apóstol de los negros. — 9 de septiembre
El heroico apóstol de los esclavos
negros, y pacientísimo enfermero de los leprosos san Pedro Claver, fue natural
de Verdú, en el principado de Cataluña. Aprendió las letras humanas en
Barcelona, y recibió la tonsura y órdenes menores de mano del obispo de aquella
ciudad, el cual elogió públicamente las muchas letras y virtudes del santo
mancebo. Llamóle el Señor a la Compañía de Jesús, para que fuese un grande
apóstol, y habiendo hecho su noviciado en Tarragona, pasó a continuar sus
estudios a Palma de Mallorca, donde trató las cosas de su espíritu con el
hermano portero de la casa, que era san Alonso Rodríguez, el cual en una de sus
sublimes revelaciones, vio muchos tronos en el cielo, y uno de extraordinaria
hermosura y claridad; y entendió que este solio tan resplandeciente era para su
discípulo Claver en recompensa de las almas que había de ganar a Cristo en las
Indias occidentales. Enviaron en efecto los superiores a América al santo
Claver, el cual terminada su Teología en Santa Fe de Bogotá, pasó a la ciudad
de Cartagena, puerto del mar atlántico, a donde acudían para sus tráficos
muchas gentes de Méjico, del Perú, de Potosí de Quito y de las islas vecinas.
Hacíase allí cada año un abominable comercio de diez o doce mil negros
africanos. Siempre que entraba en el puerto algún buque cargado de filos,
acudía luego el santo, provisto de bizcochos, dulces, tabaco, aguardiente y
bebidas frescas y olorosas; y después de ganar el corazón de aquellos infelices
con estos regalos, les instruía por medio de intérpretes, les enseñaba a amar a
Dios, y bautizaba a los enfermos; muchos de los cuales no parece sino que
esperaban este favor del cielo para morir. A los que no estaban en peligro de
muerte enseñaba más despacio la doctrina cristiana, y en sabiéndola, los
colocaba en filas de diez en diez para bautizarles, y a los neófitos de cada
decena ponía el mismo nombre para que lo pudiesen recordar mejor. No es posible
decir las proezas de caridad que hizo el santo con los pobres esclavos negros,
hasta ganar cuatrocientos mil de ellos para Cristo y hacerles herederos del
Reino de los cielos: más no fue menos heroica la misericordia que usó con los
enfermos del hospital de San Sebastián y particularmente del de San Lázaro,
donde estaban los leprosos. Buscábales regalos, dábales de comer por su mano,
limpiábales las llagas asquerosas, y se las besaba, y era cosa extraña que el
manteo con que muchas veces los cubría, se conservaba limpio y exhalaba
suavísima fragancia. Dio a muchos enfermos entera salud, alumbró ciegos, y
resucitó tres muertos. Convirtió al pastor de los herejes anglicanos, y con él
a seiscientos herejes. Finalmente, lleno de méritos y virtudes, a los setenta y
cuatro años de su edad, descansó en el Señor, con gran duelo y sentimiento de
los negros, de los enfermos y de todos los pobres.
el precepto de caridad que es el principal del Evangelio, el ejemplo del Hijo
de Dios que dio la vida por nosotros, y la recompensa de las obras de caridad,
que Jesucristo premiará como hechas a su persona, son argumentos tan eficaces,
que pueden inspirar una ardentísima caridad como la de san Pedro Claver. Pero
¿qué obras de sacrificio pueden esperarse de los que no obedecen al Evangelio,
ni creen en Jesucristo, ni esperan recompensa alguna de sus buenas obras en el
llamar al conocimiento de tu nombre a los negros reducidos a esclavitud,
fortaleciste al bienaventurado Pedro, tu confesor, con caridad y paciencia en
ayudarlos; con cédenos por su intercesión, que buscando lo que es de
Jesucristo, amemos a nuestro prójimo, con obras de verdadera caridad. Por el
mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
(0)Comments