En ciudades donde el yidish casi desapareció, jóvenes ucranianos decidieron aprenderlo para entender qué había antes

En ciudades donde el yidish casi desapareció, jóvenes ucranianos decidieron aprenderlo para entender qué había antes
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El yidis en Ucrania fue durante siglos mucho más que un idioma minoritario. Se escuchaba en hogares, mercados, escuelas, periódicos, sinagogas y calles de ciudades donde la población judía formaba una parte esencial de la vida local. Hoy, un pequeño grupo de estudiantes ucranianos no judíos intenta recuperar ese pasado aprendiendo la lengua que casi desapareció del país. El programa funciona mediante una colaboración entre la Universidad Nacional Ivan Franko de Lviv y el YIVO Institute for Jewish Research de Nueva York. Durante el semestre de primavera participaron 15 estudiantes ucranianos en un curso académico de doce semanas impartido por internet y con créditos universitarios; los organizadores esperaban ampliar la inscripción durante el otoño de 2026. Una de las alumnas, Daryna Kahaniuk, de 19 años, comenzó a interesarse especialmente por el tema después de visitar con su madre un museo histórico en Volodymyr, al oeste de Ucrania. Allí descubrió que aproximadamente la mitad de la población de la ciudad había sido judía antes del Holocausto y se sorprendió ante la escasez de rastros visibles de aquella comunidad. Ese descubrimiento contiene una de las claves del proyecto. La historia de un lugar puede permanecer físicamente presente y, al mismo tiempo, resultar casi invisible para quienes viven allí. Una calle puede haber albergado comercios judíos. Un edificio puede haber sido una escuela. Una parcela aparentemente vacía puede corresponder a una antigua sinagoga. Un cementerio puede sobrevivir sin que los vecinos conozcan a las personas enterradas allí. Cuando desaparece una comunidad, la lengua suele ser una de las primeras pérdidas difíciles de recuperar. Antes de la Shoá, el yidis era utilizado por millones de judíos de Europa oriental y central. Ucrania formaba parte de uno de sus grandes espacios culturales. La destrucción fue producto de varias etapas. El poder soviético reprimió la vida religiosa y comunitaria judía . Durante la ocupación nazi, más de un millón de judíos fueron asesinados en el territorio ucraniano, en muchos casos con participación de colaboradores locales. Después de la guerra, las autoridades soviéticas continuaron limitando el estudio independiente de la historia y cultura judías. Décadas de silencio hicieron que nuevas generaciones crecieran en pueblos y ciudades que alguna vez tuvieron una enorme presencia judía sin conocer la dimensión de esa historia. El curso de YIVO intenta recorrer el camino inverso. Los alumnos no estudian únicamente vocabulario y gramática. Utilizan canciones, literatura y materiales culturales para comprender cómo vivían las comunidades que hablaban ese idioma. Kahaniuk explicó que una canción satírica sobre comer papas diariamente por pobreza le permitió cuestionar estereotipos simplistas acerca de la supuesta riqueza generalizada de los judíos. Otra participante, Diana Blaha, descubrió que una dinastía jasídica se había originado en su propia ciudad, Zhydachiv, pese a que anteriormente casi no había relacionado el cementerio judío local con una comunidad histórica mucho más extensa. El proyecto posee además una dimensión particular porque los estudiantes realizan el curso mientras Ucrania continúa enfrentando la invasión rusa. Las clases se desarrollan por Zoom, en inglés, una vez por semana. Los participantes ucranianos estudian junto con alumnos, principalmente judíos norteamericanos, que en muchos casos llegan al curso con conocimientos previos sobre judaísmo, historia judía y alfabeto hebreo. Para los jóvenes ucranianos, aprender a leer de derecha a izquierda y utilizar caracteres hebreos representa inicialmente una dificultad adicional. Según la profesora de YIVO Vera Szabo, esa diferencia se redujo después de varias semanas gracias al esfuerzo de los estudiantes. El encuentro entre ambos grupos también produce una conexión humana que va más allá de la lengua. Jóvenes judíos cuyos antepasados pudieron haber vivido en Europa oriental estudian junto a jóvenes ucranianos que actualmente viven en las mismas regiones, aunque dentro de una realidad radicalmente diferente. El resultado no reconstruye las comunidades destruidas. Nada puede hacerlo. Pero sí devuelve una parte de su presencia al conocimiento público. Aurora ha publicado diferentes trabajos sobre la supervivencia del yidis, un idioma que después del Holocausto y de profundas transformaciones sociales perdió millones de hablantes, pero que continúa vivo en comunidades haredíes, instituciones culturales, libros, música y programas académicos. La experiencia de Lviv agrega un elemento particular. Aquí no se trata solamente de descendientes judíos intentando recuperar la lengua de sus abuelos. Son jóvenes no judíos que consideran imposible comprender correctamente la historia de sus propias ciudades sin estudiar también a los judíos que vivieron allí. Esa mirada puede ser especialmente importante en Europa oriental. Durante siglos, la historia judía no fue una historia extranjera situada junto a la historia ucraniana, polaca, lituana o rumana. Formó parte de esas sociedades. El yidis conserva rastros de aquella convivencia incluso en su vocabulario, donde aparecen elementos germánicos, hebreos y eslavos. Cada palabra aprendida por estos estudiantes funciona entonces de dos maneras. Les enseña un idioma. Y al mismo tiempo vuelve a colocar sobre el mapa a personas que una vez caminaron por las mismas calles.

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