Las escasas expectativas que habían suscitado las recientes visitas a Moscú y Kiev de Steve Witkoff y Jared Kushner, enviados del presidente Donald Trump para la guerra en el este de Europa, acabaron por hacerse realidad. El único logro tangible de los encuentros que ambos empresarios mantuvieron con las dirigencias de Rusia y Ucrania fue la reanudación de las negociaciones trilaterales, aunque en una atmósfera de escasas esperanzas de lograr un acuerdo a corto plazo. El presidente Vladímir Putin, convencido de que su Ejército lleva la iniciativa en el frente bélico, se limitó a reiterar una ristra de demandas ya conocidas que tanto Ucrania como sus aliados europeos rechazan, ya que las consideran una rendición 'de facto'.
Según afirmó una fuente próxima a Reuters, durante la reunión en Moscú el líder del Kremlin explicó a sus interlocutores que un acuerdo sobre la línea de demarcación de un eventual cese de hostilidades era poco probable antes de que sus tropas lograran hacerse con el control del 19% de la región de Donetsk, en manos ucranianas, que alberga a ciudades como Kramatorsk y Slovyansk, dando a entender que se trataba de un objetivo muy próximo. De forma separada, una fuente rusa calificó de "inamovibles" los objetivos militares fijados por el mandatario ruso al inicio del conflicto y que se resumen en la entrega de cuatro regiones ucranianas -Donetsk, Luhansk, Zaporiyia y Kherson- pese a que partes sustanciales de las mismas permanecen bajo control del Gobierno de Kiev, así como una renuncia explícita del país a integrarse en la OTAN.
Análisis similar
En Kiev, los medios de comunicación locales también ofrecían en sus crónicas un análisis similar. Una fuente ucraniana reveló a la publicación 'Kyiv Independent' que Putin seguía decidido a escalar el conflicto durante el invierno ahora en ciernes. "Putin tiene la expectativa de que logrará rompernos este invierno y no está dispuesto a pactar nada", ha asegurado. Tal y como recuerda la publicación ucraniana, este nuevo ímpetus diplomático se produce en medio de un insistente ruido de fondo de una próxima escalada bélica por parte de la Federación Rusa y una inminente movilización de cientos de miles de reservistas, ya sea de forma encubierta o mediante un nuevo decreto presidencial. El mensaje que se le transmitió al líder del Kremlin, a decir de dicha publicación, era el siguiente: "vamos a acabar con esto; levantaremos las sanciones y trasladaremos vuestros activos a otro lugar", lo que no pareció hacer mella en el mandatario ruso.
Todo este vaivén diplomático pone de nuevo sobre el tapete una cuestión que podría estar dificultando la consecución de un acuerdo: la veracidad y fiabilidad de la información que recibe el presidente ruso, cabeza de un régimen cuyos altos funcionarios temen o tienen aversión a transmitir noticias negativas a su superior. El Instituto de Estudios sobre la Guerra (ISW), el 'think tank' más citado por los medios, considera que Putin está "doblando la apuesta basado en una situación ficticia en el campo de batalla que presenta como 'realidad', e insiste en que esta tergiversación del estado actual de la guerra se convierta en el fundamento para las negociaciones de paz en Ucrania".
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En particular el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) cuestiona la capacidad del Ejército ruso de hacerse con el control en los próximos meses de la totalidad de la región de Donetsk, y valora que, al ritmo actual, dicha conquista solo podría materializarse en 2032, sin contar con las batallas de desgaste que tendrían que librar una vez comenzaran los combates en las localidades de Kramatorsk y Slovyansk, con entre 150.000 y 200.000 habitantes antes del inicio de la guerra. "Es probable que las mentiras y distorsiones de los mandos militares rusos en diversos niveles estén llevando a Putin a reafirmarse en la idea de que las fuerzas rusas pueden alcanzar sus objetivos en la región de Donetsk para finales de 2026 y que, por tanto, no necesita hacer concesiones respecto a sus propósitos", concluye el ISW.
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