IA para la vejez: el dispositivo argentino diseñado para contener adultos mayores

IA para la vejez: el dispositivo argentino diseñado para contener adultos mayores
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Category: Health
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La empresa Ato, de los argentinos Juan Cereigido y Gaspar Habif, radicados en Estados Unidos, presentó la versión final del dispositivo pensado para estimular la conversación de los adultos mayores. Ya comenzó la preventa y los envíos empiezan en diciembre de 2026. En detalle. Ato es un dispositivo que integra distintas funciones: conversa con los adultos mayores, les propone juegos y desafíos de lógica y los asiste a buscar información o escuchar música. A la vez, tiene un sistema de recordatorios y permite que la familia sepa que el mayor se encuentra activo, incluso con la posibilidad de enviar mensajes a través del dispositivo. No es un asistente virtual como otros del mercado, ya que funciona de manera proactiva. Habla más de 50 idiomas, requiere wifi y un celular para la configuración inicial. El promedio de uso es de 10 minutos diarios, aunque hay personas que llegan a 60 horas por mes. Por qué importa. La primera versión llegó a más de 2.500 familias, con una parte importante de usuarios en Argentina, y la segunda pasó de la impresión 3D a la inyección de plástico, lo que permite la producción masiva del producto. Junto a la Fundación Favaloro estudian su impacto en la salud cognitiva de los usuarios. El objetivo. "Queríamos construir un dispositivo que no haga a los adultos mayores sentirse viejos, sino que los haga decir: tengo un gadget que fue creado para mí. Y que encima eso le parezca cool al nieto", explicó Juan Cereigido, uno de los cofundadores, en diálogo con CORTA. Profundizá. Qué ve la familia y qué no. Ato tiene una app desde la que los familiares del usuario pueden ver la actividad del dispositivo, mandar mensajes y cargar recordatorios. Desde allí no es posible conocer el contenido de una conversación. "Hay mucha gente que confunde estar tranquilo con estar monitoreando a una persona. Si querés saber si tu viejo está bien, con saber que hace 15 minutos habló con Ato es más que suficiente. No es necesario poner una cámara para ver si caminaba en calzoncillos o lo que habló a la mañana", explicó Cereigido. Además, aseguró que el producto es una respuesta a un vacío del mercado: "Hay pocos dispositivos para adultos mayores y los que existen tienen ese espíritu de monitoreo, porque quien lo compra es el hijo en el 90% de los casos". Fundación Favaloro. Cereigido insistió en que Ato no es un dispositivo médico. Aun así, la empresa lleva varios meses de un estudio con la Fundación Favaloro sobre 20 pacientes que busca información para volcar en un paper. No hay resultados publicados, pero "los preliminares fueron muy positivos, siempre en cuanto a la actividad cognitiva y a la compañía", aclaró el CEO de Ato. "No es que sea un dispositivo de detección temprana de Alzheimer o de algún deterioro cognitivo. Ojalá que el día de mañana lo podamos hacer, pero no es nuestro objetivo posicionarnos con un dispositivo de diagnóstico médico". De todos modos, afirmó que el equipo de Ato trabaja con gerontólogos y neurocientíficos. De qué no habla Ato. Cuando no detecta actividad, Ato "se despierta" y propone una charla a partir de los intereses del usuario. Tiene además instrucciones fijas sobre lo que no debe hacer. En general, intenta no meterse en discusiones que puedan volverse "demasiado emocionales", en palabras de la empresa. "Ato puede dar apoyo, pero tiene la herramienta de decir: ¿no querés que contacte a tu hijo para que hables con él de este tema?". Según Cereigido, esto es una "salida de escape" a un riesgo conocido en los chatbots. "La IA siempre te dice a todo que sí, te va a decir lo que realmente querés escuchar". Ato ofrece contactar a un familiar cuando la charla se pone "depresiva o más preocupante", pero no lo hace a escondidas: "Si el adulto habla de algo privado y de repente el dispositivo le manda a la hija lo que le dice, se rompió la confianza con el usuario en ese instante". Desde la app, la familia puede pedir que Ato evite ciertos temas al iniciar una conversación. "El aparato va a responder porque es un tema de dignidad, pero va a intentar no pincharlo para que no se genere un problema", aclaran desde la empresa. Cómo funciona el límite gratuito. La nueva versión de Ato mejora la fabricación, el sonido, los micrófonos y suma cancelación de ruido para entender mejor al usuario. Cuesta U$S 179 con preventa a precios escalonados. Funciona con o sin suscripción y tiene un plan gratuito con mensajes, recordatorios y radio. La membresía de U$S 249 por año desbloquea conversaciones ilimitadas, aunque existe el plan gratuito con un tope mensual que, según Cereigido, alcanza para un uso no intensivo. La membresía elimina ese tope y argumentan que lo diseñaron así "por una cuestión de costos". El dispositivo le avisa al usuario cuando se acerca al límite y después "las respuestas se vuelven un poco más concretas y no se va a despertar proactivamente para iniciar la charla". A pesar de esto, los mensajes de las familias y los recordatorios no dejan de funcionar. "Una idea estúpida". El primer inversor del proyecto fue Mario Pergolini. Luego, los fundadores se postularon a aceleradoras de la región -programas que financian y asesoran startups en sus primeros meses a cambio de una participación- y no quedaron en ninguna. Cereigido lo atribuyó a la escasez de capital de riesgo en la región, que lleva a los fondos de inversión a negocios "obvios", como replicar una fintech que ya funciona en otro país: "Ato es una idea estúpida desde el punto de vista de inversión. Es muy costoso y encima se lo vendés directo a las familias, que es lo más difícil de lograr", interpreta. Finalmente, el fondo Founders, Inc., de San Francisco, financió la expansión del proyecto. Con inversiones de Guillermo Rauch (Vercel) y Matías Woloski (Auth0), cerraron una ronda pre-semilla -la primera inversión formal de una startup, previa a la ronda semilla- de U$S 1,3 millones. Ambos, dijo Cereigido, son argentinos que "vuelven a poner" capital en otros argentinos. Argentinos en San Francisco. Los fundadores de Ato viajaron con visa de turista por seis semanas y el plan era volver. Al recibir inversión, conocieron la existencia de las visas O-1, de "talento extraordinario". Se las aprobaron en un mes y les permiten quedarse por al menos tres años. "Seguimos siendo argentinos, estamos temporalmente acá por el proyecto", dijo Cereigido. La empresa opera con un equipo de ocho personas y fabrica todo en San Francisco. Los envíos a Argentina van por courier, "la manera más rápida de evitar problemas en aduana". No trabajan con revendedores ni con el Estado: buscan hablar directo con cada familia que compra. Aun así, no les cierran las puertas al diálogo con organismos públicos. Cereigido aclaró que ese diálogo llegará cuando el impacto de Ato esté "mucho más medido y estabilizado".

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