50 AÑOS DEL HEROICO COLEGIO MILITAR EN TLALPAN

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Hay lugares donde la historia no solo se cuenta: se escucha en el redoble de los tambores, en las cornetas, en el paso acompasado de una formación y en el saludo firme de quienes han elegido servir a México: el Heroico Colegio Militar de Tlalpan es uno de ellos. El 3 de septiembre sus patios fueron escenario de la Ceremonia por los 50 años de la sede de Tlalpan, encabezada por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, en su carácter de Comandanta Suprema de las Fuerzas Armadas. Le acompañaron el secretario de la Defensa, Ricardo Trevilla Trejo, y el titular de la Secretaría de Marina (Semar), almirante Raymundo Pedro Morales Ángeles, en el presídium y en el recorrido de honor por las nuevas instalaciones, a bordo de un vehículo militar. Entre banderas, uniformes de gala, cadetes y delegaciones militares extranjeras se develó una placa conmemorativa. El titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa), general secretario Ricardo Trevilla Trejo, destacó que el Colegio Militar es una institución que evoluciona permanentemente para responder a los retos contemporáneos y a las necesidades de seguridad y desarrollo que demanda el país. Se debe precisar que no son 50 años de existencia del Colegio Militar, pues su historia se remonta a 1823, cuando fue creado para formar oficiales del Ejército mexicano. Tlalpan representa una etapa posterior de esa larga trayectoria. Nuevas generaciones Durante la ceremonia, los cadetes mexicanos desfilaron junto con delegaciones militares de China, Colombia, Cuba, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, República de Corea, República Dominicana, Rusia, Sri Lanka y Uruguay. Las banderas extranjeras acompañaron la celebración como símbolo de los vínculos de amistad, fraternidad y cooperación entre México y otras fuerzas armadas. Sin embargo, el centro de la ceremonia fueron los jóvenes que actualmente se forman en Tlalpan, puesto que son ellos quienes recibirán el relevo. Trevilla Trejo resumió esa transformación al recordar que el Colegio pasó de albergar 500 cadetes en Popotla a casi cinco mil en Tlalpan. Cerca de 27 mil oficiales han egresado de esta sede y casi dos mil se han incorporado a la Guardia Nacional (GN) durante los últimos cuatro años. La dimensión de esas cifras muestra cómo una institución concebida para formar oficiales ha tenido que crecer y transformarse al ritmo de las necesidades del país. Una nueva casa El titular de la Defensa hizo un recuento histórico y destacó que antes de llegar a Tlalpan, el Colegio Militar tuvo distintas sedes y durante buena parte del siglo XX estuvo instalado en Popotla. El crecimiento de la Ciudad de México y las nuevas necesidades de formación hicieron necesario construir un complejo especialmente diseñado para la educación militar. En 1973 se convocó a un concurso arquitectónico. El proyecto ganador fue Telpochcalli, de los arquitectos Agustín Hernández Navarro y Manuel González Rul. El concepto recuperó elementos de la arquitectura prehispánica y buscó convertir las instalaciones en una expresión de identidad nacional. La primera piedra se colocó en 1974 y el 13 de septiembre de 1976 fueron inauguradas las nuevas instalaciones. Tlalpan no fue solamente un cambio de domicilio. Permitió ampliar considerablemente la capacidad del Colegio: de 500 cadetes en Popotla a cerca de cinco mil en el nuevo complejo. Medio siglo después, la dimensión de esa transformación se refleja en una cifra: casi 27 mil oficiales han egresado de la sede Tlalpan, de acuerdo con Trevilla Trejo. Escuela para el mando Detrás de cada uniforme impecable y cada formación existe un proceso de preparación que combina estudios, entrenamiento físico, instrucción militar y formación en valores. El Colegio Militar busca desarrollar en sus cadetes cualidades como disciplina, honor, patriotismo, lealtad, valor y capacidad de mando. La finalidad es preparar oficiales capaces de conducir unidades y tomar decisiones, pero también de asumir la responsabilidad que implica estar al frente de otros. La formación militar convierte la rutina en preparación: levantarse temprano, entrenar, estudiar, cumplir órdenes, trabajar en equipo y aprender a responder ante situaciones que exigen carácter y serenidad. En cinco décadas, miles de jóvenes han recorrido ese camino y la institución también ha cambiado con México. Como destacó Trevilla Trejo, la incorporación de las mujeres al Colegio Militar representa un paso hacia una formación equitativa dentro de la estructura de mando. Actualmente mujeres y hombres se preparan para asumir responsabilidades en un Ejército que, además de sus funciones de defensa y seguridad, participa en numerosas tareas de apoyo a la población. 'La patria es primero' Durante la ceremonia, Sheinbaum colocó la conmemoración dentro de una tradición nacional que tiene como referentes a los Niños Héroes de 1847 y al principio expresado por Vicente Guerrero: 'La patria es primero'. La presidenta sostuvo que el Colegio Militar forma mujeres y hombres dispuestos a servir a su pueblo y defender la independencia y la soberanía nacional. También recordó al general Felipe Ángeles y su frase: 'nada es sagrado excepto el hombre', para subrayar que la formación militar debe combinar disciplina y principios con respeto a la dignidad humana. El mensaje estuvo acompañado por uno de los momentos más solemnes de la ceremonia: el pase de lista de los Niños Héroes. Medio siglo después de la inauguración de Tlalpan, la institución volvió a mirar hacia su pasado para proyectarse hacia las nuevas generaciones. El general que vio nacer Tlalpan Entre los momentos más significativos estuvo el reconocimiento al general de División Piloto Aviador de Estado Mayor, Miguel Eduardo Hernández Velázquez, integrante de la primera generación que se formó en Tlalpan y, de acuerdo con lo informado durante el acto, el único de aquella generación que permanece como general en activo. Hace 50 años llegó a estas instalaciones como cadete. Esta vez regresó como general. Por sus cinco décadas de servicio ininterrumpido recibió de manos de la presidenta la Condecoración de Perseverancia por la Patria. La historia personal del general Hernández resume, en cierta medida, la historia del propio plantel: una generación que comenzó su formación cuando Tlalpan era una instalación nueva y que hoy contempla cómo otros jóvenes ocupan los mismos patios. También se reconoció el legado del arquitecto Agustín Hernández Navarro, diseñador del complejo. Su hijo, Alejandro Hernández, recibió un reconocimiento, una moneda y un libro conmemorativo. Arquitectura del honor Desde el primer momento, el diseño de Tlalpan buscó que la arquitectura tuviera un significado. El proyecto Telpochcalli tomó como referencia las antiguas instituciones mexicas de enseñanza. Sus grandes espacios, edificios geométricos, patios, campos de instrucción y zonas deportivas fueron concebidos para responder a las necesidades de una institución militar moderna. El resultado es un complejo monumental que forma parte del paisaje de la Ciudad de México. Pero sus edificios son solamente el escenario. La verdadera historia está en quienes los han recorrido durante cinco décadas. Miles de cadetes han marchado por sus patios, aprendido en sus aulas y entrenado en sus campos. Muchos posteriormente ocuparon responsabilidades de mando en distintas regiones del país. Bastión y salvaguarda La imagen del Ejército no está únicamente en los desfiles. Para millones de mexicanos, los soldados aparecen sobre todo en circunstancias extraordinarias: después de un terremoto, frente a una inundación, tras el paso de un huracán o cuando un incendio amenaza comunidades. En esos momentos entra en acción el Plan DN-III-E, instrumento mediante el cual el Ejército y la Fuerza Aérea apoyan a la población afectada por desastres. Sus tareas incluyen evacuación, búsqueda y rescate, atención médica, distribución de alimentos y agua, retiro de escombros y apoyo durante la recuperación, lo que simboliza una muestra de las expresiones más visibles de la relación entre las Fuerzas Armadas y la población. El Ejército también participa en labores sociales, atención médica y odontológica, distribución de medicamentos, potabilización de agua, combate de incendios forestales y reforestación. Son tareas distintas, pero tienen un elemento común: requieren organización, preparación y capacidad para actuar rápidamente en condiciones adversas. Tradición y servicio La jornada concluyó con la representación Yo soy el Templo del Honor y la Lealtad, y un desfile de honor. Durante unos minutos, el sonido de las bandas de guerra, el movimiento perfectamente coordinado de los cadetes y el ondear de las banderas dieron al aniversario un carácter especialmente solemne. Pero detrás de esa imagen existe una historia mucho más amplia: la de una institución que hoy está formando oficiales que enfrenten los desafíos del México contemporáneo. Celebrar medio siglo del Heroico Colegio Militar en Tlalpan es celebrar también a quienes han hecho de la disciplina una forma de vida y del servicio una responsabilidad. Cuando las trompetas callan y los cadetes abandonan el patio, queda la esencia de la jornada: el compromiso de una nueva generación con México.

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