La primera etapa de Jose Mourinho en el Real Madrid comenzó en el Santiago Bernabéu, pero en un partido del Inter de Milán. Fue en la final de la Liga de Campeones de 2010 celebrada en Chamartín. El portugués ganó el título ante el Bayern y terminó llorando junto a Materazzi en el parking del estadio. Ni siquiera volvió a Italia con el resto de la expedición. Se quedó en la capital de España para acelerar sus primeros días como nuevo técnico del conjunto blanco. Hoy, más de 16 años después de aquel día, Mourinho inicia en el Bernabéu y contra el Inter su último gran sueño: ganar la Copa de Europa con el Real Madrid. Y con un desafío similar: convertir a un equipo de estrellas en «una familia», como hizo en San Siro. Así es el destino del balón.
«Consiguió crear una familia. Nuestra relación era mucho más que la de un entrenador y su equipo», explica Javier Zanetti sobre aquel Inter de Mourinho en el documental que Netflix ha emitido sobre el portugués. No hay otra manera de explicar que se bajara del coche en el que estaba, caminara hacia Materazzi, roto al lado del autobús a pesar de haber ganado la Champions, y se abrazara a él durante unos segundos. «Eran, de verdad, una familia», insisten ahora los que mejor conocen al portugués. «No volví a Milán porque, si regresaba con ellos, no habría podido irme», confesó el luso en el documental.
Mourinho empujó a aquel Inter lleno de estrellas hacia la conquista europea. Terminó con los egos de una etapa de galácticos y transformó la competitividad del grupo. «Por Mourinho habría jugado en cualquier posición, incluso de lateral», explica Eto'o en la pieza sobre el técnico portugués. «Me convirtió en un asesino», asegura Ibrahimovic.
El Mourinho que llegó a San Siro se encontró con un vestuario gobernado por Figo, Adriano e Ibrahimovic, pero el Inter que levantó la Champions en el Bernabéu ya no contaba con ninguno de ellos. «No entrenas a futbolistas. Entrenas a hombres que juegan al fútbol. Puedes tener a los mejores jugadores, pero si no tienes a los mejores hombres, no tienes un equipo», asegura el técnico.
La frase resume su etapa en Italia pero también la idea que ha intentado transmitir en sus primeras semanas en Valdebebas. Quiere que el vestuario sea «una familia». El Inter al que llegó en el verano de 2008 era campeón de Italia, pero no conseguía escalar al siguiente peldaño en Europa. Muchas estrellas, pero un grupo relativamente distante.
Todo giraba sobre Ibrahimovic, máximo goleador del Calcio pero incapaz de empujar al equipo a un título continental. En el verano de 2009, el sueco le dijo a Mourinho que se iba al Barcelona. «Entiendo que vas allí a ganar la Champions, pero este año la voy a ganar yo», le contestó el portugués. Dicho y hecho.
La salida del delantero terminó beneficiando al vestuario, que se unió alrededor del entrenador. Era una plantilla de veteranos que veían en el portugués su última oportunidad de conquistar Europa. «Mourinho era un escudo, un amigo, un padre y un hermano», explica Materazzi. Ahí reside una de las principales diferencias con el grupo madridista que se ha encontrado en Valdebebas. Una plantilla joven, muchos de los cuales han ganado la Champions, que acumulan dos años de fracasos en Europa y en España y que han visto torpedeado su día a día en la última temporada.
A esa realidad ha aterrizado Mourinho, con la autoridad que también le ha concedido Florentino Pérez pero con el contexto de un grupo liderado por una estrella, Vinicius, que le ganó el pulso a Xabi Alonso hace sólo unos meses. «Mourinho también nos destrozaba y nos echaba broncas enormes. Sabía qué botones debía pulsar», insiste Materazzi.
Esos botones los va tocando Mourinho con cierta cautela. De momento es adulador en algunas declaraciones y provocador en otras, las menos, por ahora. En general, ha aterrizado en el club de forma muy distinta a la de 2010, cuando cambió la historia reciente de un vestuario que no conseguía pasar de octavos o cuartos en Champions. Ahora ha llegado «calmado», insisten en la ciudad deportiva, y con un tono interno menos revolucionario. La intención, sin embargo, es la misma que en 2010: «Ganar». «En este club todo pasa por ganar», admitió ayer en la rueda de prensa previa.
«He encontrado un club... Que es el Real Madrid. Y creo que eso es suficiente. El Real Madrid es el Real Madrid. Un Real Madrid que ha vivido una temporada muy complicada en el pasado y cuando esto sucede, hay muchas cosas que debes mejorar. Una es la base de la estabilidad y otra, la problemática. Y ese es el asunto, ese es el asunto...», reflexionó en la sala de prensa, sin concretar del todo las palabras elegidas.
«Queremos ganar siempre. Pero repito, una cosa es arreglar la base problemática y otra, por ejemplo mirando al Inter, ahí está lo de la establidad: pese a cambiar de entrenadores en los últimos años, hay estabilidad. Conte, Inzaghi, Chivu... 5-3-2, dinámicas, estabilidad, estructura de mercado. Estabilidad», repitió. «El Real Madrid tiene que ir hacia ese nivel, pero independientemente de esto, el Real es el Real. Un club que pasa por ganar», concluyó.
13 años después de su salida del Madrid y 16 más tarde de la final ganada con el Inter, Mourinho vuelve en Champions al Bernabéu con los deberes sobre la mesa y con el ejemplo de la «familia» del Inter enfrente. La familia madridista, pendiente.
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