El discurso del odio traspasa fronteras: de señalar a los migrantes a atacar la cultura y el periodismo

El discurso del odio traspasa fronteras: de señalar a los migrantes a atacar la cultura y el periodismo
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Category: Politics
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Las personas migrantes que llegaron a Ceuta siguen siendo el principal blanco de la extrema derecha. Pero, alrededor de ellas, la hostilidad empieza a alcanzar también a quienes ayudan, a quienes cuentan lo que está ocurriendo y a quienes simplemente intentan hacer su trabajo. En los últimos días, migrantes, ONG, periodistas e incluso artistas han recibido insultos, amenazas o agresiones en medio de las movilizaciones contra la migración. Publicidad Mientras, cientos de migrantes y solicitantes de asilo siguen en las calles de Ceuta, expuestos al calor durante el día y al frío durante la noche, en condiciones insalubres y recibiendo una sola comida al día, según denuncia la asociación Elín. Sobre ellos continúa cayendo un discurso que los presenta como una amenaza y que ha convertido la palabra "invasores" en una de las consignas habituales de los partidos de la derecha y la extrema derecha. Laura Camargo, profesora de análisis del discurso y experta en los relatos de la extrema derecha, señala a Público que lo que está ocurriendo es "una ampliación del marco antagonista". Es decir, la polarización ya no se construye únicamente entre "nosotros, los españoles" y "ellos, los inmigrantes", sino que ese "ellos" se hace ahora mucho más amplio, al no entrar en ese grupo solo los migrantes, sino también quienes defienden los derechos humanos. Organizaciones que les prestan asistencia, periodistas que cuestionan bulos o discursos racistas e incluso personas que, sin tener relación directa con la migración, quedan asociadas a su defensa. "Lo que se construye es una especie de cadena de enemistades", señala la experta. En el análisis del discurso, explica, estas cadenas convierten al enemigo inicial en un adversario cada vez más amplio. "Ya no es el adversario, sino todo aquello que pueda parecer o de facto defender a eso que tú has convertido en un enemigo", añade. Durante las concentraciones por Ceuta del pasado miércoles se produjeron algunas de las escenas más claras de esa expansión del discurso de odio. En Madrid, el reportero de TVE Mikel Etxarri acudió a cubrir una de las protestas, pero un grupo de manifestantes comenzó a increparle y agredirle. Según relató a Público, recibió patadas en las espinillas para impedir que la cámara pudiera registrar lo que estaba ocurriendo. No fue el único, sino que otros compañeros de RTVE y también de La Sexta sufrieron agresiones e insultos durante la cobertura. Publicidad Ese mismo día, en Palencia, durante las fiestas de San Antolín, un grupo de manifestantes que se había concentrado en apoyo a Ceuta llegó hasta la Plaza Mayor, donde estaba previsto el concierto de Tanxugueiras. Allí comenzaron a lanzar consignas contra Pedro Sánchez y la alcaldesa, lo que obligó al grupo a retrasar 40 minutos el inicio de su concierto. Las integrantes del grupo gallego agradecieron en un vídeo el apoyo recibido por el público de Palencia, que intentó contrarrestar los gritos de los manifestantes reclamando el comienzo del concierto, pero también quisieron advertir sobre el clima que habían encontrado. "Fue un momento muy desagradable. Hay que darle importancia a lo que pasó. Tenemos que reflexionar, tenemos que darle una vuelta a la cabeza, ya que tanto la violencia verbal como física no lleva a ninguna parte y es muy peligrosa", explicaban las cantantes. Algo parecido ocurrió en Manzanares, donde una representación del espectáculo Juancaballo, del Ballet Nacional de España, coincidió con una de las concentraciones convocadas por la situación de Ceuta. Publicidad Juan Berlanga, bailarín del Ballet Nacional y doctor en Bellas Artes, explicó que algunos manifestantes comenzaron a insultar e interrumpir la actuación, llegaron a apagar los altavoces e intentaron hacer lo mismo con la mesa de sonido. La tensión fue aumentando hasta que alguien lanzó una silla que acabó cayendo en el espacio escénico, lo que obligó a trasladar la actuación a otra ubicación. "Manifestarse es un derecho. Defender unas ideas también. Pero ninguna idea, ninguna bandera y ninguna consigna pueden justificar la intimidación, el insulto o la violencia hacia quienes simplemente están desarrollando su trabajo (...) La cultura debería estar por encima de la intimidación y la violencia", ha escrito Berlanga en sus redes. El artista también ha asegurado, en una entrevista en elDiario.es , que llegó a recibir insultos homófobos. "Este país está yendo hacia un lugar muy feo", ha apuntado. Una violencia que viven en primera mano quienes trabajan cada día en Ceuta para ayudar a las personas migrantes. En redes sociales y canales de ultraderecha, algunas organizaciones humanitarias están siendo acusadas de formar parte de supuestas "mafias" simplemente por repartir comida o prestar asistencia humanitaria. El coordinador de la ONG No Name Kitchen, Ric Fernández, ha denunciado en la Cadena SER que reciben "cada día un océano de amenazas de muerte". La situación preocupa a los miembros de la organización y ya ha provocado la baja de voluntarios. Publicidad ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Luis R. Calles, licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración y doctor en Migraciones Internacionales por la Universidad Pontificia Comillas, lleva años estudiando las actitudes hacia la inmigración. Su análisis apunta a que en España se está produciendo un cambio importante en la forma de hablar y pensar sobre la migración. Durante años, explica, España fue considerada una excepción en Europa. Incluso en momentos de crisis económica y aumento del paro, la población española mantuvo en general una actitud relativamente favorable hacia la migración. "Hasta el momento, la sociedad española no había expresado su malestar culpando a los migrantes de 'sus males', sino a la clase política", explica Calles a Público. Publicidad Para el experto, uno de los factores determinantes que han provocado este giro negativo de la percepción de la migración, ha sido la llegada de Vox. El partido ultra, según explica, ha basado su estrategia comunicativa en la creación de un enemigo común y un "relato anti-globalista". "Mediante mensajes simplistas se construye una identidad grupal del 'nosotros' y la agrupación de un enemigo común, de grandes dimensiones, representado en una invasión extranjera que viene a quebrantar la ley y socavar las prerrogativas del nosotros", apunta. La migración, según explica, puede dibujarse bajo este prisma como una "amenaza" con distintos frentes. Por un lado, una amenaza económica, marcada por el falso discurso de que los migrantes reciben ayudas, compiten por los recursos o quitan empleos. Por otro, como una amenaza a la seguridad al relacionar la migración con delincuencia o hablar de una "invasión" y, también, como una amenaza cultural, bajo la idea de que determinados grupos no encajan o ponen en peligro las costumbres de la sociedad española. Además, en el caso de Ceuta la mayor parte de las personas que llegaron a la ciudad autónoma son musulmanas. Un factor que el investigador considera especialmente relevante: "En España, se etiqueta a los musulmanes como arquetipo del 'otro', el sujeto inintegrable, demasiado diferente y que viene a romper la convivencia con costumbres y prácticas religiosas que destruyen la esencia de los españoles", explica. Publicidad "De esta forma, ahora, en España, ya no somos tan excepcionales. Tenemos un partido con mensajes abiertamente anti-inmigración que, además, en ocasiones, se extienden a otros partidos del arco parlamentario y que permean hacia la sociedad en general, en especial por la capacidad de las redes sociales de extender mensajes sin contrastar, con verdades a medias o directamente bulos", añade Calles. Este discurso político, apoyado por algunos medios y pseudomedios, también tienen una estrecha relación con estos marcos. "No es lo mismo decir 70.000 personas cruzaron la frontera que 70.000 inmigrantes vienen a invadir España", señala Camargo. La experta señala que, más allá de la responsabilidad que puedan haber tenido las autoridades marroquíes, la idea de que las personas migrantes formen parte de un ejército invasor enviado por Marruecos, "contribuye aún más a su deshumanización". "Todo esto lo que hace es provocar que la inmigración se asocie claramente a algo negativo y el problema es la normalización y legitimación de discursos que antes no eran aceptables y ahora sí lo son", remarca. Una visión negativa de la migración que, según una encuesta de 40dB para El País, parece haber ganado terreno en la sociedad española. El 70% de los encuestados se inclina por posiciones más restrictivas y reclama un endurecimiento de los controles fronterizos, incluso cuando ello pueda impedir la entrada de personas vulnerables que necesitan protección. Publicidad Además, Vox aparece como el partido al que los encuestados consideran más "capaz" de gestionar la crisis migratoria, con un 27% de apoyo, por delante del PSOE (18,4%) y el PP (13,9%).

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