Una vida con propósito: la reflexión que me dejó David Ross

Una vida con propósito: la reflexión que me dejó David Ross
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Category: Entertainment
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Por: Jorge García Quiroga Esta semana tuve la oportunidad de participar en un evento académico. Llegué con la intención de aprender, escuchar nuevas ideas y conocer experiencias que pudieran aportar a mi trabajo. Esperaba llevarme conocimientos y herramientas, pero terminé encontrando una reflexión mucho más profunda sobre la vida y aquello que nos mantiene en movimiento. Uno de los invitados que más me impactó fue David Ross, maestro de la fotografía y de la comunicación política. A sus 92 años llegó desde Ciudad de México para compartir sus conocimientos y experiencias. Estuve en su conferencia y pude comprobar que, detrás de una trayectoria admirable, había algo todavía más poderoso: una enorme curiosidad, una disposición permanente para escuchar y unas ganas intactas de seguir aprendiendo. Verlo allí, con esa energía, inevitablemente lleva a preguntarse qué lo mueve. Al día siguiente, durante el homenaje que se le realizó, tuvimos la oportunidad de conocer con mayor profundidad sus logros y detalles de su historia. Fue especial porque permitió dimensionar al ser humano detrás del profesional: una persona que, después de nueve décadas, todavía encuentra razones para viajar, encontrarse con otros y compartir lo aprendido. En su mensaje mencionó una palabra japonesa que se quedó conmigo: ikigai . Habló de su propósito de vida y nos dejó una idea sencilla pero poderosa: a su edad nunca había dejado de aprender y siempre había procurado escuchar a las personas. Lo expresó desde la experiencia de quien ha recorrido un largo camino y conserva la humildad de entender que cada persona puede enseñarnos algo. Ikigai es un concepto japonés relacionado con aquello que da sentido a la vida, una razón para vivir y para levantarse cada mañana. Con el tiempo, la palabra se ha popularizado en Occidente, pero escucharla de alguien como David Ross le dio un significado distinto. Ya no parecía una definición, sino una experiencia viva. Quizá su ikigai está precisamente en eso: aprender, crear, escuchar, enseñar y sentir que todavía tiene algo que aportar. También pensé en su hija y en su familia, en quienes han acompañado de cerca ese largo recorrido. Porque detrás de una trayectoria profesional hay una historia humana hecha de afectos, sacrificios, momentos difíciles y alegrías compartidas. Los reconocimientos cuentan una parte de una vida, pero no toda. También la cuentan las personas que estuvieron allí mientras esa historia se construía. Su mensaje me hizo pensar que muchas veces esperamos condiciones perfectas para sentirnos motivados. Creemos que necesitamos más tiempo, más oportunidades o menos dificultades. Pero quizá sucede al contrario: cuando encontramos un propósito, aprendemos a darle sentido incluso a las circunstancias que no podemos cambiar. Tener una razón para avanzar modifica la manera en que enfrentamos cada día. Por eso, la enseñanza que me dejó David Ross va mucho más allá de la comunicación, la fotografía o la política. Me dejó una pregunta personal: ¿cuál es mi ikigai ? ¿Qué me hace levantarme cada mañana? ¿Qué puedo seguir aprendiendo y qué puedo aportar a los demás? Tal vez la juventud no esté solamente en los años que tenemos, sino en las ganas de seguir teniendo un propósito. A sus 92 años, David Ross nos recordó que mientras exista un motivo para levantarnos, todavía habrá mucho por vivir, aprender y aportar.

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