Los Lobos Grises: un activismo ultranacionalista y transnacional

Los Lobos Grises: un activismo ultranacionalista y transnacional
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Category: Politics
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Por Guillaume Origoni Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera Guillaume Origoni dedica enSlateun extenso artículo a la historia y la actualidad de los Lobos Grises, y al final se pregunta sobre las medidas represivas que se les han aplicado recientemente en Francia: El pasado 2 de noviembre, Gérald Darmanin procedió a la disolución de los Lobos Grises en Francia tras una serie de acciones violentas. Sin embargo, esta iniciativa política corre el riesgo de toparse con una eficacia operativa limitada. Atacar a los Lobos Grises sin cuestionar las estructuras que los sustentan y, al mismo tiempo, evitar agravar aún más las tensas relaciones diplomáticas entre París y Ankara, constituye un verdadero desafío. Los Lobos Grises no son, en última instancia, más que la manifestación de una historia, una visión y una doctrina que trascienden el marco estricto de sus propias acciones. Si queremos comprender qué funciones cumplen los Lobos Grises, debemos adentrarnos en la psique de la nación turca sumergiéndonos en las profundidades de su ello. Turquía, debido a su ubicación geográfica, vive con el temor al «Gran Sismo» que vendría a aniquilar su nación, su historia y su civilización. Sin embargo, la falla sobre la que se desarrolló y en la que ahora se asienta no es geológica. Es, ante todo, cultural, y una de las funciones de la cultura es tener conciencia de su propia existencia. Una vez adquirida esta conciencia, la cultura debe permitir la subsistencia. Ahora bien, Turquía, que en otro tiempo fue un imperio, siempre ha vivido en la confluencia de dos mundos con el temor de ver cómo toda o parte de su ontología se inclina por completo hacia una u otra de sus orillas: Oriente u Occidente. También ha tenido que lidiar con un temor sistemático a las agresiones externas; este temor ha construido poco a poco un aparato de Estado en el que la defensa de la integridad territorial y cultural se ha vuelto sistémica. Este temor a una catástrofe global, a un colapso inminente, Tancrède Josseran, licenciado en Historia por la Universidad París IV Sorbona e investigador adjunto del Instituto de Estrategia Comparada (ISC), lo resume así: «La desaparición del Imperio Otomano (1918) y, posteriormente, la amenaza soviética arraigó en los turcos la idea de que la independencia y el poder no eran hechos dados por sentados. A partir de entonces, se impuso la necesidad de una organización que pudiera garantizar, en cualquier circunstancia, la continuidad del Estado». A principios del siglo XX, fue la Organización Especial (OS) la que desempeñó esta función. Compuesta por militares expertos en técnicas clandestinas, la OS llevó a cabo en 1913 operaciones de comando, avivó el levantamiento de las minorías en Tracia Egea (actual Grecia) y creó una República de Tracia Occidental cuya duración no superó los cincuenta y seis días, ya que, según Tancrède Josseran, esta República «es, de hecho, una moneda de cambio destinada a lograr el regreso de Adrianópolis al seno del Imperio otomano. Esta experiencia es reveladora en varios aspectos. Establece las bases de un 'servicio de acción' que se convirtió en maestro en el arte de incitar a las minorías turco-musulmanas a levantarse». Este servicio de acción sentó las bases de los servicios de inteligencia turcos que, a lo largo del siglo XX, acompañaron los cambios radicales de la nación turca, tanto en la secularización progresiva de su sociedad como en los repetidos choques que sufrió a través de los golpes de Estado de 1960, 1971, 1980, 1997, hasta el último intento fallido en 2016. Esta paranoia de Estado, que se sustenta en la voluntad de controlar los separatismos étnicos, religiosos o culturales, sigue siendo una de las matrices del nacionalismo turco. La concepción de la ciudadanía se ha ido construyendo desde el nacimiento de la República Turca en 1923. Ferhat Kentel, del departamento de sociología de la Universidad Sehir de Estambul, habla de «nacionalismo traumático» y explica al respecto: «En cierto sentido, el proyecto de ciudadanía se ha concretado, pero la nueva identidad turca se ha etnicizado a sí misma ante la idea de un 'peligro' persistente que proviene del exterior y que encuentra aliados en el interior». Así, la concepción del Estado turco conlleva intrínsecamente una urgencia permanente que combina una obsesión tanto por su propia supervivencia como por la naturaleza de lo que constituye su identidad. Este sentimiento de inseguridad perpetua encontrará progresivamente un espacio en un partido político que, aún hoy, encarna los valores de un nacionalismo inmutable: el Milliyetçi Hareket Partisi (MHP), cuyo nombre en español es Partido de Acción Nacionalista. La acción ultranacionalista como programa El MHP es la incubadora de los Lobos Grises, al igual que sigue siendo su padre. De hecho, para conquistar el CKMP (Partido Republicano del Campo y de la Nación), Alparslan Türkeş se apoyó, a mediados de la década de 1960, en las «Asociaciones de lucha contra el comunismo» (Komünizmle mücadele dernekleri) y, sobre todo, en los «Hogares del ideal» (Ülkü ocaklari); el movimiento nacionalista organizado al interior del CKMP cambiará el nombre del partido, que en 1969 pasará a ser el MHP. Fueron estos «idealistas» (ülkücü) quienes se autodenominaron «Lobos Grises». Muy activos en la lucha contra los grupos revolucionarios de la izquierda radical turca y las infiltraciones físicas o culturales de la Internacional Comunista, se ha escrito a menudo que estos idealistas constituían el brazo armado delstay-behindturco —potencia militar y miembro de la OTAN— sin que realmente se haya podido aportar prueba alguna de ello. No obstante, los Lobos Grises fueron utilizados como grupo de choque contra toda forma de ideas u organizaciones sociales y políticas que pudieran asimilarse a una izquierda internacionalista y prooccidental, ya fuera endógena o exógena. Ferhat Kentel propone el siguiente análisis para describir la actividad del grupo durante la década de 1970: «Los Lobos Grises consideraban que luchaban contra un peligro de origen extranjero. El MHP tenía entonces todas las características de un partido nazi o fascista. A modo deFühreroDuce, contaba con el Basbug (el Líder); como ideología, el 'socialismo nacionalista' (milliyetçi toplumculuk); como formación, campamentos de entrenamiento para sus comandos. La teoría provenía de los libros de Alparslan Türkeş». Con este corpus doctrinal se llevó a cabo la persecución de los militantes de la ASALA (Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia) y de los independentistas kurdos, tanto dentro de las fronteras nacionales como en el extranjero, sobre todo en Europa y, más concretamente, en Francia y Alemania. El golpe de Estado de 1980 cambió el panorama para el MHP, que se vio perseguido por sus actividades. El gobierno, deseoso de marcar una ruptura, llegó incluso a detener a Türkeş, quien seguía siendo líder del MHP. Algunos miembros del partido y de los Hogares Idealistas, acostumbrados a la acción y con conexiones con el aparato administrativo y de seguridad, se encontraron sin nada que hacer y se dedicaron a la delincuencia organizada. Así nació «la mafia idealista». La década siguiente fue la de la consolidación de las relaciones entre los servicios de inteligencia y el MHP. Los Lobos Grises son utilizados para los «trabajos sucios» por un gobierno precavido que busca establecer un cordón sanitario entre la gestión de los asuntos cotidianos y aquellos de los que es más prudente mantenerse alejado, a fin de preservar la imagen de un gobierno «normal». Algunos casos político-financieros dieron lugar a investigaciones que, una vez expuestas públicamente, sacaron a la luz los vínculos operativos entre los servicios de seguridad, el ámbito político y la mafia idealista. A finales de la década de 1990, el MHP da la imagen de un partido debilitado, dividido por luchas internas por la conquista del poder tras la muerte de su líder, Alparslan Türkeş. El MHP parece marginado por la posición que ocupa en la extrema derecha del espectro político turco. Sin embargo, tras las elecciones de 1999, el partido de los Lobos Grises y los golpes de fuerza urbanos confirma en las urnas una institucionalización que pocos habían previsto. En primer lugar, el líder que sucede a Türkeş —Devlet Bahçeli— impone una imagen y una comunicación renovadas: sin exageraciones en sus declaraciones, respeto formal de los protocolos políticos y una apariencia física y vestimenta que transmiten confianza. El MHP se normaliza, al tiempo que sigue desempeñando el papel que siempre le ha correspondido en una Turquía azotada por el auge del islam político: la «supervivencia del Estado». En otras palabras, el poder sigue contando con el MHP y los Lobos Grises como herramientas políticas y operativas para estabilizar una nación cuya sociedad está cambiando rápidamente. Esta colaboración tácita ha reforzado aún más la institucionalización del MHP y ha asegurado la perdurabilidad de los Lobos Grises, símbolos —para un sector de la juventud turca actual— de un modelo fuerte, antioccidental y garante de la unidad nacional. El MHP, las alianzas y el respaldo nacional Esta alianza del MHP con «otros partidos» fue ganando fuerza hasta las elecciones legislativas de 2018. En primer lugar, desde un punto de vista estrictamente numérico, el MHP y el Partido Bueno (iYi), que es el otro partido nacionalista turco surgido de una escisión del mismo MHP, representan el 21 % de los votos y 92 escaños en el Parlamento. Este arraigo le permitió a Olcay Kılavuz, líder de los Lobos Grises, ocupar un escaño en el Parlamento, pero también convirtió al MHP en un actor imprescindible para obtener la mayoría parlamentaria. Así, el AKP (Partido de la Justicia y el Desarrollo), dirigido por el presidente Recep Tayyip Erdoğan, debe necesariamente formar una alianza con la formación política de Devlet Bahçeli. Esta alianza, lejos de ser antinatural —dado que los tintes nacionalistas se han multiplicado en los discursos de Recep Tayyip Erdoğan desde 2015—, se resume en el lema del MHP: «Este Estado es nuestro, nosotros somos esta nación». La institucionalización del MHP a lo largo de la década de 2000 condujo a su integración en los entresijos del poder. En este contexto, los Hogares Idealistas (los Lobos Grises) gozan de un mayor margen de maniobra y continúan llevando a cabo acciones de fuerza, especialmente en el extranjero contra los enemigos de la nación turca. Cabe destacar que, con el paso del tiempo, el MHP y los Lobos Grises han modificado considerablemente su adhesión o rechazo hacia el islam político, hasta integrarlo totalmente en el proyecto panturquista que los ha animado desde sus orígenes. Por otra parte, los Lobos Grises constituyen un medio de presión del MHP para afianzar su poder. Los movimientos juveniles ultranacionalistas, que aportan la mayor parte de los miembros a los Lobos Grises, representan tanto un atractivo político y doctrinal para asegurar afiliaciones constantes como un contrapunto para la otra corriente del MHP, ciertamente nacionalista, pero cuyo enfoque respecto a la identidad turca es más moderado. La corriente mayoritaria del MHP —la de Devlet Bahçeli y Olcay Kılavuz— probablemente utiliza a los Lobos Grises como variable de ajuste para indicar al AKP que sus tropas están a disposición, incluso en el extranjero, pero que esta juventud «turbulenta» debe ser controlada y que solo los dirigentes del MHP están en condiciones de hacerlo. La Federación Turca de Francia y los Lobos Grises A este respecto, es importante señalar que una parte de la diáspora turca presente en los países de la Unión Europea está bajo el control del MHP, a través de asociaciones que son ramificaciones del… MHP. En Francia, es la Federación Turca de Francia la que representa a los militantes y simpatizantes del MHP y alberga a los Foyers idéalistes, es decir, a los Lobos Grises. El modelo sigue el de la Federación Turca Europea, encabezada por Cemal Cetin, diputado del Parlamento turco por el MHP. El objetivo de estas estructuras, incluso en Francia, es ejercer un control o, al menos, una influencia sobre la población inmigrante turca, pero sobre todo sobre sus descendientes. La Federación ofrece actividades culturales y sociales: ayuda durante la pandemia de COVID-19 (suministro de cubrebocas a los trabajadores), comidas, conciertos, encuentros… Además de en Alemania y Francia, se ha constatado la presencia de estas federaciones en Holanda, Bélgica, Austria, Suiza, Dinamarca, Inglaterra, Noruega, Suecia, Australia y Estados Unidos. Es, por lo tanto, en el seno de la Federación Turca de Francia donde se desarrollan las comunidades de los Lobos Grises, ya que, si bien todos los Lobos Grises son miembros del MHP, no todos los militantes del MHP son Lobos Grises. Sin embargo, es muy común ver en las paredes de las federaciones, tanto en Francia como en el extranjero, las tres banderas que constituyen una singular trinidad para la corriente ultranacionalista del MHP: la de Turquía se encuentra junto a la del MHP (tres medias lunas sobre fondo rojo), así como la de los Foyers idealistas o Lobos Grises (una media luna y un lobo aullando). El signo de reconocimiento de los Lobos Grises es bien conocido: el índice y el anular levantados, mientras que los demás dedos se doblan hacia el frente de la mano para simbolizar la cabeza de un lobo. Así, en el perfil público de Facebook de Hamit Tek, uno de los líderes de la rama juvenil de la Federación Turca en Francia, se puede ver cómo hace este signo frente a las tres banderas. Más preocupante aún es la relación que Ilhan Orhan, presidente de la Federación Turca en Francia, parece tener con los Lobos Grises. De hecho, a pesar del comunicado de prensa del 2 de noviembre de 2020, emitido tras la decisión del ministro del Interior de disolver a los Lobos Grises y en el que Ilhan Orhan hace un llamado al respeto por la República Francesa y sus valores fraternos. Sin embargo, Ilhan Orhan no siempre se ha mantenido alejado de los «Foyers idéalistes». El 13 de enero de 2019, se puede ver en un perfil público de Facebook una foto en la que, rodeado de los «Lobos Grises», él mismo muestra el signo de reconocimiento del grupo en una sede de la federación francesa. Hasta donde sabemos, es imposible afirmar que los sucesos que tuvieron lugar en Ródano-Alpes en octubre de 2020 —y en los que se basó el ministro del Interior para decretar la disolución de los Lobos Grises— hayan sido, de una forma u otra, orquestados a distancia por la Federación Turca en Francia o incluso por Ankara. Sin embargo, resulta llamativo constatar, por un lado, que las amenazas y consignas que se lanzaron durante esas manifestaciones violentas nos remiten a los confines históricos de la paranoia de Estado a la que nos referíamos al inicio del artículo («Aquí es Turquía», «¡Soy el comando turco, soy el comando turco, soy el comando turco!») y, por otro lado, que sigue siendo difícil comprender cuál es la estructura objeto de la disolución, ya que los Foyers idealistas están integrados en la Federación Turca de Francia, a la que no se pretende atacar en absoluto. ¿Acaso la disolución de los Lobos Grises en Francia no es, al fin y al cabo, más que una maniobra de comunicación política que no altera en absoluto la capacidad organizativa de los Foyers idealistas y que renuncia voluntariamente a hacer frente a la infiltración del MHP en Francia a través de sus asociaciones? Fuente: https://web.archive.org/web/20230212044442/https://www.slate.fr/story/197414/turquie-mouvement-loups-gris-ultranationaliste-dissolution-france-mhp-erdogan-ankara

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