Lejos quedaron los tiempos en que la matriz productiva se orientaba esencialmente a la exportación de materias primas como el café, minerales como la plata, e hidrocarburos como el petróleo. Sin embargo, hay quienes aún viven en el pasado, y lo más extraño es que no son los connacionales, sino el inquilino de la Casa Blanca.
Al decir de Donald Trump, México no le vende a Estados Unidos más que 'hot tamales' y tomates, con lo que su país está perdiendo 195 000 millones de dólares cada año (!). Según el mandatario, EE. UU. podría ahorrarse cantidades gigantescas si tan solo dejara de comerciar con México, Canadá, la Unión Europea… Parece que alguien no entiende de macroeconomía. Si las empresas norteamericanas comercian e importan es porque lo necesitan. Es como si una persona pensara en lo mucho que podría ahorrarse si tan solo dejara de pagar agua, luz, gas y comida.
La diatriba del agente naranja ocurre en el marco del reciente informe de la Oficina del Censo, que no deja lugar a dudas: México no solo tiene un superávit comercial con los Estados Unidos (26 300 millones USD), sino que, además, ocupa el primer lugar del mundo en este rubro. Aunque le dé diarrea al presidente, México ya es el mayor socio comercial de su país, tanto como proveedor como comprador. ¡Nuestras economías están más entrelazadas que un pretzel! Además, las exportaciones se han elevado hasta un 33% con respecto al año anterior. De hecho, nuestro país nunca había exportado tanto en toda su historia.
México es hoy por hoy una potencia manufacturera y tecnológica global; exporta autopartes, vehículos terminados, ordenadores, aparatos eléctricos, pantallas, celulares, aparatos médicos, tecnología aeroespacial y ahora también ligada a la I.A. Lo cierto es que el T-MEC sí ha resultado, al menos desde el punto de vista comercial, mutuamente benéfico para sus integrantes. La negativa a respetar la extensión automática de 16 años, cambiándola por una revisión anual, obedece a la falsa idea de que Estados Unidos está perdiendo con el tratado solo porque tiene un déficit comercial con sus socios.
Esto hay que ponerlo en un contexto más amplio: la guerra comercial, arancelaria, que mantiene Estados Unidos prácticamente con el resto del mundo, y que ha llevado a la desaceleración de la economía global y un caos generalizado. Canadá está intentando responder con medidas espejo, mientras sus ciudadanos boicotean los productos gringos. China, por su parte, ha salido avante —si no es que fortalecida— gracias a sus propios aranceles y restricciones a la exportación de tierras raras.
Por otra parte, en cuestión de política interna, las elecciones intermedias están cada vez más próximas, y Trump tiene mucho que perder (sobre todo la mayoría en la cámara baja, que lo podría llevar al impeachment ). Los últimos sondeos apuntan claramente a una ventaja demócrata, mientras la aprobación del presidente va en caída libre, situándose alrededor de un 33%, rompiendo récords históricos en negativo.
Los 'hot tamales' ocuparon los titulares de la semana por lo jocoso del dicho, pero la cruda realidad —o como se dice en inglés: the cold, hard truth — es que la economía estadounidense se está volviendo tan dependiente de la nuestra como la mexicana de aquella. Y esta terrible verdad, junto con su inminente derrota política y el galopante camino que lleva a ser el peor presidente de la historia es lo que no deja a Trump dormir por las noches y lo tiene vociferando como bestia enjaulada durante el día.
Pues yo digo: ¡Make Trump Angry Again!
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