Cada semana llegan decenas de deportados a la ciudad haitiana de Cabo Haitiano, mientras el gobierno de Donald Trump intensifica sus esfuerzos para expulsar a los haitianos que carecen de estatus migratorio legal en Estados Unidos, y algunos ahora se encuentran varados en un lugar desconocido.
Más de 80 personas fueron devueltas la semana pasada, a menudo únicamente con los pantalones deportivos y las camisetas que proporciona el gobierno estadounidense, y con documentos del tribunal de inmigración en los bolsillos. Muchos que regresaron sin dinero dijeron que sus objetos de valor habían desaparecido durante el viaje y que ahora carecían del efectivo para volver a casa.
La carretera que sale de Cabo Haitiano, en la costa norte de Haití, está controlada por pandillas que cobran peajes a los conductores y secuestran a los viajeros. Cinco policías que intentaron hacer el viaje en autobús recientemente fueron asesinados.
El viernes, un día después de haber sido deportado, Reginald Dorvilma, de 36 años, se encontraba varado fuera de la estación de policía de Cabo Haitiano, haciendo llamadas telefónicas. Necesitaba encontrar la manera de atravesar el territorio controlado por las pandillas hasta Los Cayos, su ciudad natal, al otro lado del país.
Las autoridades de inmigración haitianas le habían entregado a él y a los otros adultos que llegaron en el último vuelo de deportación 10.000 gourdes haitianos, el equivalente a unos 80 dólares. En su primera noche de regreso, dijo, había gastado unos 20 dólares en un hotel de baja categoría y luego había comprado una muda de ropa. Le quedaban menos de 40 dólares.
'No tengo el dinero para irme', dijo Dorvilma.
En junio, la Corte Suprema de Estados Unidos permitió al gobierno de Trump poner fin al programa del Estatus de Protección Temporal (TPS, por su sigla en inglés) que había protegido de la deportación a 330.000 haitianos en todo el país. Bajo este programa, a las personas que ya estaban en Estados Unidos se les otorgaba permiso para vivir y trabajar en el país de manera legal si provenían de países considerados demasiado peligrosos para regresar. El programa se había extendido en repetidas ocasiones debido a la agitación en Haití, resultante de desastres naturales y violencia extrema de las pandillas.
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