Había que verlo. No bastaban las promociones, ni las explicaciones de Mediaset, ni las palabras de sus responsables, ni siquiera saber que La Rueda es El Rosco con otro nombre. Había que sentarse este lunes delante de Telecinco, esperar a que Carlos Sobera pronunciara aquello de "bienvenidos a Rueda la letra" y comprobar hasta dónde llegaban las semejanzas con Pasapalabra. Y entonces llegó la pregunta que empezó a correr por las redes sociales casi a la misma velocidad que las letras: ¿y ahora qué va a hacer Atresmedia?
Porque una cosa es que dos concursos compartan palabras, famosos, concursantes, pulsadores y preguntas -la televisión lleva décadas alimentándose de formatos que se parecen entre sí- y otra es esa extraña sensación de encender una cadena y creer durante unos segundos que estás viendo otra.
Eso es lo que ocurrió con Rueda la letra.
No porque sus pruebas sean exactamente las mismas que las de Pasapalabra. No lo son. O, al menos, no todas. El parecido más sorprendente está en el programa entero. En cómo se mira, cómo se mueve, cómo respira y cómo está contado televisivamente.
Los planos de los concursantes. Los planos de los famosos. Los planos de Carlos Sobera. Los equipos enfrentados. Los atriles. Las filas de público detrás. La manera de saltar de un equipo al otro. Las bromas con los invitados. El cambio de ritmo cuando se aproxima la prueba final. Incluso esa sensación tan reconocible de que todo lo anterior es el aperitivo y que el concurso de verdad empieza cuando los famosos dejan paso a los concursantes.
Cambia el decorado. Cambian los colores. Azul para uno, morado para otro. Cambian los nombres. Y donde antes se decía "pasapalabra", ahora se dice "paso". No vaya a ser.
Pero el espectador no necesita un informe pericial para reconocer un lenguaje televisivo.
De ahí que durante el estreno X se convirtiera en una especie de gabinete jurídico colectivo. "Madre mía, Antena 3, Atresmedia, ITV Studios y compañía le van a cascar una señora demanda a Telecinco", escribía un espectador. "La peazo demanda que le va a caer a Telecinco por el plagio de Pasapalabra", apuntaba otro. Y otro imaginaba directamente a "ITV Studios, Fox Television Stations y Atresmedia Televisión redactando la demanda conjunta a tres en este momento".
El comentario más repetido durante la emisión fue precisamente ese: el parecido. También hubo espectadores a los que el programa convenció. "Poco que decir de Rueda la letra porque el formato es Pasapalabra y por lo tanto funciona a la perfección", resumía uno. Es probablemente una de las mejores definiciones involuntarias del estreno. Incluso entre quienes disfrutaron del concurso, la comparación resultó inevitable. Las reacciones recogidas tras la emisión oscilaron entre quienes hablaban abiertamente de "plagio" y quienes celebraban el regreso de una estructura que consideran infalible.
Y ahí está la paradoja.
Durante la presentación de Rueda la letra, Jaime Guerra, director de Producción de Contenidos de Mediaset España, defendió que se había trabajado para construir "un concurso único". Rafa Guardiola, su director y durante años director de Pasapalabra en Telecinco, reconocía que las comparaciones aparecerían inevitablemente y explicaba que habían estudiado concursos de diferentes países y probado numerosas mecánicas antes de elegir las definitivas.
Y es cierto que, prueba por prueba, Rueda la letra ha buscado caminos diferentes, pero en conjunto el parecido en innegable. ¡Claro! Es que Pasapalabra siempre fue así: en Telecinco, en Antena 3... La historia es que Pasapalabra es de ITV -también lo dijo el Supremo- y los derechos de emisión los tiene Atresmedia. En fin, un nuevo follón.
La primera es ¡He dicho! En pantalla aparecen varios personajes famosos y Sobera lee frases que los concursantes y sus compañeros deben atribuir a uno de ellos. No es una prueba de Pasapalabra. Aunque tampoco es una invención televisiva. Saber y ganar, por ejemplo, ya ha jugado en sus Duelos Especiales a ¿Quién lo dijo?, con frases pronunciadas por personajes históricos que los concursantes debían identificar. En septiembre de 2018, RTVE anunciaba precisamente uno de esos duelos dedicado a descubrir quién estaba detrás de cuatro frases célebres.
Después llega Cantando espero. Y aquí ya cuesta bastante más evitar mirar hacia Antena 3. Es la prueba musical. Una canción para cada participante, cinco segundos para escucharla y cinco segundos en juego. Hay dos enfrentamientos por pareja. ¿Es exactamente La Pista Musical? No. ¿Qué recuerda inevitablemente a La Pista Musical? También.
Pero lo más curioso vuelve a ser cómo se rueda. Pulsadores, invitados intentando reconocer la canción, Sobera dando paso al juego, planos cortos de reacción, celebración del equipo... Cambia la mecánica concreta, pero la sensación para quien está en casa vuelve a ser demasiado familiar.
La tercera prueba es Con dos palabras, bautizada durante el programa también alrededor de la idea de la apuesta. Aquí las referencias cambian. Recuerda mucho más a 25 palabras y también a El centro de la cadena, una de las pruebas de Reacción en cadena. Antes de jugar, quienes van a proporcionar las pistas apuestan cuántas palabras creen que será capaz de acertar su equipo. El propio Guardiola había asumido antes del estreno que habría quien encontrara semejanzas con Password o 25 palabras.
De hecho, entre las reacciones de los espectadores hubo quien señaló precisamente esta prueba como la mejor de Rueda la letra: "La apuesta es sin duda la mejor prueba [...] porque no es sucedáneo de otra de Pasapalabra".
Y finalmente están las Palabras Ocultas, una especie de sopa de sílabas endemoniada en la que hay que construir la palabra correspondiente a la definición de Sobera. Las sílabas no aparecen ordenadas en horizontal, vertical o diagonal. Hay que encontrarlas y unirlas. Es probablemente una de las mecánicas que más personalidad propia aporta al programa.
Y entonces todo cambia.
Se marchan los famosos. Se quedan los concursantes. Se rebaja el tono. Se incrementa la tensión. Llegan los segundos acumulados. Frente a frente aparecen Fran González y Lilit Manukyan, dos ganadores históricos de Pasapalabra. Y Sobera presenta "la prueba más emblemática y más famosa de la historia de la televisión". Ya no puede llamarse El Rosco. Ahora esLa Rueda.
Y vuelve a ocurrir.
Las 25 letras. Las definiciones. El tiempo descontando. Los aciertos. Los errores señalados sobre las letras. El concursante que dice "paso". El rival esperando. Los planos. La tensión. El bote. Todo aquello que durante décadas el espectador identificó con Pasapalabra está ahora en Telecinco porque La Rueda está basada en el formato original 21x100 de MC&F, propietaria de los derechos de esa mecánica.
Hasta ahí, nada que discutir: esa es precisamente la prueba que Mediaset tenía derecho a recuperar después de que el Tribunal Supremo confirmara que Atresmedia debía dejar de emitir El Rosco dentro de Pasapalabra. Antena 3 lo sustituyó el pasado junio por AlaZ, mientras MC&F, con el apoyo de Mediaset, anunció posteriormente acciones contra Atresmedia al considerar que la nueva prueba seguía teniendo demasiadas similitudes con la anterior.
Y aquí es donde el estreno de Rueda la letra adquiere una dimensión mucho más interesante que la de un simple concurso.
Porque entre los argumentos utilizados contra AlaZ se han señalado precisamente cuestiones que van más allá de las preguntas: la escenografía, la iluminación o la posición de los concursantes. Es decir, no sólo qué se juega, sino cómo se presenta televisivamente ese juego.
Pues bien.
Después de ver Rueda la letra, resulta inevitable preguntarse si Atresmedia hará exactamente el mismo ejercicio pero en dirección contraria.
No por La Rueda, cuyos derechos pertenecen a MC&F. Ni siquiera necesariamente por cada una de las pruebas previas. Sino por la suma de todas las partes. Por la arquitectura de un programa en el que dos concursantes están acompañados por cuatro famosos, juegan para conseguir segundos, alternan pruebas de conocimiento y entretenimiento, se suceden las bromas y las conversaciones, y desembocan finalmente en un duelo individual por un bote. Los famosos, además, pasarán a rotar cada tres programas, como sucede en Pasapalabra.
Todo se puede explicar por separado. El problema es cuando se junta. Y cuando se junta, el resultado se parece muchísimo a algo que los espectadores llevan viendo durante años.
Por supuesto, Rueda la letra funciona. Claro que funciona. Tiene a Carlos Sobera, que maneja un concurso como quien lleva toda la vida haciéndolo porque, básicamente, lleva toda la vida haciéndolo. Y que irá mejorando la vocalización en las definiciones de La Rueda, según pasen los días. Tiene ritmo. Se puede jugar desde casa. Sus pruebas se entienden en segundos. No necesita instrucciones interminables. Y posee una ventaja gigantesca: termina con una de las mejores pruebas que ha dado la televisión española.
Rueda la letra va rápido. No se entretiene demasiado. No deja caer la tensión. Y probablemente ahí esté una de sus mayores fortalezas. Telecinco no ha inventado la rueda. Nunca mejor dicho. Pero sabe perfectamente que esa rueda gira.
Ahora queda conocer la audiencia.
Y queda otra cosa.
Saber si en algún despacho de Atresmedia alguien vio este lunes Rueda la letra con el mismo detenimiento con el que, meses atrás, otros observaron AlaZ.
Porque después de tantos años de tribunales, sentencias, recursos, derechos, formatos, círculos, ruedas, roscos y alfabetos, la batalla más divertida puede que no haya terminado. Puede que sólo haya cambiado de cadena.
(0)Comments