Resumen Latinoamericano, 7 de septiembre de 2026.
El ataque perpetrado el 3 de enero por Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela ha marcado una nueva etapa en la historia del país.
El bombardeo que culminó con el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Flores, así como la muerte de un centenar de militares cubanos y venezolanos que los protegían, constituyó una violación de extrema gravedad de la soberanía venezolana y del derecho internacional.
Esta operación militar no puede considerarse un hecho aislado. Se inscribe en la continuidad de más de veinte años de agresiones contra la Revolución Bolivariana. Sanciones económicas, bloqueo financiero, campañas de desestabilización, intentos de golpe de Estado, apoyo a fuerzas terroristas y campañas de desinformación han sido los distintos instrumentos de una larga ofensiva dirigida a quebrantar la independencia política de Venezuela y poner fin al proceso iniciado por el comandante Hugo Chávez.
Ocho meses después de este ataque, la presencia militar de EE. UU. en territorio venezolano, así como la presión diplomática de su aliado sionista, se dejan sentir con crudeza. Esto refleja la voluntad de asfixiar y someter a un pueblo.
La soberanía nacional de Venezuela está hoy en entredicho y el país ha sido puesto bajo tutela política, económica y militar. El imperialismo se ha apoderado de las riquezas y los ingresos provenientes de las exportaciones de petróleo, gas y oro venezolanos, al tiempo que desmantela una a una las garantías consagradas en la Constitución con el objetivo de abrir aún más los sectores estratégicos a los intereses de las grandes multinacionales occidentales. Así, los acuerdos sobre el petróleo venezolano del 28 de agosto no son más que la formalización de este saqueo por parte de Estados Unidos y sus multinacionales de las reservas petroleras venezolanas.
El despliegue de los marines estadounidenses en territorio venezolano tiene como objetivo la recolonización de la región, el robo de sus recursos naturales y la sumisión de los pueblos libres.
Al mismo tiempo, la normalización de las relaciones con la entidad genocida de Israel, a raíz del doble terremoto mortífero de junio, participa también de esta voluntad de remodelar profundamente la orientación política y geopolítica del país y de la región.
Para muchos chavistas históricos, esta concatenación de hechos constituye una traición a la Revolución Bolivariana, mientras que para otros esto refleja que el gobierno no tiene otra opción porque tiene un revólver en la sien.
En este contexto, la URC reafirma su apoyo al pueblo venezolano, fiel a la herencia de Bolívar y del comandante Hugo Chávez, que afirma con fuerza en las calles su derecho a defenderse y a preservar su soberanía frente a la agresión. Defender el derecho de Venezuela a decidir libremente su futuro es también defender el derecho de todos los pueblos a vivir en independencia, sin sanciones, sin bloqueos, sin intervenciones militares y sin injerencia extranjera.
La URC hace un llamado a la solidaridad con el pueblo venezolano y exige: La liberación inmediata del presidente Nicolás Maduro, de la diputada Cilia Flores y del emisario especial Alex Saab, mandatado por Maduro para contribuir a romper el bloqueo estadounidense.
El retiro inmediato de las fuerzas estadounidenses de Venezuela y de la región.
La restitución inmediata de la totalidad de los ingresos provenientes de las exportaciones venezolanas que se encuentran actualmente bajo control de Estados Unidos, así como la restitución de todos los demás activos del Estado venezolano confiscados y retenidos actualmente por el Banco de Inglaterra.
El levantamiento inmediato de todas las medidas coercitivas unilaterales impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea contra la República Bolivariana de Venezuela.
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