Monseñor Urbanč encabezó la misa por los 22 años del terremoto que sacudió Catamarca y dejó una reflexión que une la tragedia con la fe. Lo que dijo sobre aquel día en que la tierra tembló...
Monseñor Luis Urbanč encabezó este lunes la celebración por los 22 años del sismo de 2004 y dejó un mensaje que une fe y memoria. Frente a la imagen de la Virgen del Valle, el obispo agradeció la protección que, según dijo, evitó muertes por derrumbes.
'Nos hemos congregado en torno a la Sagrada Imagen de Nuestra Señora del Valle para agradecer su ininterrumpida protección sobre nuestra Provincia', expresó al iniciar su homilía en la misa del 7 de septiembre.
Un aniversario que no se olvida
Urbanč recordó el momento exacto en que 'comenzó a temblar la tierra' y remarcó que, a pesar del pánico generalizado y del colapso parcial de algunos edificios históricos, no hubo que lamentar ninguna muerte directa como consecuencia de los derrumbes.
Para el obispo, ese hecho atribuido a la intercesión de la Virgen del Valle transformó la tragedia en un símbolo de fe y cohesión comunitaria. En ese sentido, aseguró que la Fiesta de la Protección 'preserva la memoria colectiva del impacto sísmico y refuerza la identidad religiosa de los catamarqueños'.
El ejemplo de María en Caná
En otro tramo de la homilía, el prelado se detuvo en el Evangelio de la Boda de Caná, el primero de los signos de Jesús, y puso el foco en la actitud de María, que advierte la necesidad de la familia cuando empieza a faltar el vino.
'Ella no es una mera espectadora en el banquete; es la mirada atenta que percibe la necesidad antes de que se transforme en vergüenza para los esposos', afirmó.
Urbanč destacó el valor de la 'observación compasiva' de María, que nota el apuro de la familia mientras los invitados disfrutan. Su intercesión, dijo, nace del amor atento hacia las necesidades más sencillas de la vida humana. Y trazó un paralelo directo con el terremoto: 'Así obró durante el angustioso sismo del 2004. Nadie le pidió que nos cuidara, sencillamente lo hizo'.
También se refirió a las palabras de María a Jesús: 'No tienen vino'. Explicó que ella no impone una solución ni exige un milagro, sino que presenta la necesidad con confianza en la bondad de Dios.
Además, señaló que la última frase de María en los Evangelios, 'Hagan lo que Él les diga', constituye un testamento espiritual para todo discípulo. La Virgen, sostuvo, no busca protagonismo sino que apunta constantemente a Jesús como fuente de salvación y transformación.
'También a nosotros y a los que vendrán, la Madre Celestial nos recuerda que hagamos siempre lo que Jesús nos enseña para que nunca nos falte la protección y bendición divina a nuestros hogares y trabajos', agregó.
La oración final
Hacia el cierre, Urbanč dirigió una oración a la Virgen del Valle y volvió a evocar el sismo de 2004. 'Recordamos con fe el día en que tu mano invisible nos amparó, cuando la tierra tembló y tu manto materno nos preservó de todo peligro', expresó.
'Gracias, Madre, por ser refugio seguro en las horas de angustia, por velar por nuestras familias y sostener la esperanza de nuestras comunidades', manifestó.
Finalmente, pidió que la Virgen bendiga los hogares, guíe a quienes sufren y fortalezca la fe en los días inciertos. 'Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios', concluyó.
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