Palestina. Samah al-Khaldi: la mujer gazatí que tomó un arma para defender a su familia

Palestina. Samah al-Khaldi: la mujer gazatí que tomó un arma para defender a su familia
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Category: Politics
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Resumen Medio Oriente, 07 de septiembre de 2026. Samah al-Khaldi tenía 47 años y preparaba la boda de uno de sus hijos cuando una fuerza especial israelí irrumpió en el oeste de Ciudad de Gaza para capturar a su marido. Cuando vio a su marido y a sus hijos heridos, tomó el arma de uno de ellos y abrió fuego contra los soldados. Combatió hasta que fue alcanzada y cayó mártir. Esta es la historia de Umm Mohammed, una mujer palestina cuya valentía merece ser recordada. Unas horas antes de morir, Samah al-Khaldi estaba preparando una boda. Había invitado a sus hermanos y familiares y ultimaba los preparativos para celebrar el enlace de su tercer hijo, Ubaida. Después de años de guerra, desplazamiento, miedo y separaciones, aquel debía ser un momento de alegría para la familia. No llegó a celebrarse. En la mañana del 1 de septiembre, una fuerza especial israelí penetró en la zona de Al-Katiba, al oeste de Ciudad de Gaza, con el objetivo de capturar a su marido, Muin Mohammed al-Arabid, oficial de la Seguridad Interior de Gaza. La operación se desarrolló bajo una intensa cobertura aérea. La fuerza israelí llegó hasta la zona en un vehículo civil y, según los testimonios recogidos posteriormente por medios palestinos, estaba compuesta por alrededor de una decena de efectivos. Aviones y drones israelíes atacaron repetidamente el lugar para proteger la operación. Muin al-Arabid resultó herido. Sus hijos trataron también de impedir que la fuerza israelí se llevara a su padre y fueron alcanzados durante el enfrentamiento. Uno de ellos era precisamente Ubaida, el hijo cuya boda estaba preparando Samah, que sufrió graves heridas y perdió un ojo. En cuestión de minutos, la celebración que preparaba la familia se convirtió en un escenario de fuego. Samah vio a su marido herido, a sus hijos alcanzados y a una fuerza de ocupación tratando de capturar al primero. Y tomó una decisión. Según ha relatado su hermano Mohammed al-Khaldi, Samah cogió el fusil de uno de sus hijos, se protegió detrás del tronco de un árbol y abrió fuego contra la fuerza especial israelí, tratando de impedir que los soldados alcanzaran a su marido. Su nuera, que se encontraba también en el lugar, ha relatado igualmente cómo Samah tomó el arma y participó directamente en el enfrentamiento. Frente a ella había una fuerza especial fuertemente armada y protegida desde el aire. Samah no huyó. Continuó disparando hasta que fue alcanzada durante el ataque israelí. Permaneció gravemente herida mientras la intensidad del fuego impedía que pudieran llegar hasta ella para auxiliarla. Samah al-Khaldi cayó mártir allí. Su marido fue finalmente capturado por las fuerzas israelíes mientras se encontraba herido. La operación dejó además otros palestinos muertos y numerosos heridos. La boda que Samah había estado preparando se convirtió en duelo. Pero contar únicamente cómo murió Samah al-Khaldi sería dejar fuera buena parte de quién fue. Samah, también conocida como Samah al-Arabid y por su kunya , Umm Mohammed, tenía 47 años. Después de su martirio, su familia comenzó a reconstruir públicamente la vida de la mujer que, de pronto, muchos palestinos estaban conociendo por las imágenes y los relatos de aquel enfrentamiento. Su hermano Mohammed la describe como una mujer afectuosa y extraordinariamente generosa. Para sus hermanos no era solamente la hermana mayor: había sido casi una segunda madre. Hablan de una mujer profundamente unida a su familia, que había memorizado partes del Corán y que se distinguía por su capacidad para perdonar y ayudar a los demás. Como tantas mujeres palestinas de Gaza, Samah había vivido durante estos años el desplazamiento, la separación familiar y la incertidumbre permanente. Durante la guerra tuvo que desplazarse hacia el sur de la Franja y quedó separada de parte de su familia. No pudo despedirse de su madre y vivió durante años con la preocupación constante por la suerte de su marido y de sus hijos. Poco antes de su muerte, sin embargo, Samah estaba feliz. Su hijo iba a casarse. Había telefoneado a familiares para invitarlos y estaba ocupada con los preparativos de la boda. La imagen importa porque nos permite conocerla más allá del instante de su martirio: Samah no era un personaje construido para una historia heroica. Era una mujer palestina de 47 años, madre y hermana, que esperaba celebrar la boda de su hijo. Y fue esa misma mujer la que, cuando una fuerza israelí llegó hasta su familia, tomó un arma y decidió enfrentarse a ella. Después de su martirio, muchos palestinos describieron a Samah con una expresión popular cargada de respeto y admiración: «ujt rijal» (أخت رجال), «hermana de hombres». En la tradición palestina, la expresión reconoce en una mujer la misma firmeza, dignidad y valentía que se atribuye a los hombres valientes. Llamarla «hermana de hombres» es situarla entre ellos, como una igual, y reconocer que comparte con ellos el coraje ante los momentos difíciles. Y Samah fue ujt rijal . Cuando una fuerza de ocupación llegó hasta su familia, no esperó a que nadie decidiera por ella. Vio a su marido herido y a sus hijos bajo el fuego, tomó el arma y se enfrentó personalmente a la fuerza israelí. Su historia pertenece a una tradición mucho más amplia. La historia palestina está atravesada por generaciones de mujeres que han participado en la resistencia de todas las formas posibles. Mujeres que han mantenido a sus familias y comunidades durante la Nakba y los sucesivos desplazamientos; que han defendido la tierra frente a la colonización; que han organizado movimientos políticos, sociales y estudiantiles; que han conocido las cárceles de la ocupación; que han protegido a sus hijos bajo las bombas; y mujeres que, en distintos momentos de la lucha palestina, también han tomado las armas. Samah pertenece ahora a esa historia. No hay contradicción entre la mujer que preparaba la boda de su hijo y la mujer que pocas horas después sostenía un fusil. No hay contradicción entre cuidar y resistir, entre proteger la vida y enfrentarse a quienes vienen a destruirla. Las dos imágenes forman parte de la misma mujer y de unas circunstancias que ninguna familia debería verse obligada a vivir. Tampoco debemos reducir a Samah a «la esposa de» un hombre al que trató de proteger. Su marido era el objetivo de la operación israelí, y ese dato es necesario para comprender lo sucedido. Pero Samah tuvo voluntad propia, tomó su propia decisión y actuó por sí misma. Cuando vio a su familia bajo ataque, no aceptó quedarse como espectadora. Su historia nos recuerda también algo que con demasiada frecuencia desaparece cuando se habla de las mujeres palestinas. Se las presenta únicamente como madres que lloran a sus hijos, esposas que pierden a sus maridos o víctimas que necesitan ser salvadas. Esas experiencias existen y forman parte del enorme sufrimiento impuesto al pueblo palestino, pero las mujeres palestinas nunca han sido solamente víctimas pasivas de su historia. Han sido y siguen siendo sujetos de ella. Samah al-Khaldi lo fue hasta el último momento. El 1 de septiembre esperaba estar ultimando los preparativos para la boda de su hijo. En lugar de ello, una fuerza especial israelí irrumpió para capturar a su marido y abrió una batalla alrededor de su familia. Samah vio caer heridos a su marido y a sus hijos. Podía haber huido. Podía haberse escondido. Nadie habría podido reprochárselo. Eligió otra cosa. Cogió el arma de su hijo, se enfrentó a la fuerza de ocupación y combatió hasta caer mártir. Se llamaba Samah al-Khaldi. Tenía 47 años. Era madre, hermana y mujer palestina. Y cuando la ocupación llegó hasta su familia, decidió resistir. FUENTE: ALKARAMA

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