El Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad (TDAH) es el más diagnosticado en la infancia y en la adolescencia tanto por médicos como por ... psicólogos, según apunta el psicoterapeuta Rafa Guerrero. Pero hay que tener especial cuidado con banalizar este problema. No todos los niños o niñas que no se concentran en sus tareas, que son incapaces de mantenerse durante horas sentados o son impulsivos, padecen TDAH.
En un vídeo reciente publicado en TikTok por Formación Psicoterapia, Rafa Guerrero incide en este aspecto y ofrece un dato bastante significativo: «Los niños nacidos en diciembre tienen un 39% más de probabilidades de ser diagnosticados con TDAH», eso sí, no siempre de manera correcta. El psicoterapeuta se basa en un estudio llevado a cabo por la Universidad de Columbia que, durante 11 años, realizó un seguimiento a un millón de niños en la provincia de Columbia Británica (Canadá). Se da la circunstancia de que en esta región la fecha límite escolar es el 31 de diciembre, igual que ocurre en España, por lo que los nacidos en diciembre son los más jóvenes de la clase y los de enero los más mayores. «La única diferencia entre esos niños es que unos llevan 11 meses más de vida. Nada más», puntualiza Rafa Guerrero, quien añade que, no obstante, al estar en la misma clase se les exige lo mismo.
El estudio de la Universidad de Columbia alertaba de un sobrediagnóstico y sobremedicación médica por TDAH, por una sencilla razón, se estaba interpretando de manera equivocada la falta de madurez de los niños nacidos en diciembre con un trastorno del neurodesarrollo. La impulsividad, la menor capacidad de atención o el exceso de energía —normales a los 5 años recién cumplidos— se etiquetaban como síntomas de TDAH al compararse con la conducta de niños de casi 6 años de su misma clase (nacidos en enero), cuando entre ambos existía casi un año de difencia y de maduración, apuntaban los investigadores.
El aspecto que más preocupó al equipo fue la prescripción de estimulantes como el metilfenidato. El estudio reveló que los niños de diciembre tenían un 48% más de probabilidades de ser medicados. Los autores incidieron en el riesgo de exponer a niños sanos a efectos secundarios innecesarios como problemas de sueño, pérdida de apetito o impacto en el crecimiento, «por un diagnóstico sesgado por la fecha de nacimiento».
El psicoterapeuta Rafa Guerrero llama a la reflexión: «Comparar a un niño de diciembre con uno de enero es comparar dos madureces distintas y llamar trastorno a la diferencia». Más cuando «lo hacemos con muy poco». El especialista afirma que no existe una prueba que ponga de manifiesto el TDAH, ni un test, analítica o neuroimagen concretos. «Estamos diagnosticando síntomas y los síntomas no son la raíz». Guerrero explica que «el cerebro de un niño con TDAH va con el freno de mano echado, sobre todo la corteza prefrontal, que es la última zona en desarrollarse y la que permite concentrarse, planificar y frenar impulsos».
Como concluyó en su momento el estudio de la Universidad de Columbia «los evaluadores deben considerar la edad relativa en el aula antes de confirmar el trastorno, evitando así transformar la imnaturalidad propia de la edad en una patología médica».
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