"Tengo miedo. No quiero verlo en la sala". Repetía una y otra vez, llorando y al borde casi de una crisis de ansiedad, una presunta víctima de agresión sexual y lesiones antes de intervenir en el juicio que se celebró el lunes en la Audiencia Provincial de Lugo.
Esta vecina de Sober se recuperó para prestar declaración, atendida por una psicóloga. Por este caso se sentó en el banquillo de los acusados un moañés, que supuestamente violó y golpeó varias veces a la que fue su pareja tres años, durante la visita que esta le realizó a su casa de Domaio, en Moaña, a finales de agosto de 2024.
La Fiscalía solicita para el procesado, que desde hace casi dos años lleva en prisión provisional por este caso, 19 años y tres meses de cárcel en total por agresión sexual, coacciones y lesiones en el ámbito de la violencia de género; otros 27 años de alejamiento y que indemnice a la víctima con 12.000 euros por los daños morales causados.
La víctima explica que tenía "flashes" de los presuntos abusos, aunque con "lagunas" por estar bajo los efectos de "sustancias"
La víctima, que dijo que él le impedía salir de casa, recordó que en una ocasión la maniató y la arrastró por el pelo hasta la terraza para agredirla sexualmente. Sin embargo, reconoció que tenía "lagunas" sobre si, durante esa visita en agosto de 2024 a la casa de su novio en Domaio, este la violó más veces porque aseguró que estaba bajo los efectos de "sustancias".
Explicó además que tenía "flashes" de esos posibles abusos, que se le venían imágenes de él encima de ella, añadiendo que tuvo que huir de madrugada saltando por una ventana de la casa, que era de planta baja, y montándose en su coche.
Un vecino de Moaña, que declaró en el juicio como testigo por videoconferencia, alertó a la Guardia Civil al oír pedir auxilio cuando estaba discutiendo con su novio. Aseguró que él le insultó y le amenazó cuando medió y que ella estaba "muy alterada" y que decía que "no veía nada porque él le había roto las gafas".
El moañés reconoce haberle propinado bofetadas y llamarle "puta" a la víctima, pero "siempre" en un marco de consentimiento
El acusado reconoció en la vista oral que en al menos dos ocasiones le propinó un par de bofetadas a su pareja mientras discutían y que también la insultó llamándole "puta". Sin embargo, aseguró que las relaciones íntimas "siempre" fueron consentidas y que fue "un juego sexual" cuando le ató las manos con una cinta americana y una percha.
Contó también que los seis días que pasaron en su casa a finales de agosto ambos consumieron drogas y negó que le impidiese salir de casa. De hecho recordó que ella le acompañó al hospital cuando se rompió un dedo de un pie al darle una patada a un mueble.
Peritos del Instituto Nacional de Toxicología que analizaron muestras de sangre de la víctima para comprobar si se produjo sumisión química declararon por videoconferencia desde Madrid que hallaron restos de cocaína y ansiolíticos.
(0)Comments