Marwan Barghouti es "un preso político", define su hijo Arab, portavoz de la campaña que su familia, amigos y simpatizantes están llevando a cabo para pedir su liberación. Su padre lleva preso en cárceles de Israel desde 2002, cuando fue condenado por, según un tribunal israelí, ordenar ataques que mataron a cinco personas. Barghouti nunca reconoció ni al tribunal ni la acusación.
Para Arab Barghouti, la libertad de su padre simboliza también la del pueblo palestino. Ha estado en Italia, Irlanda, Reino Unido y Alemania para hablar de una causa que él identifica con la paz, la estabilidad y la libertad. Habla con RTVE Noticias durante su reciente paso por España.
PREGUNTA: ¿Cuándo fue la última vez que viste a tu padre?
RESPUESTA: Hace cuatro años, porque la gente tiene que entender que esto ha estado ocurriendo mucho antes del 7 de octubre. El último miembro de la familia que vio a mi padre fue mi madre, hace tres años y medio. Y no es algo que nos pase sólo a nosotros: los 10.000 presos políticos palestinos que hay en Israel no han podido ver a sus seres queridos desde el 7 de octubre sin tener ningún motivo para ello. Es un delito, claramente, pero lo siguen haciendo.
P: ¿Cómo se encontraba cuando lo viste y cómo está ahora?
R: Hace cuatro años, mi padre estaba bien. Lucía su sonrisa de siempre, esa que nunca se borraba de su rostro. Era un hombre profundamente positivo, de esos que nunca se quejan. En toda mi vida, nunca le escuché una queja. Siempre hablaba de un futuro mejor, de un horizonte de prosperidad y libertad para todos. Nunca lo guio el odio. Su único motor era un propósito claro y sencillo: que los niños palestinos pudieran vivir en paz y seguridad.
Pero no lo he vuelto a ver desde entonces. Lamentablemente, después del 7 de octubre, su salud se ha deteriorado rápidamente y su situación no deja de empeorar.
'A mi padre le rompieron las costillas, lo torturaron, sufrió quemaduras en parte de la mano derecha, lesiones en el oído derecho y ha perdido más de diez kilos (...). Es realmente aterrador lo que están viviendo'
P: ¿Así están todos los presos palestinos?
R: Así es. Desde el 7 de octubre, como parte de una política de castigo colectivo contra el pueblo palestino, más de un centenar de palestinos han sido asesinados en las prisiones israelíes. Por inanición, por violencia, por abusos, por negligencia médica y por muchas otras causas.
Creo que es fundamental que la gente comprenda que encarcelar, torturar y someter a estas vejaciones sistemáticas constituye un crimen de lesa humanidad. Acabo de revisar informes de la ONU y del The New York Times sobre violencia sexual, violaciones y abusos contra los presos políticos palestinos. Es una vergüenza para la humanidad y para todos los líderes mundiales que permanecen en silencio frente a estos hechos. Mientras tanto, se sigue otorgando a Israel protección diplomática y armamento para cometer estos crímenes contra el pueblo palestino.
En el caso de mi padre, lo aislaron inmediatamente después del 7 de octubre. Ha sido agredido en múltiples ocasiones: le rompieron las costillas, lo torturaron, sufrió quemaduras en parte de la mano derecha, lesiones en el oído derecho y ha perdido más de diez kilos en los últimos dos años por desnutrición y falta total de tratamiento médico. Es realmente aterrador lo que están viviendo.
'Mi padre es un símbolo de esperanza, de paz, de libertad y de unidad para el pueblo palestino'
P: Y todo eso sin tener nada que ver con el 7 de octubre…
Obviamente, su detención es muy anterior y no tuvo nada que ver con el 7 de octubre. Forma parte de la política de castigo colectivo contra el pueblo palestino, pero también es un ataque directo por lo que mi padre representa para nosotros. Mi padre es un símbolo de esperanza, de paz, de libertad y de unidad para el pueblo palestino. El Gobierno israelí no quiere que estemos unidos, ni que mantengamos la esperanza. Porque, como él mismo siempre decía, una vez que perdamos la esperanza, ellos habrán ganado. Estas son sus palabras: 'La desesperanza es un privilegio que no se les otorga a los palestinos'. Y es precisamente por su influencia, por lo que simboliza y por ser un verdadero aliado de la paz —alguien capaz de traer estabilidad y reconciliación a la región— que el Gobierno israelí lo está atacando con tanta saña.
Arab Barghouti durante una entrevista en Barcelona. David Zorrakino / Europa Press
P: ¿Qué te parece el vídeo que el ministro del Interior israelí, Ben-Gvir, grabó con tu padre en la cárcel?
R: Es un vídeo espantoso. Al principio sentí una furia inmensa y una frustración profunda. No podía entender cómo alguien como Ben-Gvir —un terrorista convicto incluso para Israel— puede hacer lo que está haciendo con los presos palestinos y, especialmente, con mi padre.
Pero, en realidad, este vídeo es la representación más fiel y cruda del actual gobierno israelí. Ben-Gvir es el reflejo perfecto de ellos, y mi padre es el reflejo perfecto de la lucha y la dignidad palestina. Por un lado, ves a un matón que se burla de un líder palestino desde su celda. Por el otro, ves a un líder con el cuerpo debilitado, cargando sobre sus hombros todo el sufrimiento y la resistencia de su pueblo.
Es muy triste verlo. Hace mucho tiempo que no veo a mi padre y esta es la primera imagen que tengo de él en años. Ha cambiado; es evidente. Sin embargo, como él mismo siempre ha dicho: 'Nuestras cadenas se romperán antes que nosotros'. Y yo le creo. A lo largo de su vida se ha enfrentado a decenas de Ben-Gvir y nunca ha sido derrotado. Un matón, un fascista como Ben-Gvir, jamás podrá quebrar a mi padre.
P: ¿Los jóvenes palestinos conocen a tu padre?
R: Por supuesto. La popularidad de mi padre cruza todo el espectro político en Palestina: izquierda, derecha y centro, todas las edades y todas las facciones. No lo respalda una sola facción, ni un grupo étnico, ni una religión. Lo apoya el conjunto del pueblo palestino. Es una figura unificadora, que representa la esperanza, que es lo que más nos falta hoy en Palestina.
Siempre digo, especialmente a la generación joven: mi padre no tiene una varita mágica para liberar Palestina de la noche a la mañana. Pero sí sabe qué camino debemos seguir: concentrarnos en lo que podemos controlar, impulsar la renovación democrática, construir un liderazgo unificado y, sobre todo, unir al pueblo palestino.
P: Precisamente por todo esto, ¿crees que Israel alguna vez liberará a tu padre?
R: Sí, tendrán que hacerlo. Nunca he perdido la esperanza. En realidad, creo que mi padre ya es libre. Porque la verdadera libertad no es solo física, y él ha escrito mucho sobre eso. Es un hombre libre en su espíritu, alguien que ha dedicado toda su vida a una causa noble. Siempre ha sabido perfectamente a qué se estaba entregando. Él eligió este camino con plena conciencia, porque considera que se trata de una causa que vale la pena y por la que merece la pena sacrificarse.
P: ¿Cree que hay sectores del campo político palestino a los que les viene bien la situación de tu padre?
R: La competencia política existe y, como en cualquier lugar, a veces se ensucia. Es posible que uno o dos líderes se estén beneficiando de su ausencia, pero no creo que sea un fenómeno generalizado ni extendido en la política palestina.
Creo firmemente que todos los palestinos quieren ver a mi padre libre, junto con todos los demás presos políticos. Siempre he dicho que, si eres palestino y no deseas su liberación, deberías hacerte una prueba de ADN, porque no existe un solo palestino que no quiera que mi padre vuelva a casa. Mi padre representa una fuerza positiva para la libertad y la política palestina, pero también para la paz y la estabilidad de toda la región.
Las fuerzas israelíes y colonos armados protegen una excavadora que, según informes, opera en tierras palestinas AFP / Hazem Bader
P: ¿Qué opinas del actual Gobierno de la Autoridad Palestina?
R: La Autoridad Palestina se encuentra actualmente muy debilitada. Tanto el Gobierno israelí como la comunidad internacional han contribuido a eso. Tiene un grave problema de corrupción que debemos resolver, pero al mismo tiempo considero muy peligroso que se llame a su colapso total.
La Autoridad Palestina es la institución nacional palestina y necesitamos una entidad que nos represente ante el mundo. En lugar de reinventar la rueda, debemos reformarla y hacer que funcione. Y la mejor manera de lograrlo es celebrando elecciones lo antes posible. Las elecciones renovarían por completo el sistema político. Tendríamos un nuevo parlamento —algo que no ocurre desde hace casi 20 años—, con mayor representación de mujeres y de jóvenes. También tiene que servir para lograr la unidad entre Gaza y Cisjordania, e incluir Jerusalén. Uno de los mayores peligros que enfrentamos hoy es precisamente la desconexión y la división entre ambos territorios. El Ejecutivo israelí trabaja de forma deliberada para mantenernos divididos; pero nosotros necesitamos una unidad política real entre Gaza, Cisjordania y Jerusalén.
P: ¿También una unidad entre Hamás y Fatah? ¿Puede tu padre hacer de enlace entre los dos movimientos?
R: Debemos ser pragmáticos al buscar soluciones. Hamás ha dejado muy claro que está dispuesto a renunciar al poder para que los palestinos de Gaza puedan vivir una vida normal. Eso es exactamente lo que buscamos. Lamentablemente, se está utilizando a Hamás como excusa para no avanzar hacia una solución política.
Como palestinos, entendemos que debemos ser leales, sobre todo, a los niños de Palestina y de Gaza. Por eso defendemos un enfoque pragmático. Sin embargo, no vemos la misma energía ni el mismo compromiso por parte de la comunidad internacional. Lo que esperamos es que, tras las elecciones, surja un nuevo Gobierno palestino renovado: uno que represente de verdad al pueblo y que tenga la legitimidad y la capacidad para entablar negociaciones serias hacia una solución política duradera.
P: Ese optimismo choca con la realidad de un Israel que ahora planea hacerse con el 70% de Gaza y avanza también en la colonización de Cisjordania. ¿Cómo se puede detener a Israel?
R: Creo que mi padre siempre tuvo razón: debemos concentrarnos en lo que podemos controlar. No podemos controlar el fin de la ocupación ni la complicidad de la comunidad internacional. Pero sí podemos y debemos poner fin a la división entre palestinos, unirnos como pueblo y construir un liderazgo que represente de verdad a toda la sociedad palestina. A partir de ahí, podremos empezar a tender puentes con la comunidad internacional y los Gobiernos occidentales para convencerlos de dos cosas.
Primero, que apoyen y protejan las instituciones palestinas, especialmente mediante la reforma de la Autoridad Palestina y el fortalecimiento del proceso democrático. El simple reconocimiento de Palestina seguirá siendo simbólico si no se da un paso más para proteger y consolidar nuestras instituciones.
Y segundo, que se sancione, aísle y castigue a Israel por sus crímenes. Esa es la única forma efectiva de confrontarlo. Lo aprendimos con Sudáfrica: el régimen del apartheid no se derrumbó porque de repente sus líderes decidieran ser buenas personas. Cayó porque se volvió demasiado costoso para ellos, tanto diplomática como económicamente. ¿Por qué Rusia fue sancionada pocos días después de invadir Ucrania y, en cambio, Israel sigue recibiendo impunidad? Esa doble vara de medir es inaceptable.
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