Regresamos de París, donde cada dos años se celebra la sesión del CIGRE, el Consejo Internacional de Grandes Redes Eléctricas, probablemente el encuentro técnico más importante del mundo en materia de sistemas eléctricos.
Este año reunió a más de 15,000 participantes de la industria, provenientes de más de 90 países.
Y París permitió confirmar algo que ya se venía percibiendo: el mundo de la energía ha dado un giro importante.
Primero, geográfico. La presencia de proveedores asiáticos es cada vez mayor y más sofisticada. China, India, Corea y otros países de la región han dejado de ser únicamente fabricantes de bajo costo para convertirse en desarrolladores de tecnología y competidores de primer nivel.
Segundo, cambiaron las prioridades. El cambio climático, que dominó buena parte de la conversación energética durante años, cedió espacio a una preocupación mucho más inmediata: ¿de dónde obtendremos toda la electricidad que requerirán los centros de datos y la inteligencia artificial?
Las respuestas estaban por todas partes: nuevas líneas de transmisión, particularmente en corriente directa; almacenamiento de energía; sistemas grid-forming y una verdadera explosión de la electrónica de potencia. STATCOM, HVDC, baterías y convertidores dejaron de ser tecnologías de nicho para convertirse en piezas centrales de las redes eléctricas del futuro.
Mientras tanto, México corre el riesgo de quedarse rezagado. Discutimos todavía cómo resolver necesidades de infraestructura que otros países ya están abordando pensando en la siguiente década.
Dentro de ese panorama hubo, sin embargo, una noticia que merece destacarse con orgullo: el ingeniero mexicano Pablo Realpozo fue elegido como uno de los 18 integrantes del comité ejecutivo internacional del CIGRE.
Una individualidad mexicana en la mesa donde se discute el futuro de las grandes redes eléctricas del mundo.
Ojalá pronto podamos decir lo mismo de nuestro sistema eléctrico.
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