Jesús Mendez Aréchiga Agencia Reforma
CIUDAD DE MÉXICO: Expertos analizan PISA 2025, explican el declive educativo en México y proponen medidas para enfrentar los rezagos en el aprendizaje.
Tres expertos en políticas educativas analizan los resultados de la Prueba PISA 2025, explican algunas de las causas del declive en el aprendizaje de niños y jóvenes en los últimos años y formulan propuestas para enfrentar los rezagos de la educación en México.
PISA: La debacle educativa
Aurelio Nuño Mayer
Los resultados de la prueba PISA 2025 son peores de lo esperado: México cayó más que en 2022. Morena atribuyó el retroceso a la pandemia. Eso ya no se sostiene. Frente a 2018, antes de Morena, perdió 21 puntos en matemáticas, 12 en lectura y 5 en ciencias.
En 2018, 44 por ciento de los estudiantes alcanzaba las competencias mínimas en matemáticas. Hoy solo 31 por ciento. En lectura, cayó de 55 por ciento a 49 por ciento; en ciencias, de 53 por ciento a 50 por ciento.
La misma prueba muestra que no falta voluntad. El 80 por ciento de los jóvenes mexicanos expresa curiosidad por aprender, contra 76 por ciento en la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE); 76 por ciento se esfuerza más ante un reto, frente a 60 por ciento; y solo 11 por ciento cree que la escuela es una pérdida de tiempo, contra 24 por ciento. Hay sed de aprender. Falla la política educativa.
Primero, la paradoja: con Morena hay más becas, pero menos niños en las escuelas. Su presupuesto se duplicó, de 50 mil a 100 mil millones de pesos. Pero, por primera vez en un siglo, cayeron las coberturas. En primaria, la población de 6 a 11 años disminuyó en 898 mil personas, pero la matrícula perdió 1.45 millones. Faltan 554 mil niños que la demografía no explica.
Una investigación de Márquez-Padilla, Parker y Vogl («From Progresa to Benito Juárez Scholarships», 2025) demuestra que, al sustituir el programa Prospera por las becas de Morena, cayó la matrícula y aumentó el empleo informal juvenil donde operaba.
Prospera daba más a quienes más lo necesitaban. En bachillerato, una alumna recibía 16 mil 401 pesos al año; hoy sólo recibe 9 mil 500, a pesos de 2026. Segundo, esa expansión se financió destruyendo las escuelas de tiempo completo. Atendían a casi 4 millones de niños, más de 25 por ciento de la matrícula de primaria. Mejoraban el aprendizaje, la nutrición y el ingreso familiar. Las becas universales son positivas, pero deben ser adicionales, no pagarse abandonando a los más pobres.
Tercero, se pauperizaron planes, materiales y libros. Sus contenidos son malos y no sirven para aprender. En matemáticas abarcan apenas 10 por ciento de los conocimientos anteriores. La Presidenta Claudia Sheinbaum anunció nuevos libros. Es una buena noticia. Sin embargo, hasta ahora, una generación recibió materiales plagados de errores, hechos más para adoctrinar que para enseñar.
Cuarto, Morena restauró el viejo régimen educativo. Devolvió a los líderes sindicales el control del ingreso y la promoción docente para someter y movilizar al magisterio. El estudio de Bedoya, De Hoyos y Estrada («Rule-based civil service», 2026) evidencia la mejoría de la reforma implementada entre 2012 y 2018: redujo la contratación discrecional, incorporó docentes mejor preparados y elevó el aprendizaje en matemáticas. Morena destruyó un proceso que funcionaba para recuperar un instrumento de control político.
Esta debacle nace de algo más grave que malas políticas: una visión populista opuesta al principio republicano de que cada persona es un fin, nunca un medio. Y, por lo tanto, la principal obligación del gobierno es crear las condiciones para que cada persona construya su proyecto de vida con autonomía y libertad. Morena, por el contrario, ve a los mexicanos como medios para conservar el poder. Su educación sirve a la movilización electoral, no al libre desarrollo de cada persona.
La farsa culmina en una terrible hipocresía. Los hijos de los políticos de Morena estudian en escuelas privadas. Ahí tienen jornadas completas, buenos libros y maestros libres del control sindical. Preservan para ellos lo que destruyen en las escuelas públicas, sobre todo para los más pobres.
El cambio exige mejores becas para los más pobres, escuelas de tiempo completo, buenos libros de texto y una carrera docente libre del control político y sindical. Difícilmente lo hará Morena. Debe ser el corazón de un proyecto alternativo de nación que construya una república liberal para el Siglo XXI.
*El autor fue Secretario de Educación durante el sexenio de EPN.
PISA 2025: las preguntas ineludibles
Carlos Mancera Corcuera
Cuando este artículo haya sido publicado, los resultados de PISA 2025 ya serán conocidos. La prueba no mide todo lo que esperamos de la educación. Pero sí algo que ningún sistema educativo puede darse el lujo de ignorar: si los jóvenes de 15 años comprenden lo que leen, razonan matemáticamente y utilizan conocimientos científicos para analizar situaciones y resolver problemas. Sin esas capacidades es difícil seguir aprendiendo y participar con autonomía en la vida social.
Los aprendizajes fundamentales no compiten con una educación humanista, crítica, democrática o vinculada con la comunidad. La hacen posible. No hay pensamiento crítico sin comprensión lectora, ni capacidad para enfrentar problemas complejos sin razonamiento y conocimientos. No hay educación integral sin aprendizajes fundamentales.
PISA 2022 encendió una señal de alarma. Frente a 2018, México sufrió pérdidas importantes en matemáticas y ciencias. La pandemia explica una parte de esa caída. Tres años después, lo ocurrido en nuestro sistema educativo obliga a preguntarnos si aquella caída puede explicarse sólo por la pandemia y qué otros factores pueden estar afectando los aprendizajes.
Si PISA 2025 mostrara una pérdida adicional, ya no bastaría lamentar los resultados. Habría que formular preguntas incómodas: ¿Por qué nuestros jóvenes aprenden menos? ¿Qué decisiones de los últimos años pueden haber contribuido a ello? ¿Qué estamos dispuestos a cambiar? Un nuevo deterioro no tendría una causa única, pero tampoco podría recibirse como un dato más y seguir adelante sin revisar el rumbo.
Hay razones para hacer esa revisión. En los últimos años, aprender a leer, escribir, razonar matemáticamente y comprender las ciencias ha perdido centralidad en la política educativa. Cambiaron profundamente el currículo y los libros de texto, y los aprendizajes fundamentales perdieron centralidad. Los maestros reciben escaso apoyo para mejorar su práctica y la formación continua se ha debilitado. Además, México dejó de contar con evaluaciones nacionales que permitan saber periódicamente qué están aprendiendo los alumnos.
También importa lo que ocurre en cada escuela: el tiempo efectivo de enseñanza, el liderazgo de los directores, el trabajo colegiado de los maestros y la relación con las familias. De manera central, un país con desigualdades tan profundas necesita concentrar recursos y apoyos en quienes parten de condiciones más desfavorables. Las becas universales pueden favorecer el acceso y la permanencia entre algunos grupos, pero no sustituyen los recursos que fortalecen a las escuelas ni transforman, por sí mismas, lo que ocurre en el aula. En un presupuesto limitado, destinar recursos a quienes no los necesitan reduce la capacidad para apoyar a quienes enfrentan mayores desventajas.
Ninguno de estos factores explica por sí solo los resultados. El problema puede estar en que demasiadas piezas del sistema han dejado de empujar en la misma dirección. Currículo, maestros, libros, organización escolar, evaluación, presupuesto y políticas de equidad deberían responder a una pregunta elemental: ¿ayudan a que los alumnos aprendan más y mejor?
Si PISA confirma un deterioro adicional, seguir por el mismo camino no puede ser la respuesta. Descalificar la prueba porque sus resultados incomoden equivaldría a tirar el termómetro para no reconocer la fiebre. PISA tiene limitaciones, pero ofrece información que México necesita. Se trata de identificar qué funciona, qué debe corregirse y qué necesita cambiar.
PISA 2025 puede ser un punto de inflexión si consigue abrir una conversación seria entre autoridades, maestros, familias, investigadores y sociedad civil. Basta comenzar por un acuerdo elemental: todos los niños y jóvenes mexicanos deben comprender lo que leen, razonar, comunicar sus ideas, entender el mundo que los rodea y poder seguir aprendiendo durante toda la vida. Lo que no podemos permitirnos es conocer los resultados y seguir haciendo lo mismo.
*El autor fue Subsecretario de Planeación y Coordinación en la Secretaría de Educación Pública.
Llegó PISA 2005
Eduardo Andere M
PISA sirve para evaluar la política educativa y el sistema escolar de cada país. Decir que PISA no es una evaluación válida, porque es estandarizada o porque no considera el contexto, muestra un desconocimiento total de lo que PISA es.
Aducir que México ha optado por el esquema de evaluación formativa, en lugar de pruebas estandarizadas, es un enorme error. La evaluación tipo PISA y la evaluación formativa son dos cosas completamente diferentes. PISA es el único indicador para exigir rendición de cuentas a la política educativa nacional en México. La evaluación formativa es pedagógica.
Cinco historias se desprenden de PISA 2025. La primera relata una pérdida de aprendizaje a nivel mundial. El promedio de desempeño de la OCDE ha caído significativamente: de 506 en 2009 a 486 en 2025 en ciencias; de 501 en 2012 a 466 en 2025 en lectura; y de 502 en 2009 a 469 en 2025 en matemáticas. Estas diferencias representan una pérdida global de aprendizaje de entre uno y dos años escolares.
La segunda historia es la de los exitosos asiáticos, representados por China (cuatro provincias), Macao, Taiwán (Taipéi), Japón, Corea del Sur y Singapur. China y Singapur obtuvieron puntajes muy altos. China con 597, 527 y 612, y Singapur con 560, 535 y 563 en ciencia, lectura y matemáticas. Por ejemplo, China y Singapur están muy por encima de los promedios de la OCDE de 482, 461 y 463, respectivamente, y se apartan de México en 183 puntos en ciencia, 119 en lectura y 224 en matemáticas.
La tercera historia es la de sistemas educativos prestigiados como los de Europa Occidental, así como los de Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Muchos de ellos han sufrido pérdidas en desempeño. Por ejemplo, Finlandia ha perdido 59 puntos en ciencia, 73 en lectura y 79 en matemáticas. Caídas fuertes también se observan en los otros cuatro países nórdicos, así como en Canadá, Alemania, Francia, Irlanda, Portugal y España.
La cuarta historia es la de los 13 países de América Latina. Todos ellos se sitúan por debajo del promedio de la OCDE. México, como ha sucedido desde 2000, se ubica en el último o penúltimo lugar de la OCDE. Para 2025, estos dos últimos lugares los comparte con Colombia y Costa Rica.
Entre estos 13 países, hay cuatro historias: los de mejor desempeño, Uruguay y Chile; los de desempeño medio, México, Colombia, Costa Rica y Brasil; los de bajo desempeño, Perú, Ecuador, Argentina y El Salvador, y las de muy bajo desempeño, República Dominicana, Paraguay y Guatemala.
México tiene un desempeño bajo y terco: no mejora ni empeora de manera drástica. Durante las nueve rondas de PISA, su posición es más o menos la misma. Esto es interesante porque en 25 años la educación ha sido sometida a tres reformas: Fox y Calderón, Peña y AMLO-Sheinbaum. Tres reformas con ideologías diferentes.
Las dos más equidistantes son la de Peña y la de AMLO-Sheinbaum. En 2018, los puntajes fueron 419 en ciencia, 420 en lectura y 409 en matemáticas, frente a 414, 408 y 388, respectivamente, en 2025: caídas de 5 puntos en ciencia, 12 en lectura y 21 en matemáticas. Las segundas caídas son significativas.
PISA 2025 evidencia no sólo una posición muy baja, sino también una tendencia a la baja. Esto también significa que las reformas educativas de los tres tipos ideológicos de Gobierno no han dado en el clavo. Son reformas de margen, no sustanciales. En otras palabras, «los Gobiernos van y vienen y seguimos igual o peor». Estamos todavía «Esperando a Godot», es decir, una auténtica, verdadera y profunda reforma educativa.
La quinta y última historia trata sobre los países de menor desempeño, como República Dominicana, Palestina, Marruecos, Kosovo, Paraguay, Kurdistán (Irak), Guatemala, Zambia y Kenia. Sus niveles están entre 130 y 150 puntos por debajo del promedio de la OCDE.
Este es, más o menos, el mapa de la educación mundial. Quizá no sea el mejor mapa, pero es el único que tenemos en el que aparece México. No debe haber mesura ni silencio en la crítica de los resultados, porque, como van las cosas, la próxima oportunidad para evaluar al Gobierno y al Estado mexicanos será dentro de cinco años, en 2030, cuando un nuevo Gobierno entre en funciones. Quizá por ello, el Gobierno y el Estado de la 4T eliminaron todas las evaluaciones de rendición de cuentas, porque de antemano saben que no hay cuentas que rendir.
*Investigador visitante del Colegio de Boston
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