En Granada, bajo varios metros de tierra y montaña, miles de personas han convertido las cuevas en auténticos hogares. Entre quienes mejor conocen este singular mundo está Pepe, un picador de 73 años que lleva entre 25 y 30 años dedicado a excavar y transformar cuevas. A lo largo de su trayectoria ha participado en la creación de unas 300, muchas de ellas convertidas hoy en viviendas.
"Esta es mi cueva", explica en el canal de YouTube de Diego Revuelta, mientras muestra uno de sus hogares, una vivienda que asegura haber hecho completamente desde cero. Para Pepe, excavar no consiste únicamente en quitar tierra y piedra, para él es una forma de crear espacios y de entender la vida.
Un barrio bajo la montaña
La imagen sorprende a quienes visitan por primera vez estos barrios granadinos. Detrás de las puertas no hay ruinas ni refugios abandonados, sino casas perfectamente acondicionadas, con dormitorios, baños y estancias familiares.
Algunas viviendas llegan a situarse con 15 o 20 metros de montaña sobre ellas, lo que proporciona una sensación de aislamiento y protección. "Esto es un búnker", bromea al describir su hogar. El espesor de la montaña también contribuye a que las viviendas estén prácticamente insonorizadas. "Aquí no hay ruido", señala.
De la piedra a un hogar
Pepe defiende el aprovechamiento de los materiales y la imaginación como elementos fundamentales de su oficio. En una de sus obras llegó a utilizar incluso materiales que habían sobrado de la construcción.
Las cuevas vistas desde fuera
Diego Revuelta
Su trabajo va mucho más allá de picar. "Picar bien, ya te he dicho antes que lo puede hacer cualquiera con práctica. Es crear", afirma. Esa capacidad para convertir la roca en espacios habitables ha hecho que algunas cuevas alcancen precios que pueden rondar los 300.000 euros cuando están cuidadas hasta el último detalle.
Las cuevas también guardan elementos que recuerdan el pasado de estos asentamientos. Algunas zonas conservan reliquias arqueológicas, hasta el punto de que determinados espacios pueden parecer pequeños museos excavados directamente en la montaña.
"¿Dónde voy a ir que esté mejor que aquí?"
La historia de Pepe, como la de sus vecinos también es la de alguien que eligió esta forma de vida. Uno de ellos, llegó desde Barcelona con la intención de mudarse en Granada y vivir en una cueva. Con el paso de los años, su hogar se ha convertido en mucho más que un lugar para vivir.
Para Pepe, su habitación es especialmente significativa ya que es el espacio más íntimo de la casa. Allí encuentra el aislamiento que busca del exterior y de las preocupaciones cotidianas.
"Me aísla bastante de ese mundo vuestro, de ese mundo político, de ese mundo que os domina", explica. Y resume su particular filosofía con una frase que define su relación con la montaña: "Yo aquí me siento libre encerrado en una cueva".
Para Pepe, permanecer bajo tierra no significa estar atrapado, al contrario. Después de décadas excavando, creando y habitando estos espacios, la cueva representa precisamente un lugar donde sentirse dueño de su tiempo y de su vida.
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