga las preferencias circunstanciales de la sociedad, resignado incluso al riesgo de experimentar un comportamiento pendular que revierta lo poco bueno logrado en estos últimos 33 meses y nos vuelva a sumergir en un ciclo autodestructivo. O que, por el contrario, se ratifique la apuesta a las políticas que propone el Gobierno, que probablemente confundirá ese éxito con un mandato para evitar autocríticas y reconocer errores. Un clásico argentino: suponer que uno es la gran solución cuando es parte del problema.
Sergio Berensztein
Fuente: https://www.lanacion.com.ar/opinion/las-cuatro-d-que-definen-el-escenario-politico-desgaste-desconfianza-descoordinacion-y-desconcierto-nid25092026/
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