Cuando los futbolistas profesionales dan el salto a una categoría superior, muchos de ellos coinciden en lo mismo: la diferencia principal no suele radicar en ... el talento técnico, sino en el ritmo de juego. Y es que, en el fútbol, «ritmo» no significa simplemente correr más rápido en línea recta o mantener una constante durante una carrera prolongada, es un concepto complejo que combina velocidad física, velocidad mental y precisión técnica bajo máxima presión. Pues bien, el nuevo Mirandés, comandado por un cuerpo técnico con un recuerdo más que reciente de Segunda y su velocidad de juego, apuesta por este «factor diferencial» concreto para tratar de imponerse a sus rivales en la categoría de bronce.
Así lo ha dejado claro el joven Riki de Moraes, una de las piezas más destacas del último partido en Anduva, en rueda de prensa. El extremo zurdo, que gusta de actuar por la derecha saliendo hacia dentro como otros históricos futbolistas izquierdos, se desenvuelve a la perfección ante los micrófonos. Para muestra, está cursando cuarto del Grado de Comunicación en una universidad a distancia.
«El ritmo es en lo que más estamos incidiendo con los entrenamientos. Darle ritmo a todo, con balón y sin balón. Además, los jugadores de la plantilla tienen calidad para tener ocasiones y ganar los partidos», argumentaba.
Al descender de división, el tiempo para pensar aumenta, un centrocampista puede recibir el balón, levantar la cabeza, acomodarse y elegir un pase con más margen; pero Antxon Muneta quiere que los suyos demuestren que pueden desarrollar su juego con la mitad de tiempo, como los futbolistas de categorías profesionales que aspiran a ser.
Para ello, también disponen de diferentes esquemas y dibujos porque todos los partidos no se van a disputar en Anduva ni sobre tapetes en perfectas condiciones. Hay que adaptarse a las circunstancias de cada encuentro y el del sábado, en el Estadio romano, será la tercera batalla diferentes para un conjunto que demuestra su hambre y ambición en cada sesión de ejercicios.
«El partido de Cáceres está un poco condicionado por encajar tan pronto. En Mérida hay que ir a por el partido desde el inicio, apretando arriba y seguro que nos saldrá buen choque», apuntaba el joven talento oriundo de Río de Janeiro.
El triunfo cosechado ante la UD Ourense ha inyectado mucha confianza en un vestuario que cada vez está más compenetrado e irá sacando su mejor versión con el paso de los partidos.
«Yo estoy muy contento por los primeros 3 puntos, más en casa y con nuestra gente, fue un partido en el que salieron las cosas muy bien, sobre todo en la primera parte. Pudimos meterle mucho ritmo, apretar arriba, y tuvimos muy buenas secuencias con balón. La segunda parte, un poco por el resultado, el ritmo bajó un poco», radiografiaba.
Con el paso de los entrenamientos, se van creando sinergias y códigos internos que se acaban revelando en el verde, más aún en el caso de los atacantes y el último tercio de campo. «Creo que el equipo va a mejor en las últimas semanas y sigue teniendo margen de mejora, según todas las piezas se vayan conociendo mejor, y sobre todo en los últimos metros. Es algo que trabajamos todos los días. Seguro que se verá un mejor Mirandés con el paso de las jornadas. Irán saliendo las cosas mejor», reiteraba.
El jugador carioca cedido por el Real Valladolid ha generado muy buena impresión en la parroquia mirandesista desde su llegada. Habilidoso y eléctrico a más no poder, está cuajando una gran asociación con Martín Aguirregabiria, que aprovecha la profundidad del carril cuando el extremo conduce el esférico hacia dentro.
«Me siento más cómodo por la derecha o el medio, pero si el equipo lo necesita también puedo jugar en la izquierda. Puedo jugar en cualquiera de esas posiciones», aseguraba. En este sentido, al ser preguntado por lo que puede aportar individualmente al equipo de Miranda, el Riki aseveraba que «puedo prometer trabajo diario, trabajar día a día para mejorar. Esforzarme sin balón y luego, con balón, tratar de ser atrevido, encarar, repartir asistencias y dar goles en los partidos».
Hambre
El Mirandés está llamado a ser uno de los gallitos de su grupo, con la Cultural si se quiere, y enfrentarlo ya supone un aliciente más para muchos rivales de la división.
Todos los equipos quieren ganar todos los encuentros, valga la redundancia, pero hay ciertos choques y escenarios que ofrecen un extra de ambición por lo que significan. El cuadro rojillo es consciente de que puede ser el rival a batir para cada uno de los contrincantes, pero el hambre es la única receta para igualar esta intensidad.
«Está claro que los rivales van a querer ganar al Mirandés, pero nosotros también queremos ganar al Mérida y al resto de rivales que tengamos delante». Con esta declaración de intenciones cerró Riki de Moraes su primera comparecencia pública desde su aterrizaje en Miranda. La intensidad no se negocia y el hambre iguala partidos. A partir de ahí, el ritmo y la calidad técnica de los jugadores jabatos han de marcar la diferencia en una división que no regala absolutamente nada.
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