El desarrollo petrolero Sea Lion, frente a las Islas Malvinas, enfrenta una combinación de factores que puede poner a prueba su rentabilidad: costos de perforación muy superiores a los de Vaca Muerta, volatilidad del precio internacional del crudo y dificultades para contratar a grandes proveedores de servicios petroleros.
El proyecto, operado por Navitas Petroleum, con una participación del 65%, y Rockhopper Exploration, con el 35% restante, mantiene como objetivo iniciar la producción en marzo de 2028. Sin embargo, el escenario cambió tras el endurecimiento de las sanciones argentinas contra las compañías vinculadas con la explotación de hidrocarburos en las islas.
El Gobierno de Javier Milei reglamentó mediante el Decreto 868/2026 la aplicación de la Ley 26.659 y amplió su alcance a accionistas, directores y proveedores. La Casa Rosada abrió además un proceso sancionatorio contra empresas y personas vinculadas con actividades hidrocarburíferas en Malvinas.
El desarrollo petrolero Sea Lion, frente a las Islas Malvinas, enfrenta una combinación de factores que puede poner a prueba su rentabilidad.
La respuesta empresaria comenzó a aparecer. SLB, Halliburton y Baker Hughes, tres de los principales proveedores globales de servicios petroleros, comunicaron que no participarán en actividades de exploración o producción en las islas. La Cámara de Servicios Petroleros (CASEPE) también confirmó que sus empresas asociadas no participarán de licitaciones para proyectos hidrocarburíferos en Malvinas o sus áreas marítimas circundantes.
La petrolera DLS Archer, por su parte, aclaró que no tiene participación en Sea Lion ni en actividades hidrocarburíferas en las islas y reafirmó su compromiso con las leyes argentinas.
Costos diferentes a Vaca Muerta
Uno de los principales interrogantes económicos está en el costo de desarrollar los pozos. Mientras un pozo de shale en Vaca Muerta puede demandar entre US$10 millones y US$20 millones, las estimaciones para un pozo offshore de las características de Sea Lion se ubican entre US$70 millones y US$140 millones.
La diferencia llega así hasta 14 veces, debido a la distancia, la logística marítima, la infraestructura requerida y las condiciones operativas de una zona ubicada además en un territorio cuya soberanía es reclamada por la Argentina.
Para Daniel Montamat, exsecretario de Energía y expresidente de YPF, la combinación de costos elevados y precios internacionales fluctuantes puede comprometer la rentabilidad. En ese escenario, una caída del valor del barril tendría un impacto mayor sobre un proyecto offshore con una estructura de costos pesada.
El desarrollo completo de Sea Lion contempla más de 60 pozos en las áreas Norte y Central y una inversión estimada en US$3.900 millones. La primera fase requiere unos US$1.800 millones y apunta a alcanzar una producción máxima de entre 50.000 y 55.000 barriles diarios.
Mientras el shale neuquino puede sostener inversiones con costos relativamente bajos y una infraestructura en rápida expansión, Sea Lion necesita resolver una cadena logística y de servicios mucho más compleja.
El precio del petróleo, otra variable clave
La evolución del Brent agrega otro factor de incertidumbre. El crudo se mantiene en niveles elevados frente a las proyecciones que existían antes de la escalada de las tensiones internacionales, pero el mercado petrolero continúa expuesto a fuertes movimientos.
La referencia para cualquier desarrollo es el denominado break even, es decir, el precio a partir del cual el proyecto comienza a resultar económicamente viable.
En Vaca Muerta, estudios sectoriales ubican ese umbral aproximadamente entre US$48 y US$61 por barril de Brent, dependiendo del proyecto y del régimen fiscal. Para Sea Lion, con costos de perforación mucho mayores, una eventual baja del petróleo tendría un impacto proporcionalmente más significativo.
El contraste con Vaca Muerta resulta central. Mientras el shale neuquino puede sostener inversiones con costos relativamente bajos y una infraestructura en rápida expansión, Sea Lion necesita resolver una cadena logística y de servicios mucho más compleja.
La salida de los grandes prestadores internacionales agrega otra dificultad. Navitas ya tiene contratos para la plataforma flotante de producción, almacenamiento y descarga —FPSO—, la plataforma de perforación, servicios de terminación e infraestructura submarina.
La incógnita pasa ahora por el resto de la cadena. La ausencia de compañías globales especializadas podría obligar al operador a buscar proveedores alternativos, con eventuales consecuencias sobre costos, tiempos y riesgos técnicos.
Un proyecto pequeño a escala mundial
Sea Lion también debe ser analizado por su escala. La primera etapa contempla una producción máxima de 50.000 a 55.000 barriles diarios y recursos certificados por unos 319 millones de barriles.
El volumen es relevante para las islas, pero pequeño frente a los grandes desarrollos offshore internacionales. Guyana, Brasil, Arabia Saudita y Noruega cuentan con proyectos de una magnitud muy superior.
Para las Islas Malvinas, sin embargo, el impacto económico potencial es significativo. Estimaciones citadas en torno al proyecto calculan ingresos de miles de millones de dólares durante varias décadas, una dimensión considerable para una población de menos de 4.000 habitantes.
Así, Sea Lion enfrenta una doble batalla. Por un lado, la disputa política y jurídica entre la Argentina y el Reino Unido por la soberanía de las islas. Por otro, una ecuación empresarial que deberá demostrar que puede absorber costos offshore elevados, conseguir proveedores y sostenerse ante un mercado petrolero que puede cambiar rápidamente. El desafío no es solamente encontrar petróleo. Es lograr que, en Malvinas, ese petróleo sea rentable.
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