Valladolid
Los vallisoletanos arropan a su patrona en una multitudinaria procesión que llena calles y plazas y abarrota la Catedral en un caluroso día grande de la capitalLuis Amo
ValladolidMás devoción que calor. Y eso que los mayores del lugar recuerdan la procesión de este martes como una de las más intensas de temperatura ... y de veneración popular. Valladolid abarrotó las calles del casco histórico para acompañar a Nuestra Señora la Virgen de San Lorenzo. Miles de personas acudieron a la cita anual de encontrarse con su patrona en un camino por su ciudad donde la piedad y la admiración se contaba en multitud en las aceras, pero también con muchos ciudadanos desde ventanas y balcones. Por supuesto desde las filas cofrades. Desde la planta procesional donde estaba representada toda la sociedad vallisoletana en el anonimato de cada uno de los integrantes: estudiantes, trabajadores, empresarios, políticos y religiosos. Cofrades de todo tipo y condición que un año más aunaron voluntad, fervor y patriotismo ciudadano para escoltar a la imagen mariana por el casco monumental. Y desde las filas cofrades, los presentes, hicieron un llamamiento a hacerse cofrade de esta hermandad de todos en un año donde mayores y niños no abundaban, excepto los cargadores que cada año cuentan con más participación.
Tan monumental como los momentos vividos este 8 de septiembre de 2026. Un año más. Otro desde la recuperación de la procesión hace más de dos décadas cuando su hermandad titular recuperó su salida a las calles este día tras más de medio siglo sin celebrarse. Una recuperación que continúa cautivando a propios y extraños. Aunque más naturales que forasteros ante la condición de festivo local, tan local como el resto de celebraciones contiguas como las de Laguna de Duero, Simancas o Medina de Rioseco. Tan propia como esta procesión que significa para muchos el reencuentro con familiares y amigos ante la atenta mirada y bajo el manto de protección de la Virgen de San Lorenzo. El encuentro festivo a las puertas de un nuevo curso laboral, colegial, político e incluso eclesial.
Desde el atrio de la Parroquia de Nuestra Señora de San Lorenzo. Porque es y fue una procesión de momentos. De miradas. Y de muchas oraciones. Se murmuraban, se leían labios, pero también se reflejaban en muchos rostros de los cofrades de acera. De los vallisoletanos. Una procesión de recuerdos por los que no están. De los abuelos. De generaciones pasadas. Pero ahí estaban los venideros. Porque el desfile de la patrona de este martes se caracterizó por los muchísimos grupos de chavalería. También de niños con sus padres. El recorrido devocional dejó estampas de ciudad con calles abarrotadas y con muchos jóvenes. Momentos de emoción y recorrido de emociones.Noticia relacionada
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Muchos jóvenes que son el propio relevo de esta religiosidad popular experimentada mismamente en los varales de las andas de la Virgen de San Lorenzo donde la media de edad de los porteadores continúa bajando, significando el arraigo que esta procesión está adquiriendo entre los vallisoletanos. Un arraigo precedido en las andas, por ejemplo, del buen hacer de cargadores como Miguel Ángel Fernández, Diego Arias, Miguel Santos o Roberto Alonso. Cuatro cofrades de paso firme procesional en la capital vallisoletana, de compromiso y buen hacer, que este martes repitieron participación, tan de corazón como de trabajo discreto. Una gloria para esta imagen románica que desfiló en su baldaquino y con los honores correspondientes como, por ejemplo, varios agentes vestidos de gala de la Policía Municipal que, además, este año, escoltaban con más orgullo y devoción si cabe al celebrar sus dos siglos de existencia. Una historia de servicio público entre lo humano y lo divino ante el patronazgo de esta virgen.
Porque fue una procesión entre lo eclesial, lo civil y lo militar. Todos estaban representados y todos tenían su representación. Desde el propio arzobispo diocesano, Luis Argüello, hasta el alcalde de la ciudad, Jesús Julio Carnero, que ocupaba su lugar junto a la primera teniente de alcalde, Irene Carvajal, además de la Corporación Municipal con representación del PP, Vox y PSOE. También representantes de organismos regional y provincial, destacando aquí el presidente de la Diputación Provincial, Conrado Íscar. Reseñar también la presencia de la superintendente de la Policía Municipal, Julia González, y el Mayor, Ignacio Ayuso. También arropados por numerosos integrantes de grupos de folclore y casas regionales de Valladolid.
Y fue una procesión tan festiva que cada paso era fiesta: desde algún trasnochador que empalmaba una noche de juerga con una mañana especialmente devocional hasta los madrugadores que montaban la ciudad, es decir, el personal de servicio que disponía las casetas de la Feria de Día o los montadores que hacían lo propio sobre el escenario de la Plaza Mayor. Precisamente este kilómetro cero se transformó más si cabe en epicentro ciudadano porque después del concierto nocturno del lunes fueron varios los voluntarios los que procedieron de madrugada a estampar la alfombra floral de este año bajo la inscripción «Valladolid, a nuestra patrona». El manto diseñado por los maestros Elena y José Antonio Gerbolés, saga de sobrina y tío, pisado por los hijos de la Virgen de San Lorenzo en su tramo de regreso, estaba conformado por casi cien metros de largo y más de cuatro toneladas de marmolinas coloreadas. Una colorista atracción por donde se engrandecieron y florearon los deseos de cofrades y vallisoletanos en su discurrir tras la solemne eucaristía en la Catedral.
Fue un cortejo procesional que, como la homilía, inspiraba esperanza. También por las excelentes notas de la Banda Pureza, los vallisoletanos que abrían el desfile. Cerrando, la Banda de la Escuela Municipal de Música. A la batuta, Ángel Páez quien, emocionado, dio las instrucciones para comenzar la interpretación de una nueva marcha, la dedicada a la Virgen de San Lorenzo. Una pieza compuesta por Katrina Pemman, una conocida flautista internacional, residente en la capital vallisoletana desde hace varios años, y que fue estrenada a la salida de la Seo Metropolitana tras el Himno Nacional. La música en el interior del templo, por su parte, cantada por el coro de la misma escuela municipal a las órdenes de Juan Pablo Hervada, prefecto de música catedralicio, que se estrenaba en el cargo.
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