Guardar
Redacción Ciencia, 7 sep (EFE).- El 10 de marzo de 2025 un terremoto de magnitud 6,5 sacudió la isla noruega de Jan Mayen, situada entre el océano Ártico y el Atlántico norte, y provocó un alud de rocas y escombros que cubrieron parte de un glaciar ubicado a más de 7 kilómetros del epicentro.
Un equipo internacional de científicos quiso comprender por qué este sismo causó de pronto una inestabilidad tan pronunciada en una región sísmicamente activa durante mucho tiempo.
PUBLICIDAD
"Este terremoto de 2025 es un ejemplo impactante de la cascada de desastres naturales", comenta Guilherme WS de Melo, autor principal del estudio e investigador postdoctoral en la unidad de investigación de Geodinámica Marina del Centro GEOMAR Helmholtz para la Investigación Oceánica de Kiel.
"Nuestro estudio documenta, por primera vez, un alud de rocas provocado por un terremoto en la isla de Jan Mayen. La ladera volcánica podría haberse vuelto cada vez más inestable debido a la degradación del permafrost".
En el permafrost -suelo permanentemente congelado-, la roca se mantiene unida por el hielo, igual que el cemento une el hormigón pero, cuando el hielo se derrite, el suelo se debilita y se vuelve inestable. Y en un terremoto, esto puede desencadenar una serie de desastres naturales.
PUBLICIDAD
Jan Mayen es una isla volcánica habitada únicamente por el personal de una estación meteorológica y situada a unos 500 kilómetros al este de Groenlandia y a 550 kilómetros al norte de Islandia.
La isla alberga el volcán activo más septentrional del mundo, el Beerenberg, cuya última erupción sucedió en la década de 1980. Desde el borde de su cráter, los glaciares descienden unos 2000 metros hasta la costa, dos de ellos se vieron directamente afectados por el terremoto de 2025.
PUBLICIDAD
El intenso temblor provocado por el sismo principal desencadenó un alud de rocas en una ladera sobre el glaciar Kjerulf. En cuestión de minutos, grandes volúmenes de roca volcánica se desprendieron y se extendieron por la superficie del glaciar, donde ahora cubren el hielo casi hasta la orilla.
Los datos satelitales también documentaron desprendimientos de hielo provocados por terremotos en el glaciar vecino de Weyprecht.
Para investigar el terremoto y sus consecuencias, el equipo, integrado por científicos de Alemania, Noruega y Brasil, combinó conjuntos de datos sísmicos locales y regionales, modelos de vibración del suelo, imágenes satelitales de alta resolución y mediciones de infrasonido para determinar el momento exacto del deslizamiento de tierra, y registros de temperatura del aire y del clima.
PUBLICIDAD
La integración de estos métodos permitió a los investigadores reconstruir la secuencia de eventos con detalle. Los resultados del estudio se han publicado este lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).
Aunque Jan Mayen es sísmicamente activa, no hay registros ni evidencias de que los terremotos hayan producido avalanchas de rocas con una extensión de escombros comparable.
Para los autores, lo sucedido el año pasado es el resultado de cambios a largo plazo, y algo que, irá a más a medida que el clima continúe calentándose.
El estudio explica que al fundirse el hielo del permafrost, que durante miles de años ha ayudado a estabilizar las empinadas laderas volcánicas, irá perdiendo gradualmente su efecto aglutinante y, como resultado, los temblores de los terremotos podrán provocar con mayor facilidad el colapso de la roca.
PUBLICIDAD
El estudio desvela cómo el cambio climático puede actuar como un amplificador silencioso de los peligros naturales: "El calentamiento global y la degradación del permafrost pueden debilitar progresivamente las laderas y los glaciares, aumentando así el potencial de desastres en cascada, como se vio recientemente en el desastre en la frontera entre Nepal y China", afirma Guilherme WS de Melo.
"Allí, el detonante inmediato fue el colapso de un glaciar o de una roca de hielo; en el evento que estudiamos en Jan Mayen, fue un terremoto. Sin embargo, en un contexto más amplio, ambos eventos apuntan al mismo proceso subyacente: el calentamiento global y la degradación del permafrost pueden desestabilizar progresivamente las laderas y los glaciares, aumentando el potencial de desastres en cascada", concluye el investigador.
PUBLICIDAD
(0)Comments