*** En lo concerniente a la agricultura y ganadería, debe haber una planificación de las siembras, es decir ajustar los calendarios agrícolas tomando en cuenta el retraso y la irregularidad de las lluvias.
La escasez de agua que afecta al país es alarmante, los principales embalses del vital líquido que abastecen a la capital registran los niveles más bajos en los últimos cuarenta años, esta grave crisis hídrica que golpea a la nación, mantiene angustiada a miles de familias hondureñas, que ven con preocupación cómo los cultivos de granos básicos se han perdido en su totalidad por la falta de lluvias, poniendo en riesgo de hambruna a más de 2.2 millones de compatriotas.
De acuerdo con la Comisión Permanente de Contingencias (COPECO) hay 103 municipios en alerta roja, 82 en alerta amarilla y 48 en alerta verde, siendo los departamentos de Comayagua, El Paraíso, Lempira, La Paz, Francisco Morazán, Valle, e Intibucá los más afectados por la sequía.
El panorama no es nada alentador según el Observatorio en Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) hay más de 1.8 millones de hondureños que ya enfrentan serias dificultades para acceder a sus tres tiempos diarios de comida, cifra que podría ascender a más de 2.2 millones por la pérdida total de granos básicos.
Estamos frente a un escenario apocalíptico, se estima que, en las regiones del Sur, Occidente, Centro y Oriente, del país, los agricultores han perdido el 100 por ciento de sus cosechas de arroz y frijol. Asimismo, el sector ganadero registra la muerte de más de 400 cabezas de ganado, debido a la falta de agua y pasto.
Los modelos climáticos advierten que la intensidad de lluvias para lo que resta del año, será escasa volviendo la situación aún más crítica, ya que las principales represas que suplen de agua a la población hondureña reportan un descenso significativo en su capacidad de almacenamiento.
Sin duda alguna Honduras experimenta una de las sequias más extremas en las últimas cuatro décadas, las repercusiones de este fenómeno en el área económica, ambiental, social y de salud son impactantes, el alza desmesurada de precios de los productos de la canasta básica golpea con fuerza el bolsillo de miles de familias hondureñas.
Por otra parte, el incremento de casos de dengue en el país es preocupante sumado a la falta de producción de granos básicos y lácteos, al igual que el incremento de incendios forestales, evidencian la gravedad de la sequía, sembrando angustia y temor en la población, al ver que la presencia de lluvias es prácticamente nula.
Ante esta realidad una de las instituciones gubernamentales claves, que puede contribuir a facilitar ciertos procesos entre los productores nacionales, encaminados a mitigar el fuerte impacto que la sequía genera en la producción de alimentos, es el Banco Nacional de Desarrollo Agrícola (BANADESA).
Bajo la gestión del ingeniero Vidal Cerrato, presidente ejecutivo de BANADESA, se están implementando algunas medidas financieras, como es el alivio de deuda y refinanciamiento al dos por ciento anual, esta iniciativa busca a través del Decreto No. 128-2026, aprobado por el Congreso Nacional, readecuar y refinanciar las deudas de los productores agropecuarios en mora por razones climáticas.
Asimismo, otro de sus beneficios es subsidiar seguros agropecuarios e inyectar recursos directos para los productores nacionales, en tal sentido es importante que los interesados para acceder a estas medidas se aboquen a las 32 agencias que dispone BANADESA en 17 de los 18 departamentos del país para más información.
Si alguna lección debe dejar a los tomadores de decisión del país, la sequía sin precedentes que abate a la población hondureña es anticiparse frente a estos escenarios, adoptando medidas preventivas como el uso racional del agua en los hogares y centros de trabajo, en el control de fugas y la reutilización del agua.
En lo concerniente a la agricultura y ganadería, debe haber una planificación de las siembras, es decir ajustar los calendarios agrícolas tomando en cuenta el retraso y la irregularidad de las lluvias, asimismo implementar sistema de regadío eficientes y la protección de las fuentes hídricas, reforestando las cuencas con plantas nativas.
De igual manera prohibir las quemas agrícolas o de basura y adoptar una vigilancia sanitaria manteniendo medidas de higiene rigurosas, ante el riesgo de enfermedades respiratorias y gastrointestinales ligadas a la escasez de agua.
Se trata de unir esfuerzos, de buena voluntad y una aplicación de políticas públicas, orientadas a reducir los efectos devastadores que ocasiona la sequía, para que las próximas generaciones de hondureños puedan vivir en mejores condiciones de vida. José Víctor Agüero Aguilar
(0)Comments