Rodrigo Cuevas (Oviedo, 1985) encenderá el recinto de La Ería durante la noche del próximo 21 de septiembre. Convencido de que tocar en ... el día grande de San Mateo es un orgullo y una responsabilidad, explica a EL COMERCIO en este entrevista que volver a su ciudad –donde quizás no ha actuado tantas veces como otros artistas pese a ser, efectivamente, uno de los ovetenses con mayor reconocimiento de la escena musical actual– es un «clamor popular»: «¿Cómo no voy a estar en mi ciudad?».
–Después de todo lo que ha ocurrido este verano, ¿con qué ánimo vuelve a Oviedo para actuar en San Mateo?
–Mucho ánimo. Yo siempre voy con mucho ánimo a todos los sitios, muy contento. No venía desde el concierto en el Campoamor. Hace tiempo ya.
–¿Temió por la suspensión del concierto en algún momento?
–No, la verdad que yo no le tuve ningún miedo porque estaban las entradas vendidas. Fue una cosa un poco rara.
–Aun así, es muy crítico con el actual modelo de fiestas.
–A mí no me provoca ningún problema, pero sí es verdad que hay gente que lleva mal las críticas y puede ser que toque menos en Oviedo porque diga lo que pienso. No pasa nada porque acabo viniendo porque el clamor popular me lo pide. ¿Cómo no voy a estar en mi ciudad? Es de derecho. No pasa nada. Estamos viniendo poco, pero vengo.
–¿No le gusta el modelo?
–Lo que se ve no se pregunta. Es algo que opina todo el mundo. Son menos fiestas. Es una cosa como una semana cultural, con cosas que están bien, otras que están muy bien, cosas que no. Hay una cosa que no es cuestión de gustos, sino de objetividad: son menos populares y no se vive el ambiente que se vivía. A mí me gustaba salir a los chiringuitos a cantar y a pasarlo pipa. Nos juntaba a todos y nos hacía iguales. Unían mucho. Gabino en El Rincón tomando un mojito… Ahora es menos festivo, más ordenado. Las fiestas tienen que tener un punto de desorden porque si no, no son tan fiesta.
–¿Va a haber salseo durante el concierto?
–Va a haber salseo, cosas especiales, colaboraciones, alguna canción inédita. Mucho mamarracheo, mucho puterío y mucho cuerpo, mucho baile y mucha panoya.
–¿Se puede convertir esta ciudad en ese cabaré? ¿Hay espacio para esa diversidad social y cultural?
–Claro que cabe. Los cabarés son pequeñas burbujas que se pueden crear en cualquier sitio. Y cuanto más profundo, se ve el hoyo en el que te metes… Los cabarés se hacen para sobrevivir ante ciertas cosas que uno vive y no puede asumir y no le queda otra que crear esos pequeños subterfugios en los que la libertad, el libertinaje y la diversión te sacan y te llevan durante unos momentos a un sueño, y eso te alimenta para seguir viviendo y sobreviviendo. El cabaré siempre está bien.
–¿Va a cantar la copla de los hackers turcos?
–No lo sé, nunca se sabe. Me acaba de resucitar una idea. La última vez que la toqué fue en el Campoamor.
–¿Aquello ya está olvidado?
–Bueno, olvidado no, pero me lo tomo con humor, porque el humor siempre me dio mucha ayuda para no tomarse muy en serio las cosas. Cada día me demuestra más lo útil que es y lo mejor que hace a las personas y al mundo.
–¿Qué supone actuar en el día grande de San Mateo?
–Es una maravilla cerrar San Mateo. Es genial. Aunque yo creo que la noche más popular es la noche antes, pero a mí ese día siempre me gustó: comer el bollu e ir por ahí con la resaca a dar un voltio.
–Vuelve a la ciudad que es su ciudad y que ahora quiere ser Capital Europea de la Cultura. ¿Algún consejo?
–Yo le diría a Oviedo que ha escogido un lema maravilloso e ideal, la 'Amabilidá', para este momento en el que estamos. Que cada mañana se lo repitan los carbayones y todos los asturianos, y demos ejemplo al mundo, pero de verdad. Las palabras no vale solo escribirlas, hay que meterlas dentro y ejercerlas hasta sus últimas consecuencias. Me parece maravilloso el lema que escogieron y ahora hay que ponerlo en práctica.
–¿Está participando o te gustaría participar en el proceso?
–De momento no estoy participando, pero tengo grandes amigas trabajando en el proyecto y lo voy siguiendo y lo conozco. Muy buen criterio desde esa filosofía de la amabilidad y de intentar, a través de la cultura, recuperar puntos de encuentro que perdemos en otros estratos sociales y que, a través de la cultura, podamos llegar a sentir que todos formamos parte de la misma ciudad. Lo están haciendo muy bien.
–¿Diría que esa mezcla suya entre la tradición, la cultura popular y la contemporánea y la provocación, que forman su lenguaje artístico, podría ayudarnos a ser mejores?
–Puede ayudarnos a ser mejores. La historia de la humanidad es un desastre de principio a fin. Lo único que nos podemos quedar de la historia es el arte. El resto es guerras, invasiones, conquistas y todo eso que no nos gusta nada. Algo de lo que el ser humano se debería estar avergonzando. Y, al final, lo único bello que nos queda, el residuo, la decantación de toda esa mierda, es la cultura y es el arte. Y es lo único bueno que nos queda. Si le pusiésemos más foco y empeño al arte, el mundo sería bastante más amable y menos raro.
–Hace un tiempo dijo que mezclarse elimina el supremacismo. ¿Cómo ve lo que está pasando en Ceuta?
–Si tuviéramos un poco más de cultura, no habría gente levantando los brazos por ahí y diciendo barbaridades racistas.
–¿La gente está más dividida que nunca? ¿La confrontación le ha ganado al diálogo?
–No sería tan catastrofista diciendo que estamos más divididos que nunca, porque «nunca» es una palabra muy grande y muy larga. Hay que buscar un relato más esperanzador. Hubo momentos de más división y salimos de ellos. Hay que pensarlo así. No estamos ante el fin de los tiempos ni ante el abismo, que hubo momentos en que estuvimos peor y supimos sacarlo adelante. Va muy rápido todo, tenemos un montón de factores nuevos que se nos hacen inabarcables y parece que somos incapaces de controlar y gestionar, con todo lo que da el mundo virtual y su complejidad, pero quiero pensar que sí, que tenemos algo que aportar a los que vienen detrás. ¿Qué hacemos? ¿Tiramos la toalla? Me niego.
–¿En qué momento artístico se encuentra? ¿Qué será lo siguiente?
–Todavía no pasó un año desde que salió el disco y estoy ahí con la gira. No sé qué viene después. No soy una persona que escriba canciones todos los días. Necesito acabar la gira, parar, un proceso lento. Cuando acabe, veré.
–Premios, grandes escenarios, reconocimiento nacional e internacional… ¿Cómo se lleva todo eso?
–Yo lo llevo bien porque sigo haciendo la misma vida que hacía antes y estoy muy centrado en estar en Piloña trabajando con La Benéfica e intentando revertir todo lo que me llega en el vecindario y la comunidad y que sirva para subir un poco la autoestima colectiva, que en Asturias nos hace mucha falta. Está cambiando desde hace unos años nuestra autopercepción y eso es muy bueno.
–¿Mejor desde el pueblo?
–Para mí sí, porque si no imagínate, todo el día en la ciudad, yendo a eventos… Quita.
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