Marcos Juárez volvió a quedar en el centro de la escena política cordobesa, pero esta vez con un resultado que rompió con la historia reciente de la localidad. La elección municipal estuvo marcada por un récord de ausentismo y por el triunfo del peronismo cordobés, que logró arrebatarle el municipio al Pro en uno de sus históricos bastiones electorales. La baja participación se convirtió en uno de los principales datos de una jornada que dejó señales tanto para el oficialismo provincial como para la oposición.
Lo hizo desde un acuerdo de unidad que se armó detrás de la candidatura de Germán Font, quien pasará a gobernar la ciudad del sudeste de Córdoba desde el 10 de diciembre. Font, postulante de la peronista Generación M y de buena sintonía con el oficialismo provincial, ganó la intendencia local y sucederá a Sara Majorel. Con el 96% de los votos computados, sacaba el 46,02% de los sufragios, contra el 20,01% de Pedro Dellarossa, quien recibió apoyo de lo que fue Juntos por el Cambio (JxC).
La participación rondó el 60% del padrón, una cifra significativamente menor a la registrada en 2022, cuando había concurrido cerca del 69% de los electores. El dato confirma la tendencia de caída en la concurrencia a las urnas que atraviesa distintos comicios del país y adquiere especial relevancia en una elección municipal que era seguida con atención por las principales fuerzas políticas. El récord de ausentismo fue, así, uno de los protagonistas de la jornada.
El resultado tuvo además un fuerte componente simbólico para el peronismo de Córdoba. El justicialismo volvió a quedarse con la intendencia de Marcos Juárez después de más de cinco décadas: no ganaba en esa localidad desde 1973. La victoria significó un golpe para el Pro, que durante años convirtió a la ciudad del sudeste cordobés en uno de sus principales bastiones y en una referencia ineludible de la construcción opositora a nivel nacional.
El peso político de Marcos Juárez se explica, en buena medida, por lo ocurrido en 2014. Ese año la ciudad fue considerada la 'cuna' de Cambiemos, luego de que la alianza entre el macrismo y sus socios políticos se impusiera en las elecciones municipales. A partir de entonces, dirigentes como Mauricio Macri y otros referentes de la oposición utilizaron aquel triunfo como antecedente de una estrategia que luego tendría alcance nacional y desembocaría en la llegada de Cambiemos al poder en 2015.
Esta vez, sin embargo, el escenario fue diferente. La competencia estuvo atravesada por la fragmentación de la oposición y por la decisión de La Libertad Avanza (LLA) de no presentar una candidatura propia. El Pro llegó a la elección con el desafío de conservar un territorio cargado de simbolismo, mientras el peronismo cordobés buscó aprovechar la dispersión de sus adversarios para recuperar un municipio que permanecía fuera de sus manos desde hacía más de 50 años.
La elección dejó, de esta manera, varias lecturas políticas. El peronismo recuperó un municipio que parecía alejado de su órbita, el Pro perdió una localidad emblemática de su historia y el ausentismo alcanzó niveles récord. En una ciudad que en 2014 había funcionado como punto de partida para la construcción de Cambiemos, el resultado de 2026 plantea un nuevo escenario y vuelve a colocar a Marcos Juárez como un territorio capaz de anticipar cambios en el mapa político cordobés y nacional.
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