La Bombonera recibirá este martes a un San Pablo difícil de descifrar. El rival de Boca por la ida de los cuartos de final de la Copa Sudamericana combina una cara imponente en el plano continental con una versión mucho más terrenal en el campeonato brasileño y, sobre todo, una racha como visitante que abre una ventana de esperanza para el equipo de Rodolfo Arruabarrena.
El conjunto paulista aún no perdió en esta edición de la Sudamericana: suma cuatro victorias y cuatro empates desde la fase de grupos y es el único participante que nunca estuvo en desventaja en el marcador. Cada vez que golpeó primero, sostuvo la ventaja o, al menos, el resultado: arrastra 39 encuentros sin derrotas en torneos de la Conmebol después de abrir el marcador, con un saldo de 32 triunfos y siete igualdades.
Ese rendimiento contrasta con lo que muestra en el Brasileirao. San Pablo estuvo diez fechas sin ganar en el torneo local y hoy transita la mitad de la tabla. Sin embargo, llega a Buenos Aires en su mejor momento reciente: encadenó dos victorias consecutivas y viene de superar 2-0 a Atlético Mineiro, que acumulaba 14 partidos invicto, en lo que fue su actuación más convincente desde el regreso de Dorival Júnior al banco de suplentes.
La gran grieta se abre cuando se miran sus números fuera de casa. El equipo no gana como visitante desde el 7 de abril, cuando venció 1-0 a Boston River en Uruguay por la fase de grupos de esta misma Sudamericana. Desde entonces pasaron 12 presentaciones lejos del Morumbí sin festejos. Es un registro que invita a Boca a ilusionarse con sacar ventaja en la Bombonera.
Pero hay otra estadística que obliga a la cautela: San Pablo se hizo fuerte ante equipos argentinos en el ámbito continental. Ganó siete de sus últimos nueve cruces frente a rivales de la Argentina en torneos de la Conmebol y tres de esos triunfos fueron como visitante, ante Racing en 2021, Tigre en 2023 y Talleres en 2025. La experiencia en este tipo de escenarios aparece como uno de sus activos más importantes.
Dorival Júnior parece haber encontrado en las últimas semanas una estructura que potencia al plantel. Apostó por una línea de tres zagueros, con Robert Arboleda como referencia central, carrileros con gran recorrido y una presión alta mucho más agresiva que en etapas anteriores. El resultado se vio frente a Atlético Mineiro: San Pablo remató 21 veces contra apenas dos intentos de su rival.
Ese dibujo también exhibe puntos vulnerables. Para dar amplitud, los carrileros se instalan muy arriba y, cuando el equipo pierde la pelota, dejan espacios a sus espaldas. Los stoppers deben salir lejos de su zona para cubrir esas espaldas y ahí puede aparecer una oportunidad para Boca si consigue superar la primera línea de presión y acelerar antes de que San Pablo recomponga la línea de cinco en el fondo.
En ataque, Luciano es el hombre a seguir de cerca. Es el máximo artillero del equipo en esta Sudamericana, con tres tantos, y suma 14 en toda su trayectoria en el torneo. Si anota en la Bombonera, alcanzará los 15 gritos y se subirá al quinto puesto de la tabla histórica de goleadores de la competencia, junto a Miguel Borja, Bernardo Cuesta y Nicolás Fernández. Su radio de acción oscila entre el centro del área y los movimientos de falso nueve, mientras que Artur aporta desborde y velocidad desde las bandas.
La presencia de Jonathan Calleri agrega un condimento emocional al duelo. El delantero, que entre 2014 y 2016 disputó 61 partidos y marcó 23 goles con la camiseta de Boca, está regresando de una lesión importante. El fin de semana ingresó en el segundo tiempo y fue preservado pensando en el cruce copero. Dorival deberá resolver si lo incluye desde el arranque o si mantiene un frente de ataque con mayor movilidad y rotación.
Para San Pablo, la serie tiene un peso específico enorme. La Copa Sudamericana se presenta como la gran chance de maquillar una temporada irregular en Brasil y el propio Dorival lo dejó claro al anunciar que concentrará 'todas las fuerzas' en este enfrentamiento, al que definió como 'un clásico sudamericano'.
La historia entre ambos respalda esa etiqueta. Será la quinta llave mano a mano entre Boca y San Pablo en competencias de la Conmebol. El Xeneize se impuso en tres de las cuatro anteriores: semifinales de la Copa de Oro 1993 y de la Supercopa 1994, y la Recopa 2006. El club paulista se quedó con la serie más reciente, en los octavos de final de la Sudamericana 2007, cuando Boca ganó 2-1 en la Bombonera pero perdió 1-0 en Brasil y quedó eliminado por la regla del gol de visitante.
En este contexto, el cuadro brasileño se presenta como un adversario complejo de catalogar. Llega invicto y sólido en la Sudamericana, encontró un sistema que lo potencia y dispone de nombres de peso y experiencia. Al mismo tiempo, arrastra cinco meses sin ganar fuera de casa, ofrece espacios cuando pierde la pelota y todavía no logró borrar del todo su irregularidad doméstica. En la Bombonera comenzará a definirse cuál de esas dos caras termina imponiéndose.
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