En 1975, el cineasta Akira Kurosawa estrenó Dersu Uzala. El largometraje, que se llevaría el Óscar a la mejor película extranjera, contaba la historia de amistad entre un capitán ruso y Dersu, un cazador siberiano de la etnia hezhen capaz de interpretar cualquier rastro como si fuera una suerte de Sherlock Holmes de la taiga. En una de las escenas, Dersu encuentra huellas y, rápidamente, deduce que están siguiendo el rastro de un anciano chino. Chino porque las suelas de sus botas son inconfundibles y anciano porque los talones están especialmente hundidos en la nieve y los jóvenes caminan sobre la punta de los pies . Lo que no sabía Kurosawa es que la ciencia acabaría por llevarle la contraria.
Acaba de ser publicado un artículo científico que analiza la forma en que pisamos los humanos y ha confirmado que caminar sobre el talón es, precisamente, uno de los rasgos que nos diferencia de otros primates. Ahí donde nos ves, los humanos somos físicamente excepcionales a nuestra manera. Puede que no seamos capaces de saltar como las gacelas o de abatir a un búfalo con nuestros colmillos, pero nadie camina como nosotros. Somos expertos en recorrer largas distancias sin cansarnos y, en gran medida, es porque hemos logrado adaptar nuestra anatomía y la forma en que pisamos para extremar la eficiencia. El estudio publicado en la revista científica PNAS concluye, para desgracia de Dersu, que no hay grandes diferencias entre humanos: todos caminamos sobre los talones casi todo el tiempo.
"Cuando la gente piensa en lo que hace única la marcha humana, habla de la marcha erguida (nuestra espalda es recta y nuestras piernas están extendidas)", dijo el autor del estudio, Nicholas Holowka, profesor asistente de antropología y contratado juntamente con el Instituto Huck de Ciencias de la Vida en Penn State. " Lo que estamos diciendo en este artículo es que apoyar el talón es un aspecto único de la marcha humana que quizás ha sido subestimado. Este estudio presenta la mejor comparación medible de humanos con nuestros parientes vivos más cercanos, los chimpancés, que muestra que lo que hacemos al apoyar el pie es distintivo en aspectos clave".
Y es que los investigadores han analizado datos tomados de 11 chimpancés y 12 humanos. Concretamente, les han hecho caminar sobre una plataforma que mide cómo distribuían el peso con cada paso, cargando más en la punta, el lateral del pie o el talón. Y, junto a estos datos, han tomado imágenes del movimiento de las articulaciones, encima de las cuales colocaron pequeños puntos reflectantes para facilitar el seguimiento de las cámaras. Las conclusiones son claras: 'Los primeros antepasados humanos probablemente caminaban como lo hacen los chimpancés (con apoyos menos consistentes y más variables, a veces sobre las puntas de los pies o con el pie plano, otras veces sobre los talones)', dijo Holowka. De hecho, al tener en cuenta el consumo de oxígeno, los investigadores infirieron que gracias al 'golpe de talón', los humanos ahorrábamos entre un 26% y un 41% de energía.
Ahora bien, en la biología rara vez encontramos adaptaciones que solo proporcionen ventajas. Si los chimpancés no caminan sobre el talón a pesar de su eficiencia energética es porque tendrá algún inconveniente y, simplemente, no les compensa. Y así es. Los investigadores determinaron que cuando cargaban su peso sobre el talón el impacto era un 138% mayor. Un porcentaje que, en humanos, ascendía al 162%. Dicho de otra forma: estamos sometiendo a nuestras articulaciones a un estrés mucho mayor a cambio de ahorrar energía. "Parece que cuando caminan sobre dos piernas, los chimpancés prefieren la forma 'más suave' de apoyar los pies", dijo Thompson.
Conclusiones que, en realidad, son bastante intuitivas. "Imagina que intentas pasar sigilosamente por un suelo de madera que cruje", dijo el coautor del estudio, Nathan Thompson, profesor asociado en el Instituto de Tecnología de Nueva York, Facultad de Medicina Osteopática. " Tiendes a caminar sobre las puntas de los pies, porque esto reduce la velocidad de carga sobre el suelo y produce menos crujidos . Es una forma más suave de caminar".
Si logramos soportar tal carga es porque nuestras articulaciones se han adaptado para poder explotar las ventajas de este patrón de movimiento. "Parece que los humanos necesitaron evolucionar adaptaciones anatómicas (huesos del talón más gruesos y articulaciones de rodilla y tobillo más grandes) para hacer frente a estas altas fuerzas", dijo Holowka. "Creemos que el golpe de talón jugó un papel en la habilitación de comportamientos humanos clave, como el uso de estrategias de caza y recolección que requieren que las personas caminen distancias muy largas cada día para obtener alimentos, pero con una gran recompensa en recursos alimenticios".
El estudio, en realidad, refuerza hipótesis anteriores y contribuye a entender cómo hemos llegado a convertirnos en los excepcionales caminantes que somos. O, lo que es lo mismo: por qué otros animales se cansan tan pronto. Preguntas a las cuales los investigadores suman una cuarta: ¿y si el pavimento de nuestras ciudades estuviera cambiando las reglas de juego? No responden, pero dejan la cuestión abierta para que futuros estudios analicen cómo ha cambiado nuestra pisada al pasar de la tierra al asfalto.
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