La formación ultra AfD gana donde el nazismo ensayó el poder y sacude los cimientos de la democracia alemana

La formación ultra AfD gana donde el nazismo ensayó el poder y sacude los cimientos de la democracia alemana
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Category: Politics
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Alternativa para Alemania ya había ganado unas elecciones regionales en Turingia en 2024. Lo ocurrido este domingo en Sajonia-Anhalt ha traspasado otra frontera. AfD ha obtenido el 43,8% de los votos, más del doble que cinco años atrás, y ha dejado a la Unión Demócrata Cristiana del canciller Friedrich Merz en un lejano 17,2%. Son 39 de los 83 escaños del nuevo Parlamento, apenas tres menos de los necesarios para alcanzar la mayoría absoluta. La magnitud del vuelco aparece en todo el mapa. AfD ha ganado en los 218 municipios de la región, desde los pueblos más pequeños hasta Magdeburgo y Halle. La participación alcanzó el 77,8%, diecisiete puntos más que en 2021 y el nivel más alto desde la reunificación. La movilización que debía frenar a la extrema derecha terminó alimentando su crecimiento, según los resultados y estudios postelectorales de la televisión pública alemana. La CDU ha perdido veinte puntos y ha pasado de 40 a 15 diputados. El Partido Socialdemócrata obtuvo un 9,3%, Los Verdes un 8,9% y Die Linke un 8,6%. Cada uno contará con ocho representantes. La izquierda nacionalista de la Alianza Sahra Wagenknecht, conocida por las siglas BSW, superó por poco la barrera electoral con un 5,3% y cinco escaños. El Partido Liberal quedó fuera de la Cámara. La victoria resulta todavía más grave por la naturaleza de la formación que la protagoniza. La Oficina para la Protección de la Constitución de Sajonia-Anhalt considera a la organización regional de AfD una estructura de extrema derecha confirmada. El organismo sostiene que su actividad se dirige contra principios esenciales del orden democrático, entre ellos la dignidad humana y la igualdad política recogidas en la Constitución alemana. La clasificación se apoya en numerosas declaraciones racistas, antimusulmanas y antisemitas de sus dirigentes, según explica el propio Ministerio del Interior regional. Reducir el resultado a un arrebato de protesta impediría entender su profundidad. Un 55% de los votantes de AfD aseguró haber elegido al partido por convicción, mientras el 35% habló de decepción. Además, el 35% del conjunto del electorado lo consideraba la fuerza más preparada para resolver los principales problemas regionales. Cinco años antes compartía esa opinión apenas un 9%. AfD ha conseguido algo decisivo en cualquier proceso de realineamiento electoral. Se ha apropiado de los problemas que ordenan la conversación pública. La población le atribuye más competencia que a sus adversarios en economía, educación, seguridad, asilo y futuro de la región. Miguel Otero Iglesias, investigador principal del Real Instituto Elcano, lo ha resumido con precisión al señalar que el partido "se ha convertido en el lenguaje político a través del cual sectores muy amplios de la sociedad expresan su descontento". La inmigración ha servido como pegamento ideológico, aunque las preocupaciones económicas y sociales ocuparon un lugar central durante la campaña. El coste de la vida, las pensiones, la seguridad social, la educación y la paz en Europa pesaron tanto o más en la decisión inmediata de voto. Entre los seguidores de AfD, sin embargo, el temor a la llegada de extranjeros y a un supuesto cambio de la forma de vida alemana alcanza niveles cercanos al 90%. Ahí reside buena parte de la eficacia de la extrema derecha. Ha fundido la inseguridad material con el miedo cultural. El deterioro de los servicios, los salarios bajos, la falta de oportunidades y la pérdida de población se presentan como consecuencias de la inmigración, de Bruselas o de unas élites alejadas del ciudadano común. Problemas complejos y acumulados durante décadas reciben culpables fáciles de identificar. Sajonia-Anhalt ha perdido cerca de una cuarta parte de su población desde 1990. La desaparición de buena parte de la industria de la antigua República Democrática Alemana dejó heridas sociales que tres décadas de inversiones públicas han aliviado sin llegar a cerrarlas. La región ha recuperado sectores como la química, la logística o las energías renovables y su desempleo ronda el 8%, pero mantiene salarios menores, escasez de empleos cualificados y una fuerte emigración juvenil. La distancia económica con el oeste se vive también como una pérdida de reconocimiento. Ese malestar ha encontrado una traducción electoral muy concreta. La extrema derecha obtuvo alrededor del 61% entre los trabajadores, un 52% entre los autónomos y un 46% entre los empleados. Llegó al 65% entre quienes describen su situación económica como mala. También fue primera en todas las edades y superó el 50% entre los electores de 35 a 59 años. Entre los menores de 25 años alcanzó aproximadamente el 42%, mientras la CDU quedó reducida al 5%. AfD creció a costa de casi todos. Atrajo más de 80.000 antiguos votantes democristianos y sumó apoyos procedentes de liberales, socialdemócratas y Die Linke. Su principal cantera estuvo entre quienes se habían quedado en casa en 2021. La formación movilizó a cientos de miles de ciudadanos adicionales y convirtió el aumento de la participación en una ventaja propia. La derrota señala directamente a Berlín. El 87% de los electores regionales se declaraba insatisfecho con el Gobierno federal y una amplia mayoría interpretó la cita como un castigo al Ejecutivo de Merz. El canciller llegó al poder prometiendo frenar a AfD y endureció el discurso democristiano sobre inmigración y seguridad. El resultado ha reforzado a quienes llevaban años imponiendo esos marcos. La CDU perdió centralidad y autoridad mientras la extrema derecha conservaba la credibilidad del original. Una cara amable para un programa radical Ulrich Siegmund ha entendido mejor que sus rivales el terreno emocional de esta campaña. Tiene 35 años, sonríe continuamente, recorre fiestas populares, posa para fotografías y domina TikTok e Instagram. Ha presentado la política ultraderechista como una promesa de normalidad, orgullo y comunidad. Su lema, "Todo irá bien", ha sustituido la estética airada por una imagen familiar y optimista. El experto en comunicación política Johannes Hillje ha definido esta estrategia como "extrema derecha de buen rollo". La radicalidad permanece en el contenido, envuelta ahora en cercanía y entretenimiento. Siegmund promete recuperar una Alemania "buena, antigua y segura", explota la nostalgia por la antigua Alemania Oriental y ofrece un pasado idealizado a una generación que apenas llegó a conocerlo. Thorsten Faas, politólogo de la Universidad Libre de Berlín, considera que AfD se ha convertido en una fuerza mucho más eficaz que sus competidores a la hora de hacer llegar su mensaje. Christian Stecker, profesor de Política alemana, apunta otra ventaja. Es la única formación relevante que todavía no ha tenido la ocasión de decepcionar a sus votantes desde el Gobierno. Detrás de esa imagen amable aparece un proyecto de transformación institucional y cultural. AfD propone deportaciones masivas, restricciones al asilo, aulas separadas para hijos de refugiados y una política educativa orientada hacia una identidad nacional homogénea. También pretende reducir las políticas de diversidad, presionar a asociaciones civiles críticas y modificar el papel de los medios públicos. Siegmund participó en la reunión celebrada en Potsdam en noviembre de 2023 junto a dirigentes de AfD, empresarios y activistas de extrema derecha. Allí se debatió un plan de 'remigración' que alcanzaba incluso a ciudadanos alemanes de origen extranjero. La investigación de 'Correctiv' documentó además la presencia de antiguos miembros de organizaciones neonazis en su círculo político. Durante aquel encuentro, el propio Siegmund explicó que su estrategia consistía en generar simpatía personal y hacer llegar después las medidas radicales "por la puerta de atrás". El poder regional alemán ofrece instrumentos capaces de convertir ese programa en decisiones cotidianas. Los estados federados gestionan la policía, la educación, la cultura y buena parte de la Administración. Un Gobierno de AfD podría intervenir en los contenidos escolares, las políticas de integración, las instituciones culturales y los nombramientos de altos funcionarios. La disputa va mucho más allá del reparto de cargos en Magdeburgo. La memoria histórica añade una carga particular. La actual Sajonia-Anhalt nació después de la Segunda Guerra Mundial, pero incorpora el territorio del antiguo Estado Libre de Anhalt. Allí, la NSDAP obtuvo el 41,6% en abril de 1932 y el abogado Alfred Freyberg asumió semanas después la jefatura del primer Gobierno regional encabezado por un nazi. Turingia había incorporado ya en 1930 a Wilhelm Frick como primer ministro nazi dentro de un gabinete estatal. Anhalt había sido hasta entonces uno de los bastiones de la socialdemocracia alemana. La crisis económica, el desempleo, la fragmentación política, una red ultraderechista bien organizada y la infravaloración del peligro facilitaron el vuelco. Una investigación histórica de la Universidad Otto von Guericke de Magdeburgo describe aquel territorio como un "campo de experimentación del nacionalsocialismo". Entre las primeras decisiones del Gobierno de Freyberg estuvo el cierre de la Bauhaus de Dessau, convertida en objetivo por su modernidad y su carácter internacional. Equiparar mecánicamente a AfD con la NSDAP empobrecería la historia y el análisis del presente. Alemania cuenta hoy con una Constitución sólida, tribunales independientes y una sociedad civil movilizada. La experiencia de Anhalt muestra, con todo, la rapidez con la que una fuerza extremista puede utilizar una victoria electoral y la cooperación de otros partidos para ocupar instituciones que parecían protegidas. El cortafuegos alemán y el espejo español La aritmética deja el futuro regional en manos de movimientos muy delicados. AfD tiene 39 diputados y necesita 42 para controlar la Cámara. CDU, SPD, Verdes y Die Linke suman también 39. Cualquier alternativa estable requiere a los cinco representantes de BSW, la izquierda nacionalista de Sahra Wagenknecht, que comparte con la ultraderecha el rechazo a la inmigración, el fin de la ayuda militar a Ucrania y el acercamiento a Rusia. BSW ha mostrado disposición a negociar apoyos concretos e incluso a facilitar una investidura mediante la abstención. AfD también intenta atraer individualmente a diputados democristianos. Siegmund reclama una "mayoría estable" y mantiene la repetición electoral como amenaza, convencido de que una nueva convocatoria podría entregarle la mayoría absoluta. Merz ha descartado cualquier cooperación entre la CDU y AfD. El llamado 'Brandmauer', el cortafuegos levantado por los partidos democráticos, sigue formalmente en pie. Su mantenimiento obligará a fuerzas muy alejadas entre sí a pactar o tolerar un Gobierno común. La extrema derecha aprovechará esa dificultad para presentarse como víctima de un sistema que bloquea a la fuerza más votada. El cordón sanitario protege las instituciones frente a quienes aspiran a vaciarlas desde dentro, pero necesita algo más que una suma parlamentaria. Requiere políticas capaces de reducir la inseguridad económica, recuperar servicios, ofrecer futuro a los territorios abandonados y disputar el relato cultural de la extrema derecha. La exclusión institucional sin respuesta social ha permitido a AfD monopolizar el enfado. La onda expansiva llega a toda Europa. AfD defiende el final del apoyo a Ucrania, el levantamiento de las sanciones contra Moscú y la recuperación del gas ruso. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, ha advertido del crecimiento de partidos "ciegos" ante la amenaza del Kremlin. Francia y Polonia han expresado una preocupación similar, mientras dirigentes como Matteo Salvini, Viktor Orbán y Elon Musk han celebrado el resultado. Santiago Abascal también felicitó a Alice Weidel y Ulrich Siegmund por un resultado que calificó como "una gran esperanza para Alemania y para Europa". Aliança Catalana habló de una "puerta a la esperanza". La ultraderecha española contempla Sajonia-Anhalt como la demostración de que un discurso radical puede alcanzar a sectores populares, jóvenes y antiguos votantes conservadores cuando la inmigración y el miedo dominan el debate público. El paralelismo con España requiere atender a las diferencias históricas y políticas, aunque la tendencia merece vigilancia. El último barómetro de 40dB sitúa a Vox en el 17,8%, seis décimas más que en julio y 5,4 puntos por encima de su resultado de 2023. PP y Vox suman por primera vez un 50,2% en esta serie. Tras la crisis de Ceuta, la formación de Abascal aparece además como el partido considerado más capaz para gestionar la inmigración por el 27% de los encuestados, según los datos publicados por 'El País' y la Cadena SER. El nuevo Parlamento de Sajonia-Anhalt deberá constituirse antes del 6 de octubre. Hasta entonces, Siegmund buscará los tres votos que le separan del Gobierno y BSW tendrá que decidir qué hace con sus cinco escaños. En las calles, miles de alemanes ya se han manifestado contra la extrema derecha. En los despachos de Magdeburgo ha comenzado una negociación que decidirá quién controla la policía, las escuelas y la política cultural del territorio donde el nazismo probó por primera vez el poder regional. Añadir ElConstitucional.es como fuente preferida de Google de forma gratuita. Mantente informado de todas las noticias de última hora y con la mejor información. Contra la desinformación, por la democracia y los derechos sociales. Activar ahora

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