Por GERARDO FERRO ROJAS
Aunque a simple vista estén en polos opuestos, Abelardo de la Espriella y 'Bendito Menor' se parecen. A ambos los motiva el narcisismo, ambos son productos de la narcocultura, ambos hacen de la muerte un trofeo, ambos disfrutan de la violencia, a ambos los hace sentir más poderosos. ¿Pero, saben ustedes cuántos tipos como 'Bendito Menor' hay en Colombia? ¿Saben ustedes cuántos cadáveres hemos tenido que apilar para llegar al cuerpo de 'Bendito Menor' envuelto en una bolsa de plástico blanco?
Si el triunfo del conflicto armado en Colombia se lograra exhibiendo y acumulando muertos, hace mucho seríamos un remanso de tranquilidad. ¿Saben los sedientos de sangre y muerte que en el instante mismo en que 'Papucho Primero' exhibía en rueda de prensa el cuerpo sin vida de 'Bendito Menor', la organización criminal a la que pertenecía ya había decidido su remplazo?
Y así llevamos décadas, intentando solucionar con balas lo que las mismas balas han profundizado. ¿De qué han servido los cuerpos acumulados de todos los Benditos Menores y de todos los soldados muertos en este conflicto? ¿De qué han servido si las desigualdades sociales que producen el conflicto se han incrementado? Para una sola cosa han servido: para degradar cada vez más la violencia, deshumanizar el conflicto y experimentar más sofisticadas formas de matarnos. Hoy, la violencia en Colombia parece haber mutado a un nivel más bajo en su degradación: vivimos los tiempos de la violencia narcisista.
Bendito Menor ostentaba un título muy propio de nuestros tiempos: narcoinfluencer. Sus redes sociales estaban llenas de seguidores que aplaudían y aprobaban sus excesos, sus vanidades, sus lujos y sus delitos. Y en medio del lujo, ostentaba también su fuerza, su poder de muerte. ¿No es eso mismo lo que hacía y hace De la Espriella? ¿No eran sus redes y su vida pública un culto a la exhuberancia y a la lujosa vanidad de la ostentación? ¿No eran aplaudidos sus excesos y aprobados sus métodos a sabiendas de que éstos se ligaban con lo delictivo, con el narcoparamilitarismo y la corrupción?
¿No aplaudía De la Espriella el ejercicio paramilitar al que pertenecía 'Bendito Menor'? ¿No defendía De la Espriella a los narcotraficantes con los que 'Bendito Menor' hacía alianzas? Incluso cabe preguntarse: de no haber sido presidente, ¿no sería hoy De la Espriella el abogado de 'Bendito Menor'?
La violencia narcisista de exhibe, se muestra sin tapujos: Bendito Menor hacía alarde de sus muertos, De la Espriella hace alarde de los suyos, camina entre ellos como un soberano. Pero en su narcisismo supremo, De la Espriella debía dejar claro que el Supremo Narcisista de nuestra violencia es él, no un matón de poca monta que lograra robarle el show. ¿Qué diferencia a estos dos narcoinfluencer? Que uno proviene de los más profundo de un pueblo oprimido, sin educación y sin oportunidades, y el otro proviene de las castas políticas corruptas que se han beneficiado de delincuentes como el primero.
Mientras 'Bendito Menor' obedecía órdenes superiores, De la Espriella trataba con los que daban esas órdenes. Es decir, que hasta para delinquir se nota el clasismo en Colombia. Aplaudir la ostentación que De la Espriella hace de los cadáveres es aplaudir un ciclo de violencia que sólo traerá más muertes.
@GFerroRojas
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