En septiembre de 1998 la situación petrolera de Venezuela pasaba por series dificultades.La cesta petrolera venezolana cotizaba en torno a los $8.50 y $9.00 dólares por barril, frente a los $19.30 dólares promedio de 1997.
Con una economía altamente dependiente de la renta petrolera,el desplome del precio asfixió el presupuesto público del gobierno de Rafael Caldera, obligando a severos recortes de gasto a pocos meses de las elecciones presidenciales de diciembre de 1998 en la que ganó un aprendiz de estafador.
Sin embargo a pesar del desplome de los precios, la capacidad operativa de Petróleos de Venezuela (PDVSA) alcanzaba su cúspide histórica,produciendo aproximadamente 3.4 millones de barriles de crudo diarios.
Las multinacionales operaban activamente en el país mediante convenios operativos y asociaciones estratégicas conChevron, ExxonMobil, Conoco-Phillips, Total, entre otras, en el Lago de Maracaibo y la Faja del Orinoco.
PDVSA era vista internacionalmente como una exitosa corporación pública corporativa, altamente profesionalizada y con estándares operacionales globales.Investigaba, extraía, producía, refinaba, comercializaba, vendía y compraba. La gente del petróleo venezolano cubría toda la correa de comercialización, geopolítica, diplomacia y poder.
Habían tensiones y confrontaciones que fueron resueltas por la diplomacia de carrera. Bajo la estrategia de la 'Apertura Petrolera',Venezuela había violado sistemáticamente las cuotas de producción asignadas por el cartel de la OPEP para ganar cuota de mercado global, lo que generó fuertes tensiones geopolíticas con Arabia Saudita y los países del Golfo Pérsico.
Para contener la caída vertiginosa de los precios, en marzo y junio de 1998, Venezuela (representada por el ministro Luis Giusti), Arabia Saudita y México coordinaron compromisos internacionales de reducción de exportaciones.Sin embargo, la indisciplina por el incumplimiento venezolano seguía bajo fuerte cuestionamiento internacional. Era la jugada del momento a pocos meses de las elecciones venezolanas.
PDVSA proyectaba duplicar la producción hacia los 6 millones de barriles diarios para la siguiente década, abriéndose paso hacia una mayor riqueza y abundancia de cara al nuevo siglo 21, pero el populismo detrás del paracaidista Hugo Chávez vendió como pan caliente la profunda desconexión de la sociedad venezolana con la envidiada opulencia corporativa de la estatal petrolera y el deterioro socioeconómico generalizado, en un país con las mejores universidades autónomas públicas de América Latina, educación y salud gratuitas, gasolina en centavos y supermercados con anaqueles llenos de productos propios e importados, nivel y calidad de vida y los problemas propios de un país con Estado de derecho, libertad y democracia.
A tres meses de su triunfo, Hugo Chávez cuestionó la meritocracia de la 'Apertura petrolera' y prometió redireccionar la aún voluminosa renta petrolera hacia el gasto social e incrementar los precios del crudo mediante un alineamiento estratégico con la OPEP.
Dos años después Chávez quiso intervenir PDVSA y el BCV, despidió forzosamente con un pitico a 7 altos gerentes, 12 ejecutivos y 20 mil trabajadores expertos de la industria en el no tan célebre 'Aló Presidente' del 7 de abril del 2002, que fue el detonante de las protestas de abril y el paro cívico nacional de finales del 2002 y principios del 2003.
Años más tarde, en 2007, el propioChávez admitió públicamente que provocó de manera deliberada la crisis de PDVSA mediante esos despidos para tomar el control operacional e ideológico de la industria estatal. El resto es historia.
Lo que ocurrió durante los siguientes 28 años fue un desmantelamiento metódico: la industria petrolera, orgullo y motor del hemisferio,fue pulverizada por una alianza de rapiña ideológica e incompetencia donde desfilaron La Habana, Pekín, Teherán y Moscú.
Todos los gritos de indignación fueron ahogados. Los altos niveles de corrupción arrasaron con toda una nación.
El 3 de enero de 2026, la captura de Nicolás Maduro expuso ante el mundo la radiografía real de la catástrofe: una industria reducida a chatarra en bancarrota, incapaz de sostener la vida de sus propios ciudadanos.
Hoy, Venezuela se encuentra atrapada en una doble paradoja: posee las mayores reservas probadas de crudo del planeta, pero necesita bajar la cabeza ante el capital extranjero para lograr capitalizar a través de su extracción.
Quienes hoy reaccionan con virulenta indignación ante el pragmatismo del 'rescate petrolero de Dólar Trump' parecen no entender un hecho incuestionable: el país previo a 1998 ya no existe, y las ruinas no se reconstruyen con nostalgias y victimismo, sino con normas, instituciones y capital.
El vacío de poder dejado por el colapso del régimen dio paso a un pragmatismo crudo.Este tutelaje de EEUU expone la fragilidad de un país que necesita urgente flujo de caja para estabilizar su infraestructura devastada, pero que al mismo tiempo carece de un Estado de derecho consolidado y de un marco institucional que le garantice al nuevo ciudadano elecciones libres y reglas de juego perdurables.
Esta semana la web especializada en geopolítica, Semafor, señaló que no cabe duda de que Venezuela está experimentando un nuevo auge petrolero.Las exportaciones aumentaron un 30% en agosto con respecto al mes anterior. Y el flujo de los 17 yacimientos que anteriormente manejaban China y Rusia y que fueron asignados a NABEP podría duplicarse para 2030 simplemente con el aumento de la producción en los yacimientos existentes, teniendo como fuente la WEB especializada en energía y petróleo, Rystad.
Una pregunta incómoda de Associated Press expone la severidad de la ecuación matemática del rescate.
¿Venezuela está recuperando su industria petrolera o está entregando el control de su principal activo a cambio de la posibilidad de volver a producir?
El reportaje sintetiza las cifras en una ecuación:
300.000 millones de barriles de reservas
↓
65.000 millones bajo el nuevo acuerdo
↓
≈22% de las reservas nacionales
↓
100 años de derechos
↓
capital + tecnología estadounidense
↓
reconstrucción de una industria devastada
↓
producción actual: ≈1 millón b/d
…Y deja un vértice fundamental:'Venezuela posee una de las mayores reservas petroleras del planeta, pero necesita capital extranjero para volver a convertir esa riqueza en producción, empleos e ingresos', y agregamos de ser posible, en una nueva democracia, con nuevos liderazgos y oportunidades para desarrollarnos como una nueva República, que no somos.
La mayoría de los venezolanosnorechazan la inversión estadounidense.Lo que cuestionan es el precio político y patrimonial que Venezuela debe pagar por recuperar una industria que alguna vez consideró con orgullo exclusivamente suya.
¿Podrá Venezuela tener algún día ese control y capacidad para la reconstrucción nacional?
@damasojimenez
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