La automedicación con psicofármacos se convirtió en un problema sanitario de primera magnitud: un reciente informe de la Universidad de Buenos Aires (UBA) reveló que uno de cada cinco argentinos recurre a este tipo de medicación frente a situaciones de malestar emocional o psicológico. El médico psiquiatra Guillermo Massoni analizó en Canal Nueve Litoral las causas de un fenómeno que consideró 'altamente preocupante'.
Según explicó el especialista, la crisis económica, las fallas en los controles de venta de medicamentos y la escasez de psiquiatras conforman un cóctel peligroso que empuja a la población a buscar atajos frente al estrés crónico. Los psicofármacos regulan neurotransmisores cerebrales que se desequilibran ante cuadros de estrés prolongado, pero su consumo escapa cada vez con más frecuencia al control del especialista.
Los riesgos de la 'pastilla prestada'
'¿Por qué la gente se automedica si el psicofármaco tendría que ir con receta archivada?', planteó Massoni. La respuesta está en las múltiples vías de acceso irregular: farmacias que venden sin exigir receta, un mercado negro y, muy habitualmente, el consumo de medicamentos del entorno familiar. 'Me tomo una como la que toma papá para dormir', ejemplificó el médico, al advertir que 'cada caso es particular e individual'.
El factor económico
Acceder a un tratamiento integral de salud mental requiere una inversión que muchos no pueden afrontar. Una consulta psiquiátrica en Paraná cuesta entre 70.000 y 150.000 pesos mensuales, a lo que se suma una terapia psicológica semanal que promedia los 50.000 pesos por sesión. Esa barrera económica empuja a los pacientes a buscar soluciones rápidas en guardias o consultorios de médicos clínicos, que muchas veces recetan psicofármacos en dosis subclínicas para sacar a la persona del momento de crisis: un 30% de los pacientes llega al consultorio psiquiátrico ya mal medicado.
El especialista describió además una verdadera 'peregrinación' médica: el estrés somatiza primero en el tubo digestivo y después en afecciones cardiovasculares. 'Van al clínico, que los manda al gastroenterólogo por ardor de estómago; luego sienten que el corazón les late fuerte y van al cardiólogo. Recorren todas las especialidades y terminan en el psiquiatra', detalló. A la vez, buscó derribar el mito de la adicción irremediable: con un diagnóstico certero y la dosis correcta, un tratamiento bien llevado dura entre seis meses y dos años y puede dejarse sin problemas mediante un proceso guiado.
Intentos de suicidio y escasez de profesionales
La automedicación tiene un correlato oscuro en las estadísticas provinciales: según datos recientes del Ministerio de Salud de Entre Ríos, el 45,4% de los intentos de suicidio se realiza mediante una sobreingesta de medicamentos. El dato se conoce en un contexto crítico, en el que las autoridades reconocen que el problema de los suicidios va más rápido que la capacidad de respuesta y que la provincia sigue al tope de las estadísticas nacionales.
A esa crisis se suma una deficiencia estructural: solo hay 40 psiquiatras en el ámbito de la salud pública para toda la provincia. Massoni cuestionó el actual modelo de residencias interdisciplinarias y advirtió que se prioriza la formación genérica de 'especialistas en salud mental', lo que está provocando que 'se nos estén acabando los psiquiatras'. Ante la preocupación por la salud mental de los más jóvenes, en la Legislatura provincial ya se impulsan iniciativas como un programa de prevención del suicidio adolescente en las escuelas.
Como recomendación final, el médico sugirió que ante síntomas persistentes de angustia, ansiedad o insomnio el primer paso sea consultar a un psicólogo o al médico de cabecera, que deben trabajar de manera interdisciplinaria y realizar la derivación oportuna al psiquiatra cuando la terapia por sí sola no alcance.
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