Carlos Bianchi abrió las puertas de su infancia en una charla profundamente emotiva dentro del ciclo Grandes Que Fueron Chicos, de Vorterix. El histórico ex entrenador y goleador repasó los años de sacrificio familiar en el barrio porteño de Villa Real, la exigencia de un padre canillita y las raíces que terminaron forjando una de las carreras más reconocidas del fútbol argentino.
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El 'Virrey' recordó sus primeros años en la casa familiar sobre la calle Tinogasta, un pasaje que recién se asfaltó en enero de 1970. "Yo viví en calle de tierra hasta los 20 años", contó, dejando en claro las condiciones humildes en las que creció.
Ese contexto también incluía el esfuerzo diario de su padre para sostener el hogar. "Mi papá fue un sacrificado porque él era canillita y el kiosco de diarios lo tenía en San Martín. Tenía que tomar dos colectivos a las 5 de la mañana", relató Bianchi, quien detalló que ese recorrido se repetía cuatro veces por día: "En esa época se vendía la Quinta y la Sexta, los diarios de la noche donde salían todas las loterías".
En medio de esas limitaciones, el fútbol funcionaba como refugio. "Entre Juan B. Justo, Irigoyen y Bruselas había 10 canchas de fútbol", describió, y agregó con gratitud: "Era el deporte de los que no teníamos dinero, nos divertíamos 20 contra 20".
La pelota en la cabeza y la lección de su padre
Pese a asistir a un colegio de curas, la vocación de Bianchi estuvo clara desde chico. "Siempre lo supe. Estudiaba porque había que estudiar, pero con el pensamiento de que iba a ser jugador de fútbol profesional", explicó el ex DT que triunfó en Vélez, emigró a Francia y luego fue el técnico más ganador de la historia tanto de El Fortín como de Boca Juniors.
Su adolescencia tomó un rumbo definitivo a los 13 años, cuando fue expulsado del colegio religioso al que sus padres habían mandado a él y todos sus hermanos. Pero la acumulación de amonestaciones le ganó. El director, en esa ocasión, le dijo a su madre una frase que resultó premonitoria: "Su hijo tiene una pelota de fútbol en la cabeza, déjelo jugar al fútbol".
La reacción de su padre, al enterarse, marcó su ética de trabajo para siempre. Según recordó Bianchi: "Mi padre me dijo: '¿Qué vas a hacer?'. 'Yo voy a ser jugador de fútbol profesional', le dije. Y me dice: 'Ah, qué bien, te felicito... Pero mañana te levantás conmigo a las 5 de la mañana y venís a vender diarios'". Y esa decisión marcó su vida para siempre. Y se mantuvo de esa forma hasta que los sueños de Carlos se convirtieron en realidad y debutó en Primera División a los 18 años. "Hacía un frío a las 5 de la mañana... De ahí hasta que llegué a jugar al fútbol profesional me levanté todos los días a las 5 de la mañana. Era la educación que nos dieron nuestros padres", remarcó Bianchi con una mezcla de emoción y agradecimiento.
Los diarios y las bromas en las inferiores de Vélez
Mientras daba sus primeros pasos en las divisiones inferiores de Vélez Sarsfield, Bianchi mantenía en paralelo la venta de diarios. Después de la jornada laboral, almorzaba y caminaba diez cuadras hasta la cancha para entrenar por las tardes.
A los 16 años, ya integrado al plantel de Tercera, esa doble rutina generaba situaciones particulares en el vestuario. "En invierno yo llegaba con calzoncillos largos porque tenía que vender diarios, y los compañeros que tenían 19 o 20 años se dedicaban solo al fútbol y se divertían un poco con mis calzoncillos largos", contó entre risas.
El grito prohibido en la tribuna de River
Cuando Bianchi llegó a Primera, su padre dejó una de sus mayores pasiones personales para convertirse en su seguidor incondicional. "El placer de él era ir al hipódromo de San Isidro los domingos. Cuando llegué a Primera dejó el hipódromo y me empezó a seguir", relató.
De esos años quedó una anécdota memorable en el estadio Monumental, donde su padre solía ubicarse en la tribuna detrás del arco rival. "Un día le volé la cabeza a (Amadeo) Carrizo y él estaba en medio de la hinchada de River. Gritó el gol, pobrecito... ¡tuvo que salir corriendo por el túnel! Las cosas que hacen los padres", recordó entre risas. Hacia el final de la charla, Bianchi reflexionó sobre los logros de su extensa carrera y dejó en claro cuál es su verdadera escala de valores: "Logré los objetivos en todo sentido, no solamente en lo futbolístico sino en el familiar, que para mí es mucho más importante. El fútbol para mí pasa después de la familia".
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