Las setas alucinógenas podrían frenar el daño nervioso de la quimioterapia

Las setas alucinógenas podrían frenar el daño nervioso de la quimioterapia
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Category: Health
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Terminar la quimioterapia no siempre significa terminar con ella. Una parte considerable de quienes reciben fármacos con platino, como el oxaliplatino o el cisplatino, o taxanos como el paclitaxel, arrastra después un problema que no cabe en el informe de alta: los nervios de manos y pies dejan de funcionar bien y el daño se queda durante meses o años. Se llama neuropatía periférica inducida por quimioterapia, CIPN por sus siglas en inglés, y ahora mismo no hay ningún tratamiento aprobado para evitarla. Lo que revela el microscopio en el axón Un estudio en Science describe cómo dos dosis previas de psilocibina previenen la degeneración de los nervios periféricos en la quimioterapia al mantener el suministro energético celular. Bastaron dos dosis antes de la quimioterapia para evitar la destrucción de las fibras nerviosas epidérmicas. La psilocibina restablece la proteína KIF5B para desatascar el transporte de energía dentro de la neurona. La protección de las fibras periféricas en la piel es independiente del efecto psicodélico central. Los modelos comprueban que el compuesto no reduce la eficacia antitumoral del tratamiento. Un equipo del MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas, junto a investigadores del Cold Spring Harbor Laboratory y de la Oregon Health & Science University, acaba de publicar en Science un resultado que no encaja con lo que solemos esperar de los psicodélicos: bastaron dos dosis de psilocibina administradas antes de la quimioterapia para que los nervios periféricos de los animales no llegaran a degenerarse. El compuesto es el mismo de las setas alucinógenas. El efecto que describen no ocurre en la conciencia, sino dentro del axón. Por qué la quimioterapia apaga los nervios empezando por la punta El daño no arranca en el cerebro ni en la médula: arranca en el extremo más lejano de la neurona, en las terminaciones que llegan hasta la piel de los dedos. Los investigadores lo cuantifican contando al microscopio esas fibras nerviosas intraepidérmicas, y el recuento cae conforme avanzan los ciclos de tratamiento. El entumecimiento y la pérdida de tacto que describen los pacientes tienen ahí su correlato medible. Una neurona periférica es una célula con una geometría desproporcionada: su prolongación puede recorrer una distancia enorme desde el cuerpo celular hasta la yema de un dedo, y toda esa longitud necesita un suministro constante de energía que no se puede fabricar a distancia. De eso se encargan las mitocondrias, que no están quietas dentro de la célula: viajan por el interior del axón como convoyes sobre una vía de microtúbulos. Si los convoyes de energía se detienen, el extremo del nervio se abandona antes de que nada lo ataque directamente. El cuerpo celular sigue vivo. La punta, no. Ese es el punto que el trabajo convierte en diana. El equipo describe que la quimioterapia interrumpe el tráfico de mitocondrias por el axón y que la degeneración de la fibra llega después, como consecuencia, no como un daño simultáneo. El hormigueo y el dolor crónico que acompañan a la neuropatía serían el final visible de un atasco microscópico. Recreación artística del contraste entre terminaciones nerviosas intraepidérmicas conservadas y degeneradas, el recuento con el que se mide la neuropatía inducida por quimioterapia. Fuente: Nano Banana / Scruzcampillo. Dos dosis antes, y el atasco no llega a producirse La estrategia probada no es de rescate. Los animales recibieron dos dosis de psilocibina antes de empezar el tratamiento oncológico, no cuando ya habían aparecido los síntomas. Con ese esquema profiláctico, las terminaciones nerviosas de la piel se conservaron y el transporte de mitocondrias siguió funcionando durante los ciclos de oxaliplatino y de paclitaxel. La ruta molecular que describen empieza en TrkB, el receptor del factor neurotrófico BDNF, y termina en KIF5B, la proteína motora que arrastra las mitocondrias a lo largo del axón. Entre esos dos extremos, la psilocibina reactiva la cadena que mantiene los microtúbulos en condiciones de transporte. Es una explicación mecánica y medible, que no depende de que el animal experimente nada parecido a un viaje. La psilocibina lleva años estudiándose por lo que hace en la corteza cerebral. Este trabajo la coloca muy lejos de allí, en el extremo de un nervio que termina en la piel de un dedo. Los autores registraron además la actividad eléctrica de la corteza prefrontal medial durante los experimentos, el territorio clásico donde se estudian los efectos psicodélicos del compuesto. La protección de la fibra periférica aparece por una vía propia, separable de la firma cortical que caracteriza a la sustancia. Lo nunca visto: observan las mitocondrias con tanta resolución que ahora entendemos cómo generan energía con eficiencia Eugenio M. Fernández Aguilar La objeción evidente: ¿y el tumor? Cualquier compuesto que proteja células durante una quimioterapia despierta la misma sospecha. Si protege nervios, ¿no estará protegiendo también al tumor? El grupo lo comprobó en modelos tumorales antes de publicar. La eficacia antitumoral del tratamiento se mantuvo en presencia de psilocibina, que es la condición mínima para que una estrategia así llegue a plantearse en oncología. Conviene medir bien lo que este resultado dice y lo que todavía no puede decir. Todo el trabajo es preclínico: roedores y cultivos celulares, sin un solo paciente. Las dosis, la ventana temporal y la seguridad en personas que ya están recibiendo tratamiento oncológico son precisamente lo que queda por establecer, y la historia de la quimioterapia está llena de compuestos que funcionaron en el animal y se quedaron a mitad de camino. Hay un segundo límite, menos evidente. El esquema es preventivo: se administra antes. Nada en este estudio indica que la psilocibina revierta una neuropatía ya instalada, que es justo la situación de quienes hoy conviven con las secuelas años después del tratamiento. Y tampoco hay atajo doméstico, porque la protección responde a una pauta farmacológica precisa sobre receptores concretos, no al consumo de setas. Queda una tercera pregunta abierta, y es la que más incomoda: la quimioterapia no solo castiga a los nervios periféricos. Los efectos sobre la conectividad del cerebro también son medibles, y este trabajo no se ha ocupado de ellos. Proteger el extremo de un nervio no equivale a proteger todo el sistema nervioso. Si la ruta TrkB-KIF5B es de verdad el cuello de botella, la siguiente pregunta no es si funciona la psilocibina, sino si hace falta la psilocibina. Cualquier molécula capaz de reactivar el mismo transporte mitocondrial sin efecto psicodélico serviría igual, y sería muchísimo más sencilla de administrar en un hospital de día. Ese es el compuesto que toca buscar ahora.

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