El periodismo lo ha llevado a Inglaterra, Brasil, Portugal y México. Nació al sur de España, pero hoy es más mexicano que cualquiera y mantiene la misma pasión por la escritura que cuando empezó a publicar a los 20 años.
El triunfo de la extrema derecha en Alemania se debe al carisma de un joven con nostalgia por un pasado parecido al que llevó a la victoria a Hitler hace 93 años Ulrich Siegmund reparte en campaña ejemplares de la revista Der Spiegel en la que lo describe como"el hombre más peligroso de Alemania"había caído.
Aquella legendaria noche del 9 de noviembre de 1989 convenció a Francis Fukuyama de que el fin de la historia había llegado con el triunfo del capitalismo y laestá de regreso y puede triunfar en las urnas.
Si bien no existe en la victoria de AfD el componente totalitario del Partido Nazi —escuadrones de la muerte y abolición de los partidos políticos y el Parlamento —, los discursos de campaña de Siegmund desprenden un tufo neofascista que debería poner en alerta máxima a Europa; no solo por lo que decía, siempre sin perder la sonrisa, sino porque convenció a un asombroso 44 % dellogró 39 escaños en el estado, a solo tres de gobernar en solitario. Algo que podría facilitar, paradójicamente, el partido populista de extrema izquierdaforme gobierno— y se abstiene en la votación.
De esta manera, abriría la puerta a un gobierno por mayoría simple: el primer ejecutivo de extrema derecha en un territorio alemán desde la caída del último territorio alemán con gobierno nazi, en la frontera con Dinamarca, que se rindió el 23 de mayo de 1945, 23 días después del suicidio de Hitler y 15 días después de la rendición formal delque recorre el mundo, impulsada por el liderazgo de Donald Trump desde Washington.con el que triunfó recientemente en Colombia Abelardo de la Espriella y con el que pretenden lograrlo pronto Flávio Bolsonaro en Brasil o Marine Le Pen en Francia, y que se resume básicamente en: los culpables de todos los males son los inmigrantes y los partidos tradicionales que permitieron la entrada de refugiados; los combustibles fósiles no son responsables del; el feminismo y el colectivo LGBTIQ+ son culpables de la masculinidad acomplejada; el islam es culpable de la pérdida de los valores cristianos… Sin embargo, el joven Uli tuvo que recurrir a sus dotes de vendedor de perfumes y a su sonrisa perenne para salvar dos obstáculo y lograr lo que parecía imposible: que la extrema derecha neofascista triunfara en el corazón de Europa, donde el fascismo degeneró en totalitarismo hace casi un siglo.
Y hacerlo, además, en el estado alemán donde precisamente hay menos inmigrantes a los que culpar. El segundo obstáculo lo resolvió recurriendo a la oratoria de Trump cuando logró victorias clave en estados en declive: si no hay tantos inmigrantes es porque están en otros países a donde se llevaron las fábricas desmanteladas de aquí.
; desde luego no por el regreso al comunismo de la era soviética, sino por su desmantelado sistema que garantizaba el empleo seguro, la sanidad y la educación gratuitas, la vivienda garantizada y, por supuesto, el orden y la seguridad, a costa de la falta total de libertades, la represión y la censura. Armado con su sempiterna sonrisa, Uli lideró una exitosa campaña con videos en los que recorría las calles en paseos grupales manejando una—la icónica motocicleta de la extinta RDA—.
Fue una manera de empatizar con los mayores y las trampas de la memoria selectiva, que solo recuerdan los «buenos viejos tiempos», pero también con los jóvenes e indecisos cansados de las promesas incumplidas de la, ha tenido que salir al paso para anunciar que no va a dimitir y que su nueva misión es que los neofascistas no lleguen a controlar nunca el Reichstag en Berlín.usó la portada para victimizarse en redes sociales y recurrir al sarcasmo al considerar que había recibido un impagable «espaldarazo» a su campaña.
Así lo vieron también analistas que acusaron a la publicación de hacer propaganda indirecta a favor de Siegmund, convirtiéndolo en una especie de Robin Hood contra elEn cualquier caso, la hora de la verdad llegará cuando se sepa si logra gobernar o no, y si cumple su amenaza de segregar en las escuelas a los refugiados y se empeña en, negándose a condenar el Holocausto como el mayor crimen contra la humanidad —«no me atrevo a juzgarlo porque no puuedo hacer un balance de toda la humanidad»— e imponiendo un nuevo adoctrinamiento que pretenda recuperar, como prometió, el orgullo de los alemanes por su pasado..y. como si las cámaras de gas de
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