Son los contrastes los que se roban la atención de esta pieza. Los índices y las agujas en oro negro destacan sobre la esfera, mientras el segundero incorpora una punta roja. En la oscuridad de la noche, el Super-LumiNova crea un brillo azul que añade otra dimensión a la pieza y refuerza la idea de un skyline iluminado en medio de la oscuridad.
La tradición suiza, reinterpretada en negro
El fondo de caja revela una representación metalizada del skyline de Hong Kong visto desde Kowloon.
(Fotografía: Cortesía Rado )
El Captain Cook Hong Kong Limited Edition también representa la apuesta de Rado por la cerámica de alta tecnología, un material que la firma incorporó a su producción desde 1986. En esta edición está presente en la caja, la corona y el brazalete, todos con un acabado negro mate.
Más allá de su estética, la cerámica destaca por ser ligera, resistente a los arañazos y agradable al tacto. Su fabricación parte de polvos de óxido de circonio que atraviesan un proceso de moldeado, horneado y sinterización a altas temperaturas para conseguir una dureza considerablemente superior a la de la cerámica convencional.
En el interior, el calibre Rado R808 automático ofrece una reserva de marcha de 80 horas, espiral antimagnética Nivachron y ajuste en cinco posiciones. La caja de 43 milímetros es hermética hasta 30 bar, lo que equivale a 300 metros de profundidad.
Rado creó solo 88 piezas de esta edición limitada, una cifra asociada con la buena fortuna en la cultura china.
(Fotografía: Cortesía Rado )
Con solo 88 piezas, el nuevo Captain Cook es mucho más que una representación de Hong Kong: captura algo de su personalidad. Una ciudad donde los templos conviven con rascacielos, los juncos tradicionales navegan junto a superyates y la tradición se encuentra constantemente con la innovación.
El resultado es un reloj de presencia contundente, pero sin necesidad de recurrir al exceso. Negro, arquitectónico y cuidadosamente detallado, podemos decir que el Captain Cook Hong Kong Limited Edition ya es uno de los skylines más reconocibles del mundo y una pieza que, quien tenga la suerte de llevarlo, presumirá un paisaje secreto en la parte posterior.
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