Los estadounidenses gastaron más en apuestas deportivas que en las industrias de ocio combinadas: películas, música y museos generaron menos ingresos combinados que el sector del juego.El dato, aportado por la revista Fortune, es un claro síntoma de que la economía estadounidensedepende de actividades que no generan un bien usable y, de hecho, puede ser incluso muy extractiva.
Mucho se puede concluir al respecto, tanto sobre la cultura como sobre el futuro económico de los Estados Unidos. Los $166.000 millones que generan las apuestas deportivas, y que pueden llegar a los $300.000 millones si se agregan a los mercados predictivos, son una señal de que la lógica en muchas economías es extractiva ante la dificultad de crecer. Y la extracción se produce en la billetera del ciudadano común.
Si no tienes dinero para asistir a un partido de fútbol, no pasa nada. Si quieres sentir que eres parte del evento, puedes apostar por el número de goles que meterá tu equipo, si tu jugador favorito va a anotar, el resultado al llegar el descanso, el número total de tiros de esquina, o si habrá un gol de penal. La experiencia es troceada y servida para que hayaengagementcon los fanáticos que se han quedado por detrás ante la progresiva subida del costo de la vida, empujándolos hacia la ludopatía.
¿Para qué organizar espectáculos deportivos para un público amplio si se pueden ofrecer apuestas sobre lo que ya hay?
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Apostar no genera un bien intercambiable, que se puede poner en barco para intercambiar con otro país. Es un consumo que no tiene una contrapartida de exportación. Ese desbalance se sostiene con deuda. La decadencia de un gran imperio, de los que controlan rutas comerciales, suele empezar con una deuda insostenible. Es parte de lo que Ray Dalio denominaThe Big Cycle(El Gran Ciclo) de los últimos 500 años, que describe el ascenso y la caída de imperios, desde el neerlandés y el británico hasta el estadounidense de nuestros días. Para Dalio, un momento crucial es el momento en que el pago de los intereses requiere desvíos de otras partidas como defensa, salud o inversión pública. Esta presión se vuelve inaceptable cuando para pagar la deuda, se busca más deuda para pagar esa deuda (tanto principal como interés). Para Niall Ferguson, historiador que para nada es un radical, la masa crítica llega cuando se paga más en concepto de intereses de la deuda que en defensa, en lo que se conoce como la 'Ley Ferguson'.Estados Unidos ya superó ese umbral,y paga $1,12 billones (lo que en inglés se entiende como 'trillions') en concepto de intereses de la deuda mientras que paga $975.000 millones en su defensa y ejército.
La paradoja es que mientras, la deuda crece para sostener el consumo, lo que el sector privado sí produce con más dinamismo no resuelve ese consumo, pero sí lo explota.DraftKingsmonetiza la imposibilidad de pagar una entrada al estadio.Polymarketmonetiza la incertidumbre política y económica que la propia fragilidad fiscal genera.OnlyFansmonetiza la precariedad económica de quien vende su cuerpo porque no encuentra otra salida, y la soledad que una sociedad como la actual genera. Ninguna de estas industrias pone comida más barata en la mesa, ropa más accesible en el clóset, ni una vivienda más alcanzable bajo techo. Estos sectores que crecen facturan la fragilidad del consumidor. No son bienes que figuren en una balanza comercial, o bien son más difíciles de incluir allí porque no son fácilmente intercambiables.
Y a eso, añadamos un impuesto encubierto sobre todos los negocios en Estados Unidos: los costos de sanidad van atados al empleo y el empleador debe asumir una factura que puede rondar los$27.000, de los que aproximadamente $20.500 vienen del empleador.
Es una economía que ha aprendido a monetizar el desespero en vez de resolverlo, y ese tipo de crecimiento no fortalece una moneda, sino que más bien la vacía por dentro. Y cuando se pide un esquema que provea de salud universal, la respuesta es 'pan y circo'.
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El dólar pasó de representar en su pico un 72% de las reservas mundiales en el año 2001 a un 58% en 2024, según laFederal Reserve. Un imperio, además de producir pan y circo, casi siempre se sobreextiende militarmente, llevándolo a acumular deudas riesgosas que socavan el valor de una moneda. Estados Unidos tiene bases militares en todo el mundo, en torno a 800 que se conocen. Los bancos centrales han tomado nota desde ese pico del dólar como porcentaje de las reservas en 2001. Ese fue el año que empezó la guerra de 20 años enAfganistán, que terminó costando $2,3 billones (en inglés,trillions) según un estudio de la Universidad de Brown.Cuando terminó la guerra, no hubo descanso y se pasó directamente a financiar la guerra entre Rusia y Ucrania.
En todo ese tiempo, la exposición al oro de las reservas se ha duplicado. LaFederal Reservelo confirma, pero lo justifica por un aumento del valor del oro, ya que en términos físicos sólo había un aumento del 10% y no implicaba una menor tenencia de dólares. Y así la 'Fed' rebaja la urgencia de la posible alarma. Ahora, esto significa que el dólar se ha devaluado considerablemente frente al oro (200%), pese a que sólo Rusia, Turquía y China figuren como los países que disminuyen la exposición al dólar para aumentar las reservas de oro. Además de la admisión casual de que, a lo largo de este período, el oro ha sido un mejor protector de riqueza.
Hay una paradoja de fondo que la propia Fed no menciona: para que el dólar siga siendo la moneda de reserva del mundo, EE. UU. tiene que inyectar liquidez global y esa liquidez solo sale de la deuda. Es el viejo dilema de Triffin: el emisor de la moneda de reserva necesita déficits crecientes para abastecer al mundo de dólares, pero esos mismos déficits, sostenidos indefinidamente, socavan la confianza en que esa moneda seguirá siendo una reserva fiable de valor. El precio del oro subiendo más de 200% en una década —justo cuando la deuda estadounidense se disparaba y el gasto militar se acumulaba entre Afganistán, Irak y Ucrania, más la pandemia del COVID19— no es una coincidencia aislada del mercado de metales. Es, probablemente, el termómetro más honesto de esa paradoja: cuantos más dólares hacen falta para mantener al sistema líquido, más se debilita la confianza en el activo que se supone que respalda esa liquidez. La Fed puede separar 'valor' de 'volumen' en su informe, pero el mercado del oro no hace esa distinción. El oro solo cotiza confianza, o falta de ella, en el sistema monetario.
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Una economía orientada al consumo antes que a la productividad —la de DraftKings, Polymarket y OnlyFans— no genera el superávit que financiaría ese consumo por sí sola. Es decir, necesita deuda. Una estructura fiscal en la que Social Security, Medicare, el presupuesto militar tan inflado y los intereses ya consumen la mayor parte del presupuesto necesita deuda para cubrir la diferencia. Y un imperio que responde a cada crisis geopolítica con sanciones, movilización y gasto militar —de Afganistán a Ucrania a Irán— necesita deuda para financiar esa proyección de poder.
Las tres presiones no son independientes: son la misma tormenta, exigiendo lo mismo al mismo tiempo. Mantener el nivel de consumo —tanto el del ciudadano que apuesta como el del Estado que sanciona y moviliza— tiene un precio, y ese precio se paga en el rendimiento que el mercado exige por seguir financiando la diferencia. Más oferta de bonos del Tesoro, justo en el momento en que la demanda estructural por esos bonos —la que ya documentan las reservas COFER y la fuga hacia el oro— viene debilitándose. Es la ecuación más simple de cualquier mercado: cuando la oferta crece y la demanda se erosiona, el precio cae y el rendimiento sube. El bono a 10 años ronda ya el 5%, y el de 30 años superó el 5,3% recientemente, el nivel más alto desde 2007.
El mercado de bonos no necesita que nadie le explique la tesis de este artículo. Ya la está cotizando. Quizás por eso, la intervención tan agresiva delsecretario del Tesoro Scott Bessenten el mercado de la deuda, diciendo que iba a 'meter el miedo de Dios en los 'vigilantes de los bonos'', según una cita recogida por Charles Gasparino de ejecutivos de Wall Street.
Y es que Scott Bessent se ha convertido en quien más está anunciando acciones contra Irán, ocupando un espacio que antes le correspondía a Pete Hegseth o Marco Rubio. Anunció un 'Día D Económico' ('D-Day'es como se conoce la fecha del desembarco en Normandía durante la Segunda Guerra Mundial en Estados Unidos, con toda la implicación que ello tiene hoy en día).
No es casualidad que sea el Tesoro, y no el Pentágono, quien libra esta guerra. Es la lógica de este texto llevada a su conclusión institucional: una economía que ya no compite produciendo, sino consumiendo —apuestas, mercados de predicción, contenido para adultos— necesita deuda para sostener ese consumo. Una estructura fiscal ya comprometida conSocial Security, Medicare, intereses y un presupuesto militar inflado necesita deuda para no colapsar. Y un imperio que proyecta poder cada vez más vía sanciones que vía combate necesita que esa deuda siga siendo barata de emitir, porque las sanciones —su arma predilecta— dependen precisamente de que el resto del mundo siga necesitando el dólar.
Bessent en realidad está defendiendo la única variable que mantiene unidas todas las piezas de esta 'tormenta perfecta' —consumo sin producción (al menos de cosas que la gran mayoría de los humanos usa), deuda sin límite claro, y poder proyectado a través de la moneda misma. Si los vigilantes de los bonos ganan esa pelea y el rendimiento sigue subiendo, cada pieza del sistema —el pan y circo, la sanidad atada al empleo, la 'Ley Ferguson', el propio dólar como arma— se vuelve más cara de sostener al mismo tiempo. Por eso lo de 'meterles el miedo de Dios' a los vigilantes se vuelve más llamativo.Es una de las últimas líneas de defensa de un sistema apretado por un precio del petróleo alto y una deuda sumamente alta.
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