El 4 de septiembre de 1986, cuando La Noche de los Lápices llegó a los cines, Alejo García Pintos tenía 19 años. Había sido elegido entre miles de jóvenes para interpretar a Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes del grupo de estudiantes secuestrados cuya historia reconstruye la película. Los actores eran casi adolescentes y la película se filmó en un país en el que los responsables de buena parte de la represión todavía estaban en libertad.
Cuarenta años después, la película de Héctor Olivera sigue teniendo una vida que excedió largamente cualquier expectativa de quienes la hicieron. Se proyecta en escuelas, universidades y espacios de memoria; forma parte de trabajos académicos y continúa funcionando como una puerta de entrada para jóvenes que nacieron décadas después de los hechos.
–La Noche de los Lápices fue el comienzo de tu carrera y, además, interpretaste a Pablo Díaz, uno de los sobrevivientes del grupo. ¿Qué recordás del acercamiento al personaje?
–Arranqué mi carrera con una película que, a priori, se vislumbraba como fuerte y potente, porque estábamos en un momento de muchísima ebullición posdictadura. La responsabilidad que uno percibía y asumía era grande. Conocí a Pablo Díaz en la última etapa del casting, que tuvo casi 4.000 participantes. Fuimos quedando cada vez menos, hasta que éramos un grupo de 20. Tuve la suerte de ser elegido como protagonista. En la última prueba, me presentaron a Pablo. Charlamos un rato y la verdad es que fue muy emocionante. Después, obviamente, pude conocerlo más. Y hasta el día de hoy seguimos siendo amigos. Nos hablamos, nos vemos. Además, soy el director del Teatro Municipal Coliseo Podestá de La Plata y él vive en La Plata. De vez en cuando viene, pasa, toma un café en mi oficina y sigue de largo. La relación mutó a una amistad hermosa.
–Cuando hicieron la película, ¿conocías la historia?
–Sí, porque soy platense y por mi historia familiar: tengo un tío desaparecido. Y también por mi militancia en el colegio secundario en los últimos dos años de la dictadura. Formé parte de la comisión organizadora del Centro de Estudiantes, obviamente de manera clandestina, hasta que pudimos blanquearlo. Además, en La Plata el caso de La Noche de los Lápices se conocía profundamente.
–¿Cómo construiste el personaje? ¿Tomaste cosas de la personalidad de Pablo?
–Algo. Pablo tiene un espíritu muy alegre. Es alguien que prioriza el humor y creo que es lo que, en primera instancia, lo salvó. Más allá de la decisión de los militares que lo liberaron, su salvación estuvo en su entorno familiar, pero también en el humor. Es alguien que nos apuntalaba mientras nosotros filmábamos. Teníamos 18 o 19 años, estábamos muy verdes. Y se nos mezclaba mucho la ficción con la realidad, en el sentido de que nos llevaba a un lugar de mucho dolor, porque la historia es tremenda. Tener a Pablo ahí de referente fue importante para mí. Era una gran responsabilidad, pero, a la vez, es alguien que, cuando me quebraba, venía, me daba un abrazo y me hacía algún chiste. Me sacaba de ese estado de tristeza y eso nos permitía seguir filmando. Era él el que nos apuntalaba a nosotros y no a la inversa.
–La película se estrenó apenas tres años después del regreso de la democracia. ¿Cómo recordás aquel contexto?
–El contexto era tremendo. Era como se ve en Argentina, 1985 , la película en la que después tuve la suerte de trabajar. Ahí hice un papel que tiene un guiño con respecto a La Noche de los Lápices , porque interpreto a un juez que justamente escucha la declaración de Pablo Díaz. Lo que se ve en Argentina, 1985 era tal cual nuestra realidad en la época en que hicimos la película. Salvo la cúpula, que había sido encarcelada, servicios y militares estaban sueltos. Y yo, por el hecho de haber filmado la película, me comí un par de aprietes. Una noche se bajaron tres tipos de un auto que me siguió por una calle no muy iluminada. Me pegaron, se subieron al auto, se fueron y me dejaron tirado ahí en la vereda. También me llamaban para amenazarme de muerte.
–¿Cuándo te diste cuenta de que la película se había convertido en una herramienta de memoria para varias generaciones?
–Cuando se estrenó suponíamos que estábamos ante un evento importante, pero nunca imaginé en lo que se iba a terminar convirtiendo. Es la única película del cine argentino que se sigue proyectando anualmente. En escuelas, universidades, muestras de cine. Es materia de estudio, de tesis, de doctorados. Ha sido y sigue siendo un gran reflejo de lo que fue la última dictadura cívico-militar. Me da mucho orgullo. Muchas veces me han preguntado: '¿No tenés miedo de que te rotulen para toda tu vida como el de La Noche de los Lápices ?'. No, al contrario. Me encanta. Si bien después, con los años, hubo generaciones que me recuerdan por mis programas con Cris Morena, también me recuerdan mucho por La Noche de los Lápices . Cada vez que me hablan de la película, a mí me produce mucha emoción porque sigue siendo bandera y motivo para que muchas generaciones que van apareciendo vean y tengan una lectura de lo que fueron esos años.
–¿Qué responsabilidad sentís que tiene el cine cuando representa hechos traumáticos de la historia reciente?
–Dejar un testimonio que va a perdurar por siempre. Me parece que La Noche de los Lápices no es solo un hecho tremendo, crudo, de una realidad que vivimos en los 70, sino también una marca registrada para que esto no vuelva a ocurrir. Cada vez que llega la fecha del aniversario, me invitan a muchas charlas en colegios. Y yo voy porque me gusta ver esas caritas de chicos que no tienen, por ahí, ni siquiera un testimonio de lo que fue. Sus padres eran muy chiquitos cuando esto ocurrió. Y verles las caritas, que me hagan preguntas desde ese lugar casi inocente, poder saciar esas dudas y ver cómo se van transformando esas caras con lo que pasó, me conmueve.
–Pero estas generaciones de jóvenes son muy diferentes a la que se ve en la película.
–Estamos frente a generaciones que, lamentablemente, tienen tal vez en sus fotos de perfil de WhatsApp o de sus redes sociales un Falcon verde o a Videla. Y son muchos más de lo que pensamos. Ante el negacionismo que baja desde el Gobierno nacional, la realidad es incontrastable. Lo que ocurrió, ocurrió de verdad. Lo que se ve en la película, si bien está alterado en la trama porque hay que resumir, está probado que ocurrió. Y ante ese negacionismo, mostrar esto y que alguno por lo menos se vaya pensando lo contrario, ya con eso me doy por satisfecho en este momento. Etiquetado La Noche de los Lápices
(0)Comments