La vuelta al cole suele ser un día de ilusión, nervios y reencuentros para miles de familias en toda España. Sin embargo, este 8 de septiembre en Ceuta, el regreso a las aulas se vive con una tensa calma y una honda preocupación que se siente en cada esquina de la ciudad autónoma. Cuarenta días después de la entrada masiva de miles de personas a finales de julio, la normalidad sigue estando muy lejos de recuperarse. El miedo se cuela en los hogares y se traduce en una cifra que habla por sí sola: tres de cada diez alumnos se quedan hoy en casa. Los padres se debaten entre la necesidad de que sus hijos recuperen la rutina y el temor por su seguridad en un escenario que todavía perciben hostil.
Detrás de las frías estadísticas hay rostros, nombres y, sobre todo, historias de vecinos que intentan lidiar con una realidad del todo excepcional. Es el caso de Nayib y su pequeña de ocho años, Naila. Ella tiene tantas ganas de ver a sus compañeros y recuperar la ilusión del colegio que es la que convence a su padre para levantarse temprano. A las cinco de la mañana, la pequeña ya insiste en que quiere ir a clase. Su padre finalmente cede, confiando en las garantías de protección que han trasladado las administraciones públicas para esta jornada tan señalada.
Alamy Stock Photo
Los migrantes viven y duermen en espacios públicos de Ceuta más de un mes después de que decenas de miles de personas cruzaran a este enclave español desde el vecino Marruecos a finales de julio.
Naila y el empeño de una niña por volver a clase
Sin embargo, la realidad que se encuentran a las puertas del centro educativo echa por tierra cualquier tranquilidad. Nayib relata con indignación cómo la prometida vigilancia policial brilla por su ausencia a la hora de la entrada. "Yo a mi hija no le voy a traer al colegio mañana porque nos han prometido unas cosas de que vamos a tener presencias policiales y todo es mentira", lamenta este vecino visiblemente decepcionado por la falta de previsión de las autoridades.
La frustración de este padre es el reflejo de una herida abierta en la comunidad ceutí. Su testimonio estremece al narrar los detalles de su llegada al recinto escolar: "Yo he traído a mi hija a las 9:20 y no había ninguno", señala respecto a las patrullas policiales o de seguridad que debían custodiar el colegio. Aunque ve llegar a algunos efectivos del ejército más tarde, la desconfianza ya se ha instalado por completo en su hogar. "Yo he llegado aquí a menos cinco y acaban de venir los militares. Ellos, yo sé que no tienen ninguna culpa, pero estoy muy decepcionado", concluye con amargura. Mañana, su hija no acudirá a clase.
MARCOS MORENO
Un grupo de niños a la entrada del colegio, a 8 de septiembre de 2026, en Ceuta (España)
El caso de Nayib no es una excepción aislada en la ciudad. Los datos oficiales confirman un absentismo alarmante en esta jornada inaugural: la asistencia escolar ronda únicamente el 70%. Esto significa que un 30% de los niños ceutíes no acude hoy a sus colegios debido al temor directo de sus progenitores. En un inicio de curso ordinario, un porcentaje de ausencias de este calibre sería impensable, una anomalía absoluta que solo se justificaría por una catástrofe natural o una emergencia extrema. Hoy, el único motivo es la incertidumbre que arrastra la población desde hace más de un mes.
uN 30% de los niños ceutíes no acude hoy a sus colegios debido al temor directo de sus progenitores
La visita del ministro y la tensión acumulada tras la crisis
Mientras en algunas zonas las familias intentan caminar con normalidad, en otras la estampa parece propia de una zona en guerra. En centros como el Colegio San Daniel, la imagen impresiona a los viandantes: niños pequeños con mochilas de colores esquivan vehículos blindados, fusiles y soldados de camino a la puerta principal. Esta seguridad desigual, que va "por barrios", genera un fuerte sentimiento de desamparo entre los vecinos de las zonas menos vigiladas.
Esta vuelta a las aulas coincide con la tercera visita a la ciudad del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien acude para estrenar un nuevo Centro de Atención Temporal de Inmigrantes (CATI) destinado a acelerar los trámites de devolución.
Pero mientras la agenda política avanza, el pulso diario de los ceutíes muestra un panorama desolador.
Íñigo Palomar
Íñigo Palomar, desde el campamento de carpas para migrantes en el puerto de Ceuta
Locales de restauración cercanos a la frontera, como el de Hugo, muestran las secuelas del conflicto: sus mesas de terraza siguen apiladas dentro del local y la playa, que debería estar rebosante de bañistas aprovechando las temperaturas de septiembre, se encuentra completamente vacía. A pesar de todo, el primer día de clase concluye sin ninguna incidencia registrada, un alivio temporal para una ciudad que sigue buscando recuperar la tranquilidad perdida.
(0)Comments