Y después de tanto andar, estar en el mismo lugar, la idea que a muchos identificó al escucharla por primera vez en una canción, en la música y voz de Soda Stereo (Dynamo, 1992), parece volver a tener resonancia en estos días de algoritmo, que 'ha perfeccionado el verticalismo', pero carece de la originalidad que se le atribuye según certifica en declaraciones y música Alfonso Barbieri. Acaso no casualmente formado artística y sentimentalmente por aquellos años. 'El algoritmo siempre existió: lo que han hecho es perfeccionarlo ahora de una manera absolutamente nazi, de imponer de una forma invisible. Hace décadas que recaudan nuestra información, y nosotros se las damos. No por nada las cosas están como están. No por nada se eligen a los ídolos que se eligen. Y ni hablar a las personas de menor edad: lo que hay que escuchar, lo que hay que ver, lo que hay que opinar, y sobre todo lo que hay que votar.»
«El algoritmo está diseñado para que este mundo sea el presente que tiene, es una mierda -agrega para que quede bien claro-. Está pensado desde hace años, y no estoy hablando de teorías conspiranoicas. Justamente, una de las características es que el mecanismo es completamente invisible e influyente, pero no tiene ningún reparo en mostrarse perverso, hijo de puta y manipulador». Y si bien no clama por antídoto alguno -incluido el arte, que lo tiene sin cesar pergeñando cosas-, sostiene que el tema no pasa por la resistencia. «Creo que son tiempos nublados, sí creo que son tiempos de mierda y sí creo que hay que bailarle a eso. No resistir, enfrentarlo.» De ahí el Nubosidad bailable que da título a su último trabajo recién lanzado y próximo a presentar. 'Viene de nubosidad variable, pero con el chiste con bailable: justamente por el movimiento que genera y las distintas opciones de baile.' El baile como posición de los cuerpos en igualdad de condiciones y expresión, como iguales frente a las opciones de cómo ver e interpretar los sonidos. 'No creo en los verticalismos, para mí la cosa es horizontal. Y justamente todos mis maestros y toda la gente que me ha influido, y toda la gente que considero inteligente para ver el mundo, es horizontal. Ve a sus contemporáneos, no hay jerarquías. No hay una gran obra, eso es una construcción.» E ilustra. «(Edvard) Munch jamás se enteró de que su grito era una gran obra. Esa fue una construcción posterior. Igual que Van Gogh. Qué sé yo, hijos de remil puta, no le daban bola porque estaba del tomate el chabón».
Barbieri presenta Nubosidad bailable, un disco guiado por el charango.
Saberes formativos para sostener sus afirmaciones le sobran: su infancia estuvo marcada por el trabajo de sus padres haciendo el relevamiento del patrimonio artístico nacional provincia por provincia, lo llevó a vivir en Salta, Jujuy, Corrientes y Córdoba; hizo su primera muestra propia a los 14, 'lleno de vergüenza'. «A mí me fascinó eso. Empecé a tocar el acordeón porque en Corrientes escuchaba gente tocando acordeón; me regalaron un charango de los años 60 en el año 86, que fue el que rescaté y mandé a restaurar porque estaba un poco baqueteado y empecé a grabar el disco con eso.' Es el que muestra pegado a su cuerpo en el arte de tapa de Nubosidad bailable: tiene un mascarón de diablada y se convirtió en la columna vertebral sonora del proyecto. «Empecé a grabar todas las bases con el charango. Si escuchás, entre las guitarras eléctricas y los pianos, son todos charangos, o sea, las respuestas que las deberían hacer dentro de la lógica de la música estándar, o rockera, o no sé cómo quieras llamarlo, las guitarras acústicas en este caso lo hacen los charangos.»
El hallazgo fue un imán para su productor Aníbal Kerpel -que entre otros produjo Re, de Café Tacvba, uno de los discos que le 'partieron la cabeza' a Barbieri en 1994 (los otros fueron La Hija de la Lágrima y el Unplugged de Nirvana). «Estar con quien produjo ese disco, laburando un disco como este, estando en Hollywood, recorriendo los lugares: no hay un lugar que no hayas visto en una película, como muy raro, por otro lado, viendo gente hecha mierda con fentanilo.»
El músico lanzó su nuevo disco producido junto al reconocido Aníbal Kerpel.
Y todo surgido, casi explotado, como reacción a lo que había dicho el diputado Miguel Pichetto. «El disparador fue su declaración absolutamente desagradable y bruta, diciendo que el folklore del norte argentino no es argentino, el único folklore es el pampeano y que eso no es folklore argentino.» Sin embargo no fue la inquina la que estructuró el disco. 'Siempre tengo el título como columna vertebral. Y después se va generando el sistema nervioso. En el caso de los discos, título y tapa. Necesito resolver, pero no por una cuestión de ansiedad, porque me planteo a mí mismo, y esto tiene relación con la música y la pintura. Necesito bocetar, por lo menos el boceto de lo que quiero plantear en la tapa y en el título para después plantear el disco. Eso me pasa siempre.»
Así que una vez que lo tuvo, la bronca por aquella sentencia del legislador se diluyó entre acordes y melodías y se constituyó en disco compacto, homogéneo, con sentido recorriendo, precisamente, muchas más músicas que las del norte. Una mixtura bien argenta, podría decirse.
«Uff, has dado en un lugar un poco fuerte -dice conmovido cuando se le pregunta si extraña a Palo Pandolfo-. Sí, claro que lo extraño, lo recontra extraño. No soy creyente, pero a veces miro para arriba y hablo con tres personas: con mi mamá, con mi hermana mayor y con Pablo, son personas de gran ayuda. Yo sé que es psicomagia total, perdón que me quiebro un poquito, pero algo se conecta ahí.» Y de inmediato cuenta de su papá, que tuvo un ACV el año pasado. 'Dejé de tener las charlas y las conexiones que siempre tenía. Y bueno, sí, encuentro ayuda en ellos y fuerza para ir a visitarlo a mi viejo, ahí donde está, y sacarlo a tomar un café. Si bien ya no es como era antes de mostrarle un disco, mostrarle la nueva serie de pinturas, o mostrarle los kimonos que hacemos con mi pareja Sofía. Lo recontra extraño a Palo. Era un compañerazo, un gran amigo. Y de hecho estas cosas que hablamos acá las compartíamos mucho, porque no es nuevo, no empezó con Milei. Venía todo medio haciéndose mierda.'
Nubosidad bailable, de Alfonso Barbieri
Alfonso Barbieri: piano, charango, guitarras acústicas, guitarras eléctricas, sintetizadores, programaciones, theremin, vibráfono, funmachine, acordeones, bajo, batería, percusión, stylophone, collages sonoros, voz y coros. Presentación sábado 12 de septiembre en Rossetti, en Gallo 764.
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