Dormir mal después de los 50: el cambio invisible que puede afectar la memoria

Dormir mal después de los 50: el cambio invisible que puede afectar la memoria
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Category: Health
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A partir de los 50 años muchas personas comienzan a notar algo que, a primera vista, parece no tener relación con el descanso: cuesta más recordar un nombre, una palabra o por qué se entró a una habitación. A veces se atribuye directamente a la edad, pero el sueño puede ser una pieza importante de la explicación. El National Institute on Aging (NIA) señala que los adultos mayores necesitan, en general, entre 7 y 9 horas de sueño por noche, la misma cantidad recomendada para otros adultos. Sin embargo, con el envejecimiento suelen aparecer cambios en la calidad y continuidad del descanso: más despertares durante la noche, dificultades para conciliar el sueño o despertar demasiado temprano. Y ahí aparece un cambio que puede pasar inadvertido: no necesariamente se duerme mucho menos, pero se puede dormir peor. El cambio invisible que ocurre mientras dormimos El sueño no es un estado uniforme. Durante la noche el cerebro atraviesa diferentes etapas que cumplen funciones relacionadas con la recuperación física y mental. Una revisión científica que analizó 72 estudios en adultos mayores sanos encontró asociaciones entre distintos parámetros objetivos del sueño y el rendimiento cognitivo. Entre sus resultados, una menor fragmentación del sueño nocturno se relacionó con un mejor desempeño de la memoria. Dormir mal. ( Imagen web ) Esto ayuda a explicar por qué una persona puede permanecer varias horas en la cama y, aun así, levantarse con la sensación de no haber descansado. Los despertares frecuentes interrumpen la continuidad del sueño y pueden alterar el tiempo que se pasa en determinadas etapas. El resultado puede sentirse durante el día como cansancio, dificultad para concentrarse o pequeños olvidos. El NIA advierte que dormir mal puede provocar problemas de memoria y olvidos durante el día. También señala que la mala calidad del sueño se ha relacionado con dificultades para resolver problemas y concentrarse en adultos mayores. Después de los 50, la memoria no necesariamente está 'fallando' Olvidar ocasionalmente un nombre o tardar unos segundos más en encontrar una palabra no significa necesariamente que exista un deterioro cognitivo. El sueño está ligado con el bienestar ( Imagen web ) El envejecimiento normal puede producir algunos cambios en la memoria y en la velocidad con la que se procesa información. El NIA distingue estos olvidos habituales de los problemas más importantes asociados al deterioro cognitivo leve o a las demencias. Por eso, cuando aparecen olvidos ocasionales junto con noches de sueño fragmentado, el descanso debería formar parte de la explicación que se analiza, especialmente si el problema se vuelve frecuente. Dormir seis horas o menos también puede ser una señal de alerta La cantidad de horas importa, aunque no es el único aspecto que cuenta. El NIA cita una investigación realizada con casi 8.000 personas en la que quienes tenían entre 50 y 70 años y dormían seis horas o menos por noche presentaban un mayor riesgo de desarrollar demencia posteriormente. La institución aclara que la relación podría estar vinculada, entre otros mecanismos, con procesos cerebrales asociados a la acumulación de beta-amiloide. Pero hay que interpretar estos resultados con cautela: una asociación no demuestra que dormir poco sea, por sí solo, la causa de una demencia. De hecho, la investigación científica sobre sueño y deterioro cognitivo muestra resultados complejos. Una revisión sistemática y metaanálisis que reunió 35 muestras independientes y casi 97.300 participantes de 55 años o más encontró una asociación entre duraciones extremas del sueño —tanto muy cortas como muy largas— y un peor funcionamiento cognitivo. Investigaciones más recientes también describen una posible relación en forma de 'U' entre la duración del sueño y el deterioro cognitivo, aunque los propios investigadores advierten que la certeza de buena parte de la evidencia todavía es limitada. ¿Qué tiene que ver el sueño profundo con el cerebro? Una de las hipótesis que estudia la ciencia está relacionada con los procesos que ocurren durante el sueño profundo. En investigaciones apoyadas por el NIA, una menor cantidad de ondas cerebrales lentas durante el sueño se asoció con mayores niveles de beta-amiloide en determinadas regiones cerebrales. También se encontraron asociaciones entre determinados patrones del sueño y la presencia de proteína tau en una región vinculada con la memoria a largo plazo. Estos hallazgos no significan que una mala noche provoque Alzheimer. Lo que muestran es que el vínculo entre sueño y salud cerebral es mucho más complejo de lo que parece. Además, existe una relación que puede funcionar en ambos sentidos: algunos cambios cerebrales asociados con enfermedades neurodegenerativas pueden alterar el sueño, mientras que los problemas persistentes de sueño podrían estar relacionados con procesos que afectan la salud cerebral. Dormir mal después de los 50 años. Imagen ilustrativa. ( La Voz / IA ) Las señales de que el problema puede estar en el descanso Hay algunas situaciones que merecen atención si se repiten: Dormir varias horas pero levantarse habitualmente cansado. Despertarse muchas veces durante la noche. Tener dificultades para volver a dormirse. Despertarse demasiado temprano. Sentir somnolencia durante el día. Notar problemas de concentración. Tener más olvidos de lo habitual. Necesitar dormir mucho más o mucho menos que antes. El NIA recomienda consultar con un profesional de la salud cuando una persona tiene sueño constantemente o tiene dificultades para dormir lo suficiente durante la noche. La clave no es solamente dormir más Uno de los errores más frecuentes es pensar que, después de los 50, la solución consiste simplemente en pasar más tiempo en la cama. La evidencia disponible apunta a que la calidad, continuidad y regularidad del sueño también importan. Una persona puede acostarse ocho horas, pero si permanece despierta durante largos períodos o tiene despertares constantes, el descanso puede no ser reparador. Entre las recomendaciones del NIA aparecen mantener horarios regulares para acostarse y levantarse y evitar las siestas al final de la tarde o durante la noche. También es importante revisar junto con un profesional factores que pueden interferir con el sueño, como determinados medicamentos, dolor, enfermedades, estrés o trastornos específicos del sueño. El mensaje para después de los 50 Los pequeños olvidos no deben generar automáticamente preocupación. Pero cuando aparecen junto con un cambio persistente en la calidad del sueño, vale la pena prestar atención. Dormir bien no es solamente una cuestión de levantarse con más energía al día siguiente. La evidencia científica muestra una relación cada vez más estudiada entre el descanso, la memoria y el funcionamiento del cerebro durante el envejecimiento.

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