Aproximadamente el 30 % de los adultos en todo el mundo llegan a padecer la enfermedad del hígado graso no alcohólico, según datos del Estudio Global de Enfermedad (GBD) realizado por el Institute for Health Metrics and Evaluation (IHME), que indica que las tasas de esta condición han aumentado en los últimos años y, si no se trata a tiempo, desencadenaría en cirrosis o incluso cáncer de hígado, indican desde la IHME. Con base en un artículo publicado por la Clínica Mayo de Estados Unidos, uno de los factores principales para mejorar esta afección y evitar las posibles consecuencias que trae esta enfermedad es adoptar la dieta mediterránea, la cual se basa en frutas, verduras, cereales integrales, proteínas magras como el pescado y grasas saludables como el aceite de oliva y los frutos secos. Sin embargo, los investigadores estadounidenses enfatizan en acompañar la dieta con ejercicio regular, ya que esto podría no solo mejorar los índices de grasa hepática en el hígado, sino potenciar los beneficios de la dieta relacionados con la disfunción metabólica e incluso ayudar a controlar otras enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial o el colesterol elevado. Por otro lado, un análisis de la GBD evaluó el estado de salud de 34 pacientes con hígado graso, los cuales se dividieron en dos grupos. El primero consumía especialmente pescado durante la fase de prueba, mientras que el otro alternaba la dieta con carnes rojas como el cerdo o la ternera. En el periodo evaluado no se notó una diferencia significativa en la ingesta calórica total. Si bien la ingesta calórica no varió significativamente, tras 84 días de prueba sí hubo cambios notorios entre un grupo y otro: las personas que alternaron el pescado con las carnes rojas mostraron una disminución del hígado graso en 1.83 %. Mientras que el grupo que se centró especialmente en la ingesta de pescado vio esta reducción hasta en un 4.89 %. De esta manera, la reducción de grasa hepática entre los del segundo grupo y el primero fue 1.67 veces mayor. Además, la disminución de esta afección no fue el único resultado positivo que consiguieron las personas que basaron su dieta en el consumo de pescado. También se reportó mejoría en los niveles de triglicéridos (grasa en la sangre), el colesterol, la glucosa en ayunas y el índice de inflamación abdominal. La Clínica Mayo también señaló que, si bien es importante ajustar una dieta rica en pescado, no basta solo con comerlo, sino que se debe profundizar en una comida sana, dando de baja a alimentos como las papas fritas, pan blanco, cereales azucarados o refrescos. Esto, acompañado de ejercicio regular, mejoraría aún más los niveles de grasa hepática en el organismo. Otros de los beneficios que estos estudios han identificado con este tipo de dietas es la alteración de la composición de los ácidos biliares que influyen en la manera como el cuerpo utiliza el azúcar, la grasa y la energía. Lo que ayuda a las personas a sentirse más activas durante sus diferentes quehaceres diarios. Una dieta rica en pescado afecta directamente al hígado y la interacción que este tiene con los demás alimentos, mejora la microbiota intestinal y los metabolitos, que ayudan a la producción de energía en el cuerpo y al crecimiento, lo que genera un impacto sobre la cantidad de grasa que se distribuye en el organismo. Juan Sebastián Cardona Bernal Redacción Alcance Digital EL TIEMPO
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