El entusiasmo alrededor de herramientas como ChatGPT llevó a numerosas empresas a experimentar con asistentes capaces de redactar correos, crear propuestas comerciales, resumir documentos o generar contenidos.
Estas aplicaciones pueden ahorrar tiempo, pero ahorrar minutos no necesariamente significa generar rentabilidad .
El verdadero valor de la inteligencia artificial en las empresas aparece cuando la tecnología está conectada con procesos, datos y objetivos concretos del negocio.
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Uno de los principales errores de las empresas consiste en medir la adopción de IA por el número de empleados que utilizan una herramienta o por la cantidad de consultas que realizan durante el mes.
Una empresa puede tener 50 empleados utilizando inteligencia artificial y, aun así, no estar obteniendo un retorno económico significativo.
La pregunta correcta es otra: ¿qué problema empresarial está resolviendo la IA y cuánto vale esa solución?
Por ejemplo, automatizar parte de la atención al cliente puede reducir 500 horas de trabajo al año. Si además disminuye los errores y acelera las respuestas, el impacto puede traducirse en una reducción de costes y en una mejor experiencia para los clientes.
En cambio, utilizar IA para generar textos que posteriormente deben revisarse casi por completo puede aportar comodidad, pero difícilmente tendrá un impacto financiero relevante.
Por eso, el ROI de la inteligencia artificial debe analizarse a partir de indicadores concretos: tiempo ahorrado, costes reducidos, ventas adicionales, errores evitados, productividad y capacidad operativa. El verdadero reto está en los procesos y los datos
La inteligencia artificial no puede compensar indefinidamente las deficiencias estructurales de una organización.
Si una empresa mantiene información dispersa en diferentes sistemas, procesos manuales, bases de datos incompletas o procedimientos que dependen exclusivamente del conocimiento de determinadas personas, implementar IA no resolverá automáticamente esos problemas.
De hecho, puede ocurrir lo contrario. Una herramienta inteligente conectada con información deficiente puede acelerar procesos incorrectos y multiplicar errores.
Por eso, antes de preguntar qué modelo de IA necesita una empresa, conviene identificar qué procesos consumen más recursos y cuáles tienen mayor potencial de mejora.
Una compañía puede descubrir que su mayor oportunidad no está en generar más contenido, sino en automatizar la clasificación de solicitudes comerciales, analizar información de clientes, anticipar necesidades de inventario o reducir el tiempo necesario para elaborar informes.
La clave está en pasar de una lógica basada en 'usar IA porque todos la están utilizando' a otra basada en 'usar IA porque genera un resultado empresarial medible'.
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Otro concepto que comienza a ganar importancia es que la inteligencia artificial no tiene por qué utilizarse de la misma manera en todos los departamentos.
El responsable financiero trabaja con datos y decisiones diferentes a los de un comercial, un responsable de recursos humanos o un profesional de operaciones. Por tanto, una única herramienta y una misma metodología difícilmente serán óptimas para todos.
La IA debe adaptarse al puesto, al nivel de responsabilidad y al proceso en el que interviene cada trabajador.
Esto también implica establecer indicadores antes de implementar una solución. Si una herramienta pretende ayudar al departamento comercial, por ejemplo, habrá que determinar si aumenta la conversión, reduce el tiempo de preparación de propuestas o permite gestionar un mayor número de oportunidades.
En otras áreas, los indicadores pueden ser distintos. Menos horas administrativas, menor tasa de errores, respuestas más rápidas o reducción de tareas repetitivas también pueden representar valor económico.
La formación resulta igualmente determinante. Una empresa no obtiene retorno de una tecnología que sus empleados no saben utilizar correctamente.
En definitiva, saber si la IA está dejando dinero en una empresa exige mirar más allá del entusiasmo tecnológico. La verdadera medida no es cuántas herramientas se han incorporado, sino cuánto valor económico producen.
Cuando la inteligencia artificial se integra con procesos bien definidos, datos de calidad y objetivos medibles, puede convertirse en una palanca real de productividad y competitividad.
Pero cuando se incorpora sin estrategia, puede terminar siendo simplemente otra suscripción mensual.
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