Una encuesta revela un gran conocimiento del reclamo de soberanía del presidente, pero también que más de la mitad desconfía de su llamado a la unidad
La férrea defensa de la soberanía argentina de las islas Malvinas hecha por Javier Milei el pasado jueves —'las Islas Malvinas son argentinas por historia y por derecho, no hay discusión al respecto'— se escuchó de norte a sur del vasto país sudamericano. Nueve de cada diez argentinos saben que el presidente habló por cadena nacional sobre las islas del Atlántico Sur que Argentina reclama a Gran Bretaña desde que las ocupó, en 1833. Su postura tiene un apoyo mayoritario, pero también son mayoría quienes creen que Milei levanta esta bandera ahora 'por conveniencia política', según una encuesta difundida por Management & Fit.
Falta poco más de un año para las elecciones presidenciales de 2027 y la política económica, el terreno en el que Milei se siente más cómodo, genera hoy más rechazo que adhesiones entre los argentinos. El mandatario repite en cada discurso sus logros económicos —como el descenso de la inflación, el superávit fiscal y el crecimiento económico—, pero estos no son suficientes para contrarrestar la pérdida de poder adquisitivo de los salarios de gran parte de la población,el temor creciente al desempleo y las deudas que lastran muchos hogares.
Al anunciar que agilizará las sanciones contra las empresas petroleras que operen en Malvinas sin autorización argentina, Milei ha cambiado la agenda mediática de un golpe. Al mismo tiempo, ha logrado también cosechar aplausos de una sociedad donde pocas causas tocan una fibra tan sensible: basta ver cómo la bandera de 'Las Malvinas son argentinas' que Giovani Lo Celso levantó tras ganar por 2 a 1 a Inglaterra en la semifinal del Mundial se ha replicado hasta la saciedad en murales, pancartas, camisetas, pósters y tazas.
Después de semanas de guerra abierta contra el periodismo —con insultos como 'mierdas humanas mentirosas', 'soretes', 'pelotudos', 'basuras inmundas'—, la Oficina del Presidente difundió el resultado de una encuesta hecha por el diario Clarín en sus redes sociales que aseguraba que el 81,3% de los que respondieron apoyaba las medidas de Milei sobre las islas.
El sondeo de Management & Fit hila más fino y muestra una percepción dividida sobre el discurso. Para el 44,6% de los entrevistados, Milei anunció medidas concretas; para otro 44,2%, en cambio, se limitó a hacer unas declaraciones generales. De forma parecida, la división de la sociedad argentina también aflora cuando se pregunta si el llamado a la unidad hecho por Milei para abordar la disputa de soberanía les generó confianza: el 41% responde que sí, un 56% que no.
El mensaje grabado de Milei junto a todo su Gabinete supuso un giro de 180 grados en sus dichos previos sobre Malvinas. El presidente, que se ha declarado varias veces admirador de Margaret Thatcher, la primera ministra británica durante la guerra con Argentina en 1982, había insinuado que los kelpers tenían derecho a la autodeterminación, una posibilidad que ahora rechaza. El giro fue tan abrupto que pocos le creyeron. Según la encuesta, realizada sobre mil casos y con un margen de error del 3%, el 61,1% cree que lo hizo por conveniencia política y solo un 24,7%, por convicción.
Pese a esos números, en el Gobierno se ilusionan con el cambio de guion. Sin perder de vista los preparativos de la carrera electoral, el oficialismo prepara el borrador de la Ley de defensa de la soberanía nacional que enviará al Congreso y los fundamentos del Consejo de Seguridad Nacional anunciado por Milei.
Uno de los grandes desafíos del Gobierno para esta semana es desactivar la sesión que prepara la oposición peronista en la Cámara de Diputados para el miércoles. Si cuentan con un número suficiente de legisladores para comenzar el debate, pondrán sobre la mesa medidas que garanticen la continuidad de los tratamientos para las personas con discapacidad y que alivien a las familias endeudadas. De conseguirlo, uno de los puntos más débiles de la política económica de Milei recuperará el protagonismo que Malvinas ha dejado en segundo plano.
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